¡Sursum Corda!

By on diciembre 3, 2020

Editorial

La primera semana de este mes de diciembre va transcurriendo en medio de un creciente ánimo festivo: en parte porque culmina un período duro, angustioso para las familias, las personas; y en parte, también, por la esperanza de ver un cambio de aires y disminución de los problemas, que han sido pruebas duras para nuestra población en todos sus niveles sociales.

El año 2020 quedará marcado como el del inicio de una dolorosa pandemia que segó miles de vidas, que aún continúa, y ha causado problemas graves en la economía de muchas naciones.

Ha iniciado el último mes de un año de sufrimiento, angustias, falta de crecimiento y pobreza creciente. Un año de dolor y pesares, de ausencias y lágrimas.

En unos días más, los calendarios religioso y festivo se activarán y, con ello, regarán semillas de esperanza entre nuestras comunidades.

Los tiempos de ahora, estas semanas, son apropiados para la reflexión, la ponderación de hechos y sucesos, recuento de los planes fallidos y los afectos desaparecidos por la enfermedad. Estamos a tiempo de una ponderada reflexión, una reordenación individual y colectiva, un examen de conciencia, y el análisis de los posibles nuevos caminos a recorrer en el tiempo próximo.

Diciembre es mes de maduración mental y moral, de reagrupamiento de valores, amistades, principios. Ello nos servirá para que, a lo largo de las primeras semanas, logremos obtener como personas el fortalecimiento de nuestros valores y el reagrupamiento de nuestros afectos.

Estamos en la primera semana del último mes del año 2020, que hemos recorrido en sus luces y sus sombras, con sus sonrisas y lágrimas, en toda la extensión de su dureza y magnitud.

Y aquí estamos. Y aquí seguimos.

Somos árboles que han soportado las inclemencias de tiempos difíciles. La vida nos concede en cada día una nueva oportunidad.

Como ese sol que nos ilumina y calienta, como esas aves que nos regalan sus trinos, preparémonos mentalmente para evitar un naufragio por la presión de nuestros pesares.

Veamos en el horizonte esa salutación diaria y luminosa que nos renueva en la fe de que, con nuestra voluntad y devoción, saldremos adelante.

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