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A finales de 2004, Steve Vai trabajó en la grabación, edición y mezcla de su octavo álbum de estudio “Real Illusions: Reflections”, en The Mothership Studio de su propiedad, en Hollywood Hills, pero también en The Harmony Hunt, en Encino, Los Angeles, y Osterpoort en Groening, Paradiso, en Amsterdam. En estas sesiones, además de tocar todas las guitarras, encargarse de la producción y la dirección musical, Steve contó con el respaldo del baterista Jeremy Colson, Gregg Bisonette en percusiones, los bajistas Billy Sheehan y Bryan Beller, una sección de metales de seis músicos, además de la participación de la Metropole Orchestra, Chris Opperman (piano), Pia Vai (arpa), Stacy Ellis en coros, y 7 personas que grabaron diferentes voces habladas.
Todo este entusiasmo y colaboración era entendible tras seis años sin publicar nuevo material de estudio (desde The Ultra Zone de 1999). De hecho, aquel disco marcaría el inicio de una ambiciosa trilogía conceptual que, sin embargo, nunca llegó a completarse como había sido concebida originalmente.
“Real Illusions: Reflections” es uno de los discos menos comprendidos de Steve Vai. Cuando apareció en 2005, Vai entregó una obra mucho más introspectiva, menos enfocada en deslumbrar con la técnica, y más preocupada por construir una narrativa emocional y espiritual.
“Real Illusions: Reflections” alcanzó el puesto 147 del Billboard 200 en los Estados Unidos, llegando al No. 88 en Holanda, el número 110 en Francia, pero no apareció en las listas oficiales del Reino Unido, ni obtuvo certificaciones de oro o platino en ningún país importante. Aunque no existe un dato oficial, analizando el comportamiento comercial de los discos instrumentales de Vai publicados por Epic, diversos analistas de la industria estiman que vendió en los Estados Unidos: entre 35,000 y 55,000 copias; en Europa se calcula que fueron aproximadamente 25,000 a 40,000 copias, con especial aceptación en Holanda, Francia, Alemania e Italia. En el Resto del mundo (Japón, Latinoamérica, Australia, etcétera), se cree que fueron alrededor de 20,000 a 30,000 copias. Eso situaría las ventas mundiales aproximadamente entre 80,000 y 120,000 ejemplares. No son cifras espectaculares, pero sí bastante respetables para un disco instrumental de guitarra publicado en pleno declive del mercado del CD.
En términos generales, la recepción fue muy positiva, aunque prácticamente todos coincidieron en un punto: era un álbum menos orientado al lucimiento técnico y mucho más enfocado en la composición. El equilibro de este disco es admirable, pues contiene piezas de gran intensidad, como «Building the Church», con la técnica totalmente al servicio de la composición; también momentos profundamente melódicos, como «Midway Creatures» o «Lotus Feet», esta última con una delicadeza casi contemplativa. Además, tiene composiciones como «Freak Show Excess» o «Firewall», que recuerdan que Vai sigue siendo un guitarrista explosivo cuando la música lo requiere.

La crítica fue positiva. En AllMusic, Sean Westergaard escribió una de las críticas más citadas, destacando que Vai seguía siendo un virtuoso, pero que aquí daba prioridad a melodías sólidas, arreglos muy cuidados, texturas sonoras. Los críticos también se sorprendieron favorablemente con el hecho de que Vai cantara en varias piezas (“Dying for your Love”, “Firewall”), señalando que su voz había mejorado considerablemente en comparación a discos anteriores. Sputnikmusic fue todavía más entusiasta al describir el álbum como el trabajo más progresivo de Vai, un disco mucho más introspectivo, a la vez de uno de los más maduros de su carrera, destacando que los solos parecían estar construidos «nota por nota», en lugar de ser simples demostraciones de velocidad.
Entre los aspectos que más gustaron a los críticos coincidieron especialmente en “Building the Church”, a la que señalaron como una de las mejores aperturas de cualquier disco de Vai; “Firewall”, calificada como muy pesada y moderna; “Lotus Feet”, considerada casi unánimemente una auténtica obra maestra, y “Freak Show Excess”, calificada como muy original por la influencia de la música folclórica búlgara.
Sin embargo, hubo otros críticos que comentaron que el concepto narrativo resultaba excesivamente complejo, que la historia de Real Illusions podía distraer de la música, Otros aseguraron que algunos pasajes vocales eran menos interesantes que los instrumentales. Sin embargo, prácticamente nadie criticó la calidad musical.
Quiero recalcar el efecto que causó en mí el tema «Lotus Feet», sin duda la joya del disco. Fue grabada en vivo junto con la Metropole Orchestra en Holanda, siendo una pieza nominada al Premio Grammy 2006 como Mejor Interpretación Instrumental de Rock, confirmando que incluso para la Academia era el momento culminante del álbum. La profundidad sonora de esta obra es similar a la que causaron en su momento otras piezas magistrales como “Touching Tongues”; muchos de sus seguidores la consideran la sucesora espiritual de “For the Love of God”.
Paradójicamente, en este álbum de un guitarrista el verdadero protagonista no es la guitarra. ¿Cómo? Vai plasma en este álbum lo que distingue a los grandes músicos cuando alcanzan la madurez: la guitarra deja de ser el fin y se convierte en el medio para contar una historia. Estamos hablando del mismo tipo de evolución que vivieron otros grandes guitarristas como Jeff Beck, Frank Zappa o Pat Metheny, en quienes en diferentes etapas de sus respectivas la música pesó más que el virtuosismo. En mi caso, quizá como periodista, caricaturista y escritor, al trabajar en la narrativa sentí una empatía especial con este disco que funciona precisamente como una novela sonora.

Steve Vai compartió acerca de este disco una frase reveladora que, de algún modo, resume ese período de su carrera: “No trato de impresionar a la gente con la guitarra; trato de expresar aquello que escucho en mi interior.» Joe Satriani es uno de los consumados guitarristas que constantemente ha elogiado la constante evolución de Steve Vai. “Siempre espero algo impredecible de él, pues constantemente, por no decir siempre, está ampliando el vocabulario de la guitarra instrumental,” afirmó. John Petrucci ha citado en diversas ocasiones “Building the Church” como un magnífico ejemplo de composición moderna para guitarra, especialmente por la manera en que Vai integra melodía y técnica. Guthrie Govan (Asia, GPS, The Young Punx, The Fellowship y The Aristocrats) ha mencionado que admira la capacidad de Vai para construir mundos sonoros completos y no limitarse al virtuosismo, una cualidad muy evidente en este álbum. Por su parte, Eric Johnson ha expresado admiración por el sentido melódico de Vai y, particularmente, por la sensibilidad de piezas como “Lotus Feet”, destacando su capacidad para emocionar sin recurrir a la velocidad.
Reconociendo su valoración histórica, sin duda este álbum ocupa un lugar muy especial dentro de la discografía de Steve Vai. Si bien no posee el impacto revolucionario de “Passion and Warfare”, ni la agresividad de “The Ultra Zone”, representa la madurez de un músico que ya no necesitaba demostrar que era uno de los mejores guitarristas del mundo. En “Real Illusions: Reflections” buscó ser, ante todo, un compositor, un narrador, y lo logró con creces. Fue el punto de inflexión entre el «Steve Vai virtuoso» y el «Steve Vai creador de universos musicales«.
Esa transición convierte al álbum en un disco tan apreciado por músicos y guitarristas. Pese a no lograr un éxito comercial masivo, su verdadera importancia reside menos en las cifras de ventas y más en la evolución artística que representa dentro de una de las carreras más influyentes de la guitarra contemporánea.

https://www.youtube.com/watch?v=JKpLPr7wxJs
RICARDO PAT





























