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Siendo un músico innovador, Steve Vai siempre tuvo claro que no estaba interesado en competir con sus contemporáneos. Prefería, en cambio, dialogar con el futuro, una importante característica recurrente en varias etapas de su carrera.
Como músico profesional, Vai definía su agenda anual de tal manera que sus colaboraciones adicionales no chocaran con los tiempos destinados a la grabación, edición y corte de su sexto álbum de estudio.
Así que inició 1999 participando en el álbum “Radio Disney Kid Jams”, donde Vai interpreta el tema «Wipe Out», lanzado el 16 de marzo de ese año.
En su sexta placa de estudio, «The Blood & Tears», Vai no quería construir música simplemente para convertirla en sencillos de radio, sino continuó apostando por una composición que exigió atención, casi como una obra de música programática. En su trabajo de composición consideró factores como los cambios de intensidad, pasajes melódicos muy emotivos, y momentos donde la guitarra fuera capaz de narrar una historia sin necesidad de palabras, todo con un fundamental componente emocional.
Esta tranquilidad de no reducir su obra al virtuosismo le permitió avanzar por otra ruta, dando forma a temas como «The Blood & Tears», en la que es imposible no percatarse que detrás de la técnica existe un genial compositor, pues cada recurso técnico tiene un propósito expresivo. Su música es demasiada amplia para el mercado tradicional del rock; es fabulosa, sí, pero el mercado consumidor para finales de los noventa estaba dominado por otros movimientos: el nu metal, el rock alternativo y el post-grunge, que ocupaban gran parte de la atención comercial.
En ese contexto, un álbum instrumental tan elaborado como The Ultra Zone difícilmente podía aspirar a un éxito masivo. Sin embargo, esa falta de éxito comercial no implica una falta de relevancia artística.
Como propuesta cultural, su aporte es increíble, la mayoría de las 13 piezas incluidas tienen una sonoridad única con el hilo conductor de esa guitarra mágica: “The Blood & Tears”, “The Ultra Zone”, “Ooo”, Frank” (emotivo instrumental dedicado a su mentor Frank Zappa), “Jibboom” (otro homenaje, en este caso al gran Stevie Ray Vaughan), “Voodoo Acid”, “Windows to the soul”, “The Silent Within”, “I’ll be around”, “Lucky Charms”, “Fever Dream”, “Here I Am” y “Asian Sky”, con la participación del dúo de rock japonés B’Z.

Escuché con gran agrado “Ultra Zone” en 1999, año de su salida. Ahora que escribo su reseña, puedo hacerlo con el beneficio de más de un cuarto de siglo de distancia. Eso me permite responder una pregunta que entonces era imposible contestar: ¿envejeció bien el álbum? ¡Por supuesto! Conserva frescura, profundidad, demostrando que sus decisiones sonoras siguen resultando modernas.
Muchos guitarristas buscaban adaptarse a las tendencias del momento, mientras Vai siempre intenta descifrar qué más puede hacer con ese instrumento. Eso lo ha llevado a ser una referencia para músicos de distintas generaciones.
“The Ultra Zone”, lanzado el 7 de septiembre de 1999, al igual que sus demás álbumes de estudio, conserva su calidad musical y suena innovadora muchos años después de su lanzamiento original.
En su momento todos sus discos recibieron una atención moderada; hoy son objeto de análisis por guitarristas, productores y compositores que descubren en ellos ideas adelantadas a su época. Uno de los mayores elogios que puede recibir una obra artística es no quedar atrapada en la moda de su tiempo, sino seguir invitando a nuevas escuchas décadas después. “The Ultra Zone” es de esos discos que terminan construyendo un legado.
Zakk Wylde, que el 1 de mayo de 1999 lanzó el álbum “Sonic Brew”, debut de su banda Black Label Society, quedó alucinado cuando escuchó “The Ultra Zone”. Había conocido a Steve Vai en 1995, durante las sesiones de grabación de “Ozmosis”, disco de Ozzy Obourne, quedando prendado de su carisma y conocimiento. “Vai es uno de los ‘profesores universitarios’ de la guitarra eléctrica, llevando el instrumento a un nivel de sofisticación casi orquestal.” Es meritorio que estas afirmaciones provengan de alguien con un estilo mucho más agresivo y basado en el blues.
En octubre de 1999, el compositor y cantante británico Joe Jackson lanzó el álbum “Symphony”. Steve Vai participó tocando todas las guitarras de esta interesante propuesta que contó con 4 movimientos musicales. El disco ganó el Grammy al mejor Álbum instrumental, con esa fusión de músicos de rock y jazz.
Steve también colaboró en el disco solista “Submarine”, del talentoso baterista Gregg Bissonette, su colega en los tiempos con David Lee Roth. Vai toca en la pieza “Noah’s Ark”.

En aquel momento no lo sabía, pero pasarían seis años para que realizara otro álbum de estudio.
Con el inicio del nuevo milenio, surgieron interesantes ofrecimientos para participar como músico invitado en discos de otros artistas, como la cantante de música country y rockabilly estadounidense Thana Harris, para su álbum Thanatopsis (2000), donde Steve Vai fue ingeniero de sonido, guitarrista y coproductor.
La compañía Epic le ofreció realizar un lanzamiento recopilatorio con varios de los mejores temas de sus seis discos lanzados hasta entonces. Steve aceptó, pero poniendo como condición que estuviera integrado por el séptimo tema de cada trabajo. Epic pidió añadir algo de material inédito para despertar el interés de sus fans y los coleccionistas del rock instrumental.
El 7 de noviembre del año 2000 salió a la venta “The 7th Song: Enchanting Guitar Melodies – Archives Vol. 1”, una delicia de disco que va más allá de un disco de “grandes éxitos”, seleccionando temas emotivos y excelentemente articulados: “For the Love of God”, “Touching Tongues”, “Windows to the Soul”, “Burnin’ down the Mountain”, “Tender Surrender”, “Hand of Heart”, “Call it Sleep”, “Christmas Time is Here” (del recopilatorio navideño “Merry Axemas: A Guitar Christmas”), además de 3 temas inéditos: “Melissa’s Garden”, “The Wall of Light” y “Boston Rain Melody”.

https://www.youtube.com/watch?v=XuQXDNMIY9s
Continuará…
RICARDO PAT





























