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Habían pasado 9 años desde el lanzamiento del debut discográfico de Steve Vai de 1984, “Flex-Able”, tiempo en el que había grabado otros cuatro álbumes con otros proyectos, uno con Alcatrazz, dos con David Lee Roth y otro más con Whitesnake. Su segunda placa de estudio, “Passion and Warfare”, vino a consolidar su trayectoria como uno de los guitarristas más creativos y técnicos de la escena mundial.
En ese tiempo, con su innata inventiva, Vai impulsó la creación de la serie de guitarras Universe de siete cuerdas, ayudando a popularizar este tipo de instrumentos décadas antes de que se volvieran habituales en el metal moderno. Con el éxito de “Passion and Warfare”, demostró que la música instrumental podía llegar al gran público en una época dominada por cantantes y bandas comerciales.
Vai construyó una carrera internacional basada principalmente en música instrumental. Vendió millones de discos y ganó tres premios Grammy, demostrando que la guitarra podía ser la protagonista absoluta de una obra musical.
Para finales de 1992, la mayoría de sus seguidores, críticos y aficionados esperaban otro álbum instrumental lleno de virtuosismo, una especie de segunda parte de “Passion and Warfare”, para reforzar los halagos y vender muchos discos.
En lugar de eso, Vai presentó un proyecto con formato de banda, canciones cantadas, y una mezcla extraña de hard rock, progresivo, funk, metal y espiritualidad, y por primera vez incluiría un vocalista. Nuevamente con el sello Relativity Records, Steve Vai fungió como compositor principal, productor, arreglista y encargado de grabar todas las guitarras, respaldado por el experimentado bajista T.M. Stevens, el talentosísimo baterista Terry Bozzio (excompañero en sus tiempos con Frank Zappa) y el locochón de Devin Townsend a cargo de la voz.
Lanzado el 27 de julio de 1993, “Sex and Religion” es una maravilla, una obra valiente y adelantada a su tiempo que injustamente no logró éxito comercial ni de crítica, pues representó un cambio radical para Vai.
En aquel año, la crítica especializada, principalmente la inglesa, recibió con desconcierto este trabajo. Steve no oculta la influencia de su etapa con el Frank Zappa más roquero, con unas líricas muy atrevidas, alejándose de la fórmula que el público esperaba. Sin embargo, como suele ocurrir con las cosas mágicas, este álbum ha sido revalorado por muchos reconocidos críticos con el paso de los años. Basta escuchar “Touching Tongues” para comprender que es una obra maestra.
“Sex and Religion” no contó con certificación de ventas por parte de Epic Records ni de la RIAA, pero existe una cifra relativamente documentada con datos de diversas bases de datos que recopilan certificaciones internacionales. Por eso sabemos que este disco logró ventas de 100,000 copias, sustentadas principalmente por una certificación Oro en Japón obtenida en 1995. Alcanzó el puesto 106 del Billboard 200 en Estados Unidos, y logró entrar en listas de varios países. Si aun no lo han escuchado ¡háganlo ya!

Steve Vai demostró con este disco que no le interesaba competir para ser en un «guitarrista rápido». Quería ser recordado como un artista que convirtió la guitarra eléctrica en un vehículo para la imaginación. Su influencia se percibe tanto en la técnica de miles de músicos como en la idea de que la creatividad y la individualidad son tan importantes como la destreza.
Otro aspecto muy importante de su legado son sus clínicas, seminarios y clases magistrales alrededor del mundo. A través de proyectos como «Alien Guitar Secrets», Vai ha compartido no sólo conocimientos técnicos, sino también reflexiones sobre creatividad, disciplina y desarrollo artístico. Él mismo considera esta labor educativa una de sus contribuciones más importantes.
El 21 de marzo de 1995, Vai lanzó un EP con siete temas titulado “Alien Love Secrets”, un disco que fue como una especie de transición entre lo que fue “Sex and Religion” y el siguiente álbum que llegaría un año después (“Fire Garden”). “Alien Love Secrets”, con temazos como “Bad Horsie” (con uno de los riffs más reconocibles de toda su carrera), “Die to Live”, “Tender Surrender” (la obra maestra emocional de Vai), y “Kill the guy with the Ball”, significó la reconciliación de Steve con gran parte de su público. A tal grado que, pese a ser un EP, es considerado como uno de los mejores trabajos de su impecable discografía.
Increíblemente, este proyecto donde hay más guitarra en cada track, fue grabado en solo seis semanas, en medio de las sesiones del álbum “Fire Garden”. Por ello suena como un disco espontáneo, más pragmático, sin sobregrabaciones. Vai escribió y grabó en tiempo récord, una de las producciones más rápidas de su carrera.
Continuará…
RICARDO PAT


























