Solidaridad Internacional de México

By on agosto 1, 2019

Editorial

El actual gobierno mexicano, surgido de más de treinta millones de votos depositados en las urnas, viene a ser el más fuerte y con lazos más firmes con la comunidad que le depositó su voluntad y los sufragios suficientes para realizar un cambio drástico en un lamentable pasado transcurrido de rezago y marginación.

Hasta hace algunos ayeres, las cúpulas en el poder hacían y deshacían, con los resultados lamentables de pobreza, marginación, manipulación política, rezago en servicios sociales, visibles por todos los rumbos del país. En tanto, políticos rapaces hacían y manipulaban presupuestos en los ámbitos políticos y administrativos para construirse, mediante la corrupción, futuros individuales con recursos públicos sustraídos.

Los comicios federales de 2018 trajeron consigo en el mes de julio vientos de cambio que, en lo económico y social, vamos percibiendo paso a paso en su trascendencia.

La visión del actual gobierno federal opera actualmente con respeto hacia la ciudadanía, corrigiendo y trazando nuevas líneas para concretar las tareas oficiales hacia lo que se considera y llama una Cuarta Transformación. Mentes y sistemas están siendo revalorados y corregidos, descartando costumbres negativas que ahora se persiguen de oficio.

Pero el ideal de vida, corregido en lo moral, también registra visiones de justicia social no solo para México, sino con extensión a otros países hermanos del continente que atraviesan por problemas de rezago, pobreza y desigualdades.

Miles de personas de Centroamérica abandonan sus hogares; son familias enteras con hijos pequeños y con escasos recursos o alimentos para su propia supervivencia en los caminos y carreteras en los que movilizan sus pesares en busca de nuevas esperanzas.

Son miles de angustiadas familias las que viajan en grandes grupos de migrantes centroamericanos que no hallan en sus países formas viables para vivir, convivir y sobrevivir. Atraviesan nuestro país, México, en ruta a los Estados Unidos, donde anhelan hallar mejores circunstancias, pero también formas de sobrevivir para sus familiares.

Su paso por México es constante, triste, complicado.

Su fe los sostiene, y de su mano viajan mujeres, niños y ancianos esperanzados de cruzar México hasta las fronteras norteamericanas. Verán allá, al llegar, que su encuentro es con muros, alambre cortado y con púas, con cientos de vigilantes fronterizos con intenciones de vetar el acceso a todos, abriendo el pequeño resquicio de ventanillas para que solo sus manos reciban papeles en idioma extranjero y den inicio a engorrosos trámites de visas o permisos.

Trascienden en las redes sociales casos dramáticos de niños ahogados, de madres llorosas, de cadáveres en el desierto texano, de personas detenidas y maltratadas por los alguaciles fronterizos.

El gobierno de México ha prendido una luz de esperanza. Nuestros gobernantes han analizado el problema de las migraciones y actualmente están realizando gestiones y creando fondos de auxilio para prevenir, corregir, disminuir y ordenar el flujo de migrantes.

Para ello, con recursos del Fondo Yucatán, se están aportando recursos para apoyar a Guatemala, Honduras y El Salvador que habrán de canalizarse a crear plazas de trabajo inmediato en esos países a fin de que, con recursos de este apoyo, se evite que las familias tengan que migrar. Los primeros resultados del programa de auxilio a Centroamérica ya han logrado disminuir en un buen porcentaje la migración.

México y su gobierno privilegian el arraigo de los fondos centroamericanos, no la migración. Este fondo financiero ya está actuando y se van logrando objetivos trazados: la creación de programas productivos en esos países hermanos que ya operan y dan los primeros resultados favorables.

El país norteño levanta muros, el nuestro mueve la agricultura generosa y el empleo de la mano de obra que favorece la permanencia y convivencia social en países Centroamericanos abatidos por la pobreza y la falta de oportunidades.

Dos visiones: el rechazo de los poderosos, y la solidaridad humana de los mexicanos que nos hemos forjado en el transcurso de una historia difícil de la que hemos sobrevivido por sobre hechos y sucesos en los que ha quedado evidente nuestro espíritu solidario.

Y sí, en este respaldo, a través del actual gobierno federal elegido masivamente, viaja el espíritu combativo de nuestras tres transformaciones políticas y sociales anteriores.

Con los muros, nada.

Con la vida, la convivencia y un desarrollo compartido, siempre.

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