Sobre la muerte de Armando Vega-Gil

By on abril 4, 2019

Perspectiva

RIPArmandoVega-Gil_1

Armando Vega-Gil, talentoso músico, escritor y artista de la lente, entre muchas otras cosas y disciplinas artísticas que abarcó, ha muerto. En personalísima decisión, Armando se quitó la vida en la madrugada de esta mañana de lunes, el primer día de abril. La pena y repercusiones por su último acto reverberan, y en los próximos días su muerte adquirirá un peso aún mayor, sobre todo por el mensaje de despedida que dejó, y los motivos que lo orillaron a tomar la fatal decisión, así como por las circunstancias que rodearon sus últimos momentos.

Tuve el gusto de entrevistarlo cuando visitó nuestras tierras yucatecas, previo a la presentación de la HH Botellita de Jerez en terrenos de Cordemex, allá en el año de 2015. Durante la entrevista, que pueden rememorar conmigo en este enlace, me pareció una persona muy sencilla, sumamente preparada, y con la sensibilidad a flor de piel, lo que se desprende de la plática que sostuvimos aquella tarde, de sus palabras. Ah, pero también estaba contra la injusticia, lo cual fue evidente cuando habló de su antiguo compañero de música, Sergio Arau, y algunas de sus opiniones: lo desdijo, y ofreció evidencias.

El “Cucurrucucú”, como le decían aquellos que convivieron con él, fue acusado anónimamente de abuso sexual por una adolescente de 13 años. La acusación fue publicada y lanzada al ciberespacio dentro del hashtag #MeTooMusicosMexicanos, que abrió una cuenta de Twitter en la cual se invitaba a aquellas personas que hubieran sido violentadas en su persona por un músico mexicano, lo comunicaran a esa cuenta en un mensaje directo, y ellas se encargarían de hacerlo del conocimiento del mundo, denunciándolo.

No pretendo defender a Armando, mucho menos cuestionar su decisión de marcharse de este mundo por medio de esta protesta en la que ofreció lo más valioso que tenía: su propia vida; tampoco pretendo denostar el derecho a denunciar la presunta agresión a, ni mucho menos cuestionar la historia de, la presunta víctima. Tan solo quiero llamar la atención a ciertos elementos escalofriantes de la nueva dinámica de linchamiento que vemos un día sí y otro también en las redes sociales, y muy particularmente en Twitter.

Armando, en su carta-despedida, tuvo la claridad de mente y la altura humana para reconocer el derecho de la presunta víctima a denunciar, incluso pidió que se continuara impulsando a movimientos que defiendan a la Mujer, que estaba consciente de que todo lo que dijera en su defensa sería tomado en su contra pues ya había sido juzgado desde que fue publicada la denuncia anónima, que toda su carrera sería puesta en tela de juicio de ese momento en adelante, que los trabajos y proyectos que tenía ya no se desarrollarían ante semejante acusación, y que todo estaba perdido para él. Pidió que no se culpara a nadie de su muerte.

Poco tiempo después, con una mezquindad bárbara, muchas personas opinaron que con su accionar estaba demostrando su culpabilidad, que con su muerte estaba intentando acabar con el movimiento #MeTooMx, que si lo había dicho la víctima era más que suficiente para creerle a ella antes que a Armando, y otras linduras en las que queda evidenciada nuestra pobreza como sociedad, alimentando la impotencia de muchos que vemos cómo algunas personas se convierten en vehículos de odio, emitiendo todo tipo de agresiones verbales, generando nuevos motivos de división entre los mexicanos.

¿Dónde quedó la presunción de inocencia que debe acompañarnos a todos hasta que la Justicia se encargue de comprobar que en realidad se ha cometido un ilícito? ¿Es aceptable que, sin dejar que transcurra el mecanismo de la justicia, algunos membretes y grupos de individuos se erijan como jurado y verdugos, otorgando condenas que orillan a gente como Armando a protestar de semejante manera? ¿Y cómo evitar que este tipo de iniciativas se conviertan en la hoguera en la que se pueden arrojar venganzas personales, acusaciones infundadas, testimonios tergiversados, buscando causar el mayor daño posible? ¿Quién será la próxima víctima y cuán culpable será?

Cierto es que en México el mecanismo de procuración de Justicia está sumamente deteriorado, lleno de corruptelas, y además históricamente ha contribuido a que nadie confíe en él. La impunidad es una bestia rampante que viola por igual Mujeres, Hombres, Niños y Niñas. ¿Es eso motivo suficiente para que, cuando alguien lance cualquier acusación que busca acabar con la reputación y carrera de alguien, la Corte esté conformada por gente que recibe una información sesgada y se apoye en lo que le han dicho, lo que alguien le contó, en la experiencia de otros? ¿No acaso entonces debemos tener la suficiente y correcta empatía con ambos bandos, y exigir que ese podrido sistema cambie, so riesgo de que perdamos la civilidad y dejemos de llamarnos Sociedad?

¿Y cuál es el rol que desempeñamos nosotros ante situaciones como esta, cómo debemos actuar? ¿Qué gana quien aboga por la violencia, sea física, verbal o mental, en qué se beneficia quien aboga por dividirnos en grupos? ¿Somos en realidad la especie más inteligente, o estamos sumergiéndonos lenta e inexorablemente en la barbarie de la que provenimos?

Desde esta perspectiva, mi sueño guajiro es que, a partir de sucesos como este, se definan las instituciones y mecanismos que impidan que se victimice a unos y otros, que sean las evidencias y las pruebas las que demuestren las presunciones, y que se apliquen los castigos a quienes los merecen. Que impere el reino de la Justicia, pues, y que apuntemos y sepamos reconocer a los mercaderes de la división, para expulsarlos de nuestra vida.

Cierro este comentario con las palabras de lo que Armando indicó en aquella entrevista que se considerara como su legado. Ojalá que sus palabras se conviertan realmente en lo que él deseó, y que se le recuerde por sus contribuciones, no por el escándalo que lo agobió hasta sus últimos momentos:

Botellita está ahí, para bien o para mal. Creo que ese es nuestro gran legado. En cuanto a mí, tal vez [me gustaría ser recordado] como alguien que utilizó las herramientas del arte para decir lo que necesitaba decir, lo que tenía que decir, lo que se le ocurría que tenía que decir.

Descanse en paz, ArmandoEl cucurrucucúVega-Gil.

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

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