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La nostalgia de los buenos tiempos

“Mi papá, Antonio Ramón Marcelenio, fue Sargento Segundo del Trigésimo Sexto Batallón de Infantería de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), con sede en Valladolid. Primero estuvo en Mérida y luego se pasó a la Sultana de Oriente. Era nativo de la Ciudad y Puerto de Progreso, y mi mamá fue María Dolores Valenzuela López, oriunda del estado de Sonora.”
“El sargento, como le decían en Colonia Yucatán (Col. Yuc.), fue muy apreciado. Era una persona muy recta, por eso lo pedían los ingenieros de la fábrica Medval. El ejército lo mandaba allá. Nosotros vivimos en la Sierra, frente donde estaba la bomba de agua. Ahí estaba el cuartel y mi papá tenía la encomienda de vigilar sólo en la zona de Colonia Yucatán y la Sierra, no iba al Cuyo con su partida. Se fue a Colonia Yucatán porque los administradores de la empresa maderera lo pidieron en dos ocasiones para estar con su partida de soldados, ya que ellos vigilaban los montes de la jurisdicción, se iban a Xcan, Popolnah y Kantunilkin Quintana Roo. Siempre salían en las camionetas a visitar los ejidos, a patrullar; aunque eran caminos muy malos tenía que ir a resguardar el orden, a ver que no quemen los montes ya que para eso estaba él: para guardar el orden. A veces iba un capitán a la Colonia en una camioneta y se iba con él al Cuyo a acompañarlo. Don Marcelenio cada quince días se reportaba al cuartel en Valladolid,” recuerda su hija Silvia Ramón Valenzuela.
“Mi papá entró al ejército muy joven, a los 17 años. Casi no podía con el arma. Por azares del destino se fue a Mérida. Aunque él nació y vivía en Progreso, nos contaba que no le gustaba el mar, se mareaba mucho y no quería ser pescador. Mis abuelos hasta pleito tuvieron por eso; entonces él se fue a Mérida y se enlistó en el Trigésimo Sexto Batallón de Infantería, que en ese tiempo estaba a un costado de la Iglesia del Carmen, en el barrio de la Mejorada de la ciudad de Mérida. Alrededor del cuartel vivían las familias de los militares. Que yo recuerde, viví ahí un tiempo, donde ahora está la facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Yucatán. Pues ahí estaban las escuelas: la primaria ‘Distrito Federal’ donde estudié la primaria, la ‘José María Castillo’ y un kínder, creo que se llama ‘Leona Vicario’, no sé si todavía funciona, hace tiempo que no paso por allá.”
“Mi papá era muy cariñoso con nosotros. Dado su carácter y formación de militar, era muy estricto, pero no nos regañaba a menos que hiciéramos algo malo o nos portáramos mal. Era muy estricto, pero era cariñoso. Le gustaba que fuéramos a la escuela. Fuimos unos niños educados. Él no tomaba ni fumaba ni era mujeriego. Mis papás se casaron en la iglesia del Carmen, de la Mejorada, no recuerdo el año. Tengo hasta su foto donde se casaron.”
“Cuando se jubiló de la SEDENA, le ofrecieron trabajo los de la empresa maderera y ya nos fuimos a vivir a Colonia Yucatán,” me comenta en amena plática por celular una mañana de abril la hija del sargento Marcelenio.
“Mi papá vivió allá como doce años. Yo me casé en Colonia Yucatán con Marcelino Aguilar Aguilar en 1969, y en la Sierra lo festejamos. Vivíamos por la salida a Kantunilkin, Quintana Roo. Cinco años me fue a visitar a la Colonia cuando era mi novio. En ese tiempo la carretera no era buena, imagínate cómo estaba el camino. Él era maestro egresado de la XVI generación de la Escuela Normal Rural de San Diego Tekax. Recuerdo que nos iban a casar los padres de la orden de Maryknoll Pedro Petrucci y John Martin, pero los cambiaron. Hasta en las invitaciones habíamos puesto sus nombres, ellos iban a oficiar la Santa Misa; pero, como los cambiaron, nos casó el padre Andrés Lizama Ruiz. Nuestro viaje de bodas lo hicimos en Mérida. Tenía él un año de servicio y por eso nos casamos.”
Continuará…
L.C.C. Ariel López Tejero




























