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El 23 de septiembre de 1917 nació en Tulancingo, Hidalgo, el luchador y actor mexicano Rodolfo Guzmán Huerta, conocido como ‘Santo, el enmascarado de plata’, la figura más importante en la historia de la lucha libre mexicana y uno de los máximos íconos de la cultura popular de México. Su legado abarca el deporte, el cine y la mitología nacional, transformándolo de un atleta en un superhéroe de carne y hueso. De 1958 a 1983 realizó 52 películas de luchadores que ahora son llamadas de culto en Europa y México.
Aunque llevaba varios años como luchador, incluso batallando del lado de los rudos, debutó con el nombre de «El Santo» en 1942 en la Arena México. Su estética, su estilo ágil y su mística máscara plateada lo convirtieron rápidamente en el luchador más querido del país. El nacimiento de este mito deportivo fue marcado por la tremenda popularidad de la lucha libre, justo cuando debutó con este nuevo personaje, sin imaginar el éxito que pronto experimentaría.
No tardó en convertirse en un fenómeno de taquilla, con increíbles luchas junto a rivales y aliados históricos como Blue Demon y Black Shadow, llenando arenas durante cuatro décadas, consolidando la lucha libre como un deporte masivo en México. En el arte de pancracio, el misterio de la máscara, la cual jamás perdió en el ring, se convirtió en un símbolo de honor, misticismo e identidad nacional. En toda su trayectoria solamente mostró su rostro parcialmente en un programa de televisión en 1984, pocos días antes de fallecer.
Mientras que su sitio de honor en la historia de la lucha libre mexicana estaba asegurado, a la par de combatir todos los fines de semana también comenzó a destacar en el cine. Llevaba 16 años triunfando en las arenas de todo el país cuando debutó en la película “Santo contra el cerebro del mal” (1958), filmada en Cuba, y donde El Santo prácticamente no habla. Desafortunadamente, al ser una coproducción México-Cuba, surgieron ciertos problemas que ocasionaron que fuera estrenada en cines hasta 1961, pero sí fue su primer filme oficial.

Tras dar el salto a la pantalla grande en 1958, filmó 52 películas en las que, además de luchar en el ring, actuaba como agente secreto o superhéroe que combatía a monstruos, extraterrestres, científicos locos y vampiros. Pese a que la mayoría tenían producciones ‘chapuceras’, lograron tener impacto internacional, con lo que sus películas se convirtieron en obras de culto en lugares como Francia, España y Líbano. Introdujo al mundo el concepto del «héroe popular mexicano» y definió un subgénero cinematográfico único.
El Santo, además, se convirtió en un ícono de la Historieta y la Cultura Pop. En 1952 inició su proyección como cómic mexicano con una historieta editada por José G. Cruz que narraba sus aventuras. Fue un éxito masivo que se imprimió semanalmente durante unos 30 años, reforzando su estatus de defensor de los débiles fuera de los encordados.
El impacto del mito del enmascarado de plata alcanza nuestro folclor y arte, al elevar la máscara de lucha libre a un símbolo de la identidad mexicana. Incluso hoy en día, su imagen es utilizada en el arte pop, el diseño gráfico, la literatura y festivales de cine de todo el mundo.

Si aún no han tenido oportunidad de ver películas de El Santo, les recomiendo no perderse las siguientes: “Santo en el hotel de la muerte” (1961), la icónica “Santo vs las mujeres vampiro” (1962), “Santo vs el estrangulador” (1963), “El hacha diabólica” (1964), “Profanadores de tumbas” (1965), “Santo v. la invasión de los Marcianos” (1966), “Santo vs. los villanos de ring” (1966), “Operación 67” (1966), “Santo en el tesoro de Drácula” (1968), “Santo contra Blue Demon en la Atlántida” (1969), “Santo y Blue Demon contra los Monstruos” (1969), “El mundo de los muertos” (1969), “Santo vs. la hija de Frankenstein” (1971), “Santo y Bue Demon contra Drácula y el hombre lobo” (1972), “Santo vs. los secuestradores” (1972), “Santo contra el doctor Muerte” (1973), y “La furia de los karatecas” (1982), su último filme.
El Santo no fue solo un deportista, fue un héroe de historieta, del cine, convirtiéndose en el protector imaginario de toda una nación, además de ser un puente entre el deporte real y la fantasía. Su diseño visual, con aquella capa y la máscara de plata, es reconocido en cualquier rincón del planeta.
RICARDO PAT






























