Santa Lucía y sus vecinos de hace medio siglo (XIII)

By on abril 2, 2020

XIII

XII

VOTO DE DESCARGO

Estas son las ocurrencias, vecindario y costumbres que alimentan la crónica de aquella Santa Lucía de hace más de medio siglo, disfrutada entonces por uno de sus vecinos que ahora, asomándose a ese mismo espacio, a ese ambiente que dan las cosas tocadas por el tiempo, a todas se les mira convertidas en historia.

Si la exposición ha sido defectuosa, faltó viveza y se omitieron personas o sucesos, falló el retratista: se le empañó el lente de la memoria… explicable por el polvo caído desde aquella época que abrió nuestro relato. Pero la Santa Lucía de encanto y alcurnia meridana pervive inconmovible a nombres encimados de Jardín de la Unión Federal en 1878 y Parque Colonial de los Héroes en los años presentes. Que así sea.

VOTO DE AGRADECIMIENTO

Lo extiendo pleno a los estimabilísimos y enterados amigos sin cuyas noticias y comentarios oportunos este ensayo hubiera padecido de confusiones impertinentes y ausencias lamentables:

Doctor don Jesús Amaro Gamboa.

Don Juan Duch Collel.

Doctor don José Esquivel Pren.

Don Ricardo López Méndez.

Doña Noemí Moreno Bolio de Milán.

Don Hernán Rosas Novelo.

Licenciado don Rodolfo Ruz Menéndez.

Don Víctor Suárez Molina.

Don Víctor Alfonso Zavala Traconis.

 

SANTA LUCÍA AHORA

Estamos en 1981. A un siglo y tres cuartos de que el progresista gobernador e intendente de Yucatán Don Benito Pérez Valdelomar decidiera adecentar el pestilente rumbo de Santa Lucía, de suprimirle aquel aspecto bochornoso a la ciudad aparentando un muladar. Sus provisiones al Ayuntamiento de Mérida fueron atendidas al punto y él, con ejemplar empeño, trazó el plano de la nueva plaza y sus portales.

Pérez Valdelomar dejó el gobierno sin dar cima al proyecto, pero los trabajos caminaban, con lentitud adelantaba la obra porque, después de engorrosos requerimientos oficiales hubo de vencerse la resistencia de dos vecinos de ceder los terrenos indispensables que integrarían la nueva plaza. Fue a mediados de la pasada centuria cuando sus portales finalmente quedaron concluidos para dar a Santa Lucía el carácter acogedor que hasta el presente conserva.

En las postrimerías de la administración colonial, y concretamente del gobernador mariscal Juan Ma. de Echeverri, se ejecutó la disposición suprema de que el camposanto del atrio de su iglesia, como el de todas aquellas de la ciudad, quedara clausurado, con gran beneplácito del vecindario, pues ya no contemplaría a diario el fúnebre espectáculo de los entierros y las exhumaciones. Pero si despreocupadas las autoridades de este acuerdo, el gran señor de Guelatao, don Benito Juárez, por su puño y letra lo confirmó en 1859.

Los primeros municipios constitucionales, ya en la época independiente, bien centralistas, federalistas, conservadores, liberales, imperialistas o republicanos, y los entonces llamados jefes políticos, como alentados por una mística, pusieron siempre algo de su parte para hermosear el rumbo y plaza santalucianos y darle una fisonomía propia y atractiva.

Por decretos de distintas administraciones, inspirados en la corriente cívica imperante, de “Parque de Santa Lucía” se le nombró “De los Héroes” y después de “La Unión Federal” … pero seguía siendo Santa Lucía.

Y Santa Lucía fue extendiéndose. Era asiento de familias honorables, de las más modestas al igual que prósperas. Los alcaldes preconstitucionales, constitucionales, hasta entroncar con los de los últimos años, en poco, en mucho, no dejaron de preocuparse por ella.

El tiempo, la actividad urdida en su centro y alrededores por el natural proceso de expansión de todo barrio, colonia y ciudad, la ha deteriorado: entraron en el ciclo de decaimiento parque y atrio, portales y casas. No puede ocultarse el pecado de negligencia de los propietarios que alrededor y próximos al parque o jardín tienen sus domicilios; fueron afeándola y destruyendo lentamente, desfigurando, negándole su presencia de plaza y barrio de los más simbólicos de Mérida. Las diez casas que albergan los portales, abandonadas, mueven a compasión por su ruinoso y deplorable estado.

Ahora, como reviviéndose la época de Pérez Valdelomar cuando decidió hacer de Santa Lucía un sitio decoroso, el actual Ayuntamiento de la ciudad de Mérida ha determinado, sin gran aparato curialesco, emprender las obras de su restauración, es decir, volver a dignificarla.

No basta la celebración de feria de libros, de eventos culturales o las tradicionales serenatas de los jueves. Urgía una iniciativa más enérgica para devolverle toda su prestancia, orgullosamente meridana. Es requerimiento histórico, exigencia civil, reclamo natural y legítimo de armonía arquitectónica.

Porque el Ayuntamiento, si depositario de los derechos ciudadanos, está obligado a preservar los tesoros de la ciudad que gobierna para solaz y disfrute de sus habitantes y la admiración de los huéspedes que recibe. Y Santa Lucía es tesoro de barrio meridano.

Ábrase paso a este meditado proyecto para rescatar la dignidad de inmuebles y zonas abandonadas de la ciudad. Los años no razonan. Desconocen la incolumidad de toda construcción o monumento. Y para atajar sus efectos inexorables, constantes, se despliega ahora el esfuerzo de la reconstrucción sustancial o remodelamiento de Santa Lucía para mirarla de nuevo henchida de primor.

El proyecto del parque abarca el resane y la pintura de los muros del predio envolvente del parque. (Escuadra norte y poniente). La conservación de los arcos y pilastres.

En el sitio donde actualmente se instala cada semana la tarima donde se lleva a cabo el espectáculo de las Serenatas, se construirá un proscenio de concreto con duela de madera como acabado, que constituirá el recinto permanente para las actuaciones de quienes intervienen en las Serenatas.

Los corredores conservarán el mismo piso, mientras que el nivel por donde las personas deambulen será de adoquín francés. El monumento al Gral. Molas quedará en la misma posición con una envolvente de jardinería.

De acuerdo y en colaboración con las autoridades eclesiásticas, el atrio de la iglesia también será restaurado y pavimentado con adoquín francés, respetándose todos los árboles que lo embellecen. La iluminación especial estará a cargo de obras de la SAHOP. La barda que limita el atrio, edificada por un muro de aproximadamente 60 cm de altura, a la manera de los muros coloniales que limitaban los atrios entonces.

Hagamos revivir a Santa Lucía, la frescura generosa, familiar, de su parque; la dignidad de su atrio en conjunto con su señero y antiquísimo templo, y la noble, acogedora sencillez de sus portales de columnas dóricas primarias con sus diez bien dispuestas casitas o accesorias a lo largo de sus corredores encuadrados.

Los que tanto hemos suspirado por Santa Lucía, fuimos sus vecinos hace más de medio siglo, la sentimos como uno de los motivos más vívidos de nuestra infancia y adolescencia, nos inunda de alegría la iniciativa que están a punto de ajustar a la acción el Gobernador, Dr. Francisco Luna Kan, y el alcalde, Lic. Gaspar Gómez Chacón, lo que mucho ha de honrarles y agradecerles la ciudad y, en especial uno de los más antiguos vecindarios emeritenses.

Delio Moreno Bolio

FIN.

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