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Rush @ The Garden (v)

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Recordarán mis dos amables lectores que mencioné que me froté las manos de gusto cuando me di cuenta de que mi asiento estaba en línea directa al escenario, sin obstáculos. Pues bien, a las 7:34, cuando se apagaron las luces, esa privilegiada línea visual se fue a la fruta: todo mundo se puso de pie y, para mi infortunio, dos filas enfrente de mí, un jirafón de ser humano de cerca de dos metros de altura bloqueaba casi perfectamente mi vista del escenario.

El problema de los asientos de foro, o de “piso”, es precisamente ese: al no haber los desniveles que existen en una zona típica de butacas, se corre el riesgo de que, como sucedió conmigo, alguien de adelante sea más alto (o voluminoso) y entonces nos impida observar a gusto el espectáculo. Casi todo el concierto, excepto por un afortunado intervalo cuando el susodicho se ausentó (posiblemente a wishar), lo tuve que observar por un costado del individuo. ¡Porca miseria!

 Pero regresemos al momento…

El escenario se volvió pantalla y en ella, aunada a los monitores laterales, de repente se comenzó a mostrar una película. Los seguidores de Rush sabemos que la banda es muy dada a preparar estos cortometrajes chuscos, apareciendo con diferentes caracterizaciones y disfraces, presentándolos como introducción a su espectáculo. Esta vez no fue diferente…

En un ambiente lúgubre y tenebroso, enfrente de la mansión Xanahaus (en clara referencia a Xanadú), el vendedor de salchichas Gershon (personaje de Geddy en el cortometraje de la gira Time Machine) recibe la visita de tres muchachos, dos jóvenes (uno de pelo canoso, muy parecido a Alex, y el otro un espigado mozuelo con overol como los que usan los cargadores en la portada de Moving Pictures) y una mujer de blonda cabellera, que van en busca de Rush. Gershon les proporciona un mapa de la mansión, y les indica que les cobrará el favor si logran salir.

Al entrar, los muchachos se encuentran al pie de las escaleras con un viejo Boy Scout (Alex) que les da la bienvenida. Los muchachos se escapan del guardián, suben las escaleras, y van abriendo diferentes puertas. Al abrir la primera, un escocés con gaita (Geddy) y el personaje de Bag Man (Alex, que hacía carcajearse al finado Ace Frehley durante las noches en aquellos días en los albores de la carrera de los canadienses cuando compartieron escenario) no les prestan atención, metidos en su rollo, ante la mirada de los sorprendidos muchachos, hasta que un búho azul los obliga a cerrar la puerta.

Al abrir otra, se topan con Paul Rudd y Jason Segel, personajes de la película “I Love You, Man” – que gira sobre estos dos amigos y su adoración por Rush, que los acerca y hermana – que les indican que están condenados a quedarse en la casa por toda la eternidad por haber osado acercarse a la banda y molestar al Sr. Perrt. Invitan a los muchachos a quedarse con ellos ensayando canciones, pero su invitación es denegada.

Eligiendo otra, los muchachos ahora interrumpen el ensayo de los personajes de South Park de una canción de Rush, lo que les acarrea un regaño de Cartman/Geddy Lee, siendo despedidos con malas palabras.

En otra más, se topan con dos decrépitos ancianos (Geddy y Alex) de poco pelo jugando cartas, junto a ellos un vaso con güisqui cubierto con una servilleta, que se burlan cuando les preguntan si ellos son Rush. Uno de los jóvenes, desoyendo a los ancianos, abre las puertas de un clóset en el cual cuelga un par de quimonos y, dentro de la bolsa de uno de ellos, un chocolate con un boleto especial (como los de Willy Wonka) irradia un resplandor que se transmite por la pantalla, dirigiendo nuestra mirada al escenario, del que se desprende una neblina…

La pantalla lentamente se elevó, mientras escuchamos las primeras notas de una de las canciones más celebradas y admiradas de Rush: Xanadú.

A mi memoria se asomó el recuerdo del concierto “Exit Stage Left”, que disfruté en la televisión en casa de un amigo de un amigo cuando apenas cumplía mi mayoría de edad, hace varias décadas, en un VHS grabado cuando bajó la señal de MTV – y ese concierto – usando su antena pornobólica.

Al mismo tiempo, pensé: “Ashingáos, Anika está siendo sometida a una prueba que haría temblar a varios bateristas: una de las más interesantes piezas, llena de magia y complejidad, del tan querido y admirado Profesor Neil Ellwood Peart.” Bueno, no con tantas palabras, pero la idea era esta cuando escuché la guitarra de Alex y las percusiones de Anika acompañándolo.

El caso es que aquí estaban mis ídolos de tantos años, trayéndome tantos recuerdos mientras creaban nuevos en mí, enchinándome la piel con unos cuantos acordes, recordándome algo que todos deberíamos llevar cerca de nuestros corazones: la música sana, es perenne, y vive en cada uno de nosotros.

Alex se apropió de la imagen visual sobre el escenario, pisando pedales diversos para arrancar a su lira los quejumbrosos tonos iniciales de la canción, acompañado de su compadre Geddy, ambos con pesadas guitarras dobles. Anika, en la penumbra, iniciaba la travesía que esa noche terminaría convirtiéndome en uno más de sus seguidores. Loren estaba en un plan tan discreto que ni las luces se acercaban a él.

Xanadú, lo sabemos, inicia con una extensa sección acústica en la cual los tres (los cuatro en esta ocasión) intérpretes van soltándose, cruzando picos y valles acústicos, hasta llegar a las primeras letras: “To seek the sacred river Alph, to walk the caves of ice…”.

Rush así confirmaba ante nosotros su presencia, listo para compartirnos su arte esa noche, haciéndonos sentir afortunados por reencontrarnos con ellos y su música; dejando en claro que el tiempo es relativo, que en los albores de su séptima década de vida aún tienen mucho por ofrecer.

[Continuará…]

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

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