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Rush @ The Garden (iv)

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Feliz con mis regalos promocionales y mi gafete, me dirigí al acceso principal. Aún no permitían el paso a las escaleras eléctricas, que es la manera en que te trasladas a los diferentes niveles y secciones del MSG. Aún quedaba tiempo, así que decidí acercarme a la mesa de ventas de mercancía, para adquirir mi reglamentaria camiseta conmemorativa.

Camisetas con todas las fechas de la gira en al menos dos presentaciones (en color negro y ¡sorpresa! gris), camisetas de la presentación en el Kia Forum de Los Ángeles (donde iniciaron esta gira), de las presentaciones en The Garden (que estuve tentado a adquirir, y que ahora me arrepiento no haber comprado), pines, gorras con el logo de la gira, tazas, posters, chamarras, sudaderas, blusas, la oferta era variada.

Adquirí una camiseta de la gira en color negro, pedí una bolsa, y ahí fueron a dar los souvenirs y la camiseta, mientras me reincorporaba a la fila a esperar que abrieran el acceso, lo cual vino sucediendo alrededor de las 6:30 PM.

A diferencia de otros estadios y foros en los que normalmente accedes a los diferentes niveles usando escaleras o rampas, en el Madison Square Garden a producto de gallina debes usar las escaleras eléctricas, bajarte en el nivel que te corresponde, entrar por las puertas de acceso al pasillo/recibidor – en el que están los puestos de bebidas y alimentos – para entonces localizar tu sección, que el ujier revise tu boleto y te proporcione indicaciones sobre su localización para, finalmente, llegar a tu asiento.

Mi boleto era de foro ¡y aun así me fue necesario usar las escaleras! Solo fue un nivel y muchos nos apeamos, todos con nuestro gafete VIP, dirigiéndonos a la puerta. Al cruzar el umbral, vislumbré el pasillo que llevaba al foro; a mi izquierda y mi derecha, diferentes puestos vendiendo bebidas espirituosas; un poco más allá del pasillo a la izquierda, un puesto de venta de alimentos y bebidas y enfrente los sanitarios (importantísima información).

Siempre que voy a un evento, primero localizo mi localidad y luego, si queda tiempo o durante el intermedio, regreso a los puestos de venta para refrescar el gaznate o adquirir unos chupifritos (Dehesa dixit). Al superar las cortinas, el Madison Square Garden me recibió con iluminación discreta, un shingo de gente ya en sus lugares, los estandartes de los logros de los NY Rangers y de los Knicks colgando del techo.

La edecán me pidió mostrara mi boleto y apuntó hacia la fila 26, asiento 5, de la sección B, o sea, a 26 filas del escenario en línea recta. Tomé asiento. Alcé la mirada y me encontré con una lona sobre la que se proyectaba el número 50. Inmejorable localidad (por el precio), pensé y mentalmente me felicité por la decisión de invertir un poco más de dinero para poder ver de frente a mis ídolos canadienses. ¡Uuuuta sí!

Eran las 6:30 PM y el concierto iniciaría a las 7:30, así que me quedaba una hora para observar a la gente, el escenario, mientras mi nivel de anticipación se incrementaba. A mi izquierda, en los asientos 1 y 2, una pareja de gente mayor me saludó al tomar sus asientos.

La composición demográfica en el MSG, a mi vista, se componía de una mayoría de cabecitas blancas, algunos adultos jóvenes y muy pocos adolescentes, eso sí: estos dos últimos grupos acompañados por uno de esos de mi edad que ya calificamos como “cabecitas blancas”.

La sección B ya estaba ocupada como al 40%, muchos platicando con sus acompañantes mientras bebían bebidas espirituosas. El entusiasmo de todos era evidente en sus sonrisas, en sus pláticas rememorando conciertos y presentaciones previas de Rush, comentando sus recuerdos, creando nuevos en sus jóvenes acompañantes.

En uno de sus libros, Neil Peart escribió que invertía tiempo en preparar la música de fondo antes de iniciar los conciertos porque pretendía que los asistentes conocieran nuevas opciones y también porque, de alguna manera, estaba conviviendo con todos desde mucho antes de iniciar el concierto. Sonreí al recordarlo y presté atención a la selección musical que se escuchaba desde algunas bocinas: Genesis, Yes, Supertramp, Jethro Tull, Kansas, Pink Floyd, todos magníficos exponentes del Rock progresivo.

Mis vecinos de los asientos 1 y 2 de repente aparecieron con vasos de cerveza conmemorativos, con el logo de la gira. Era inevitable preguntarles dónde los adquirieron. “Así te sirven la cerveza,” fue la respuesta.

Era la señal que hacía falta para encaminarme a comprar la mía y disfrutar una pausa refrescante para celebrar mi presencia en ese foro, para brindar por todos los que me acompañaban en espíritu esa noche, para celebrar al querido Profesor Peart y sus compañeros de armas, que esa noche cumplirían uno más de mis sueños.

Primero a despejar la vejiga (no iba a perderme un segundo del concierto solo porque mis riñones hubieran hecho su trabajo), para luego localizar un puesto en el que estuvieran presentes los vasos. Localizado el objetivo, me puse en la fila y, al llegar mi turno, pregunté si el vaso conmemorativo era solo con cerveza o podía ser con refresco. La respuesta confirmó que debía ser con cerveza, así que pedí una. ¡Qué más podía hacer! Me torcieron el brazo.

Mientras saboreaba la cerveza Stella que contenía mi vaso, la gente tomaba sus lugares y el bullicio aumentaba cada minuto. Frente a mi asiento, la gente ocupaba prácticamente todas las localidades y me regocijé cuando comprobé que aún podía verse perfectamente el escenario. Eso iba a cambiar en unos momentos.

7:28 – Los 12 mil que estábamos en el MSG estábamos cada vez más ansiosos conforme el reloj se acercaba a las 7:30.

7:30 – Los 12 mil comenzamos a clamar por los músicos. Rush tiene fama de ser puntual, así que impacientemente vimos pasar ese minuto, y unos más.

7:34 – Se apagaron las luces.

Showtime…

Continuará…

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

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