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Rush comparte su virtuosismo en México

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La mayoría de los amantes de la música exquisita sabe que RUSH es más que una banda, es un trío de geniales músicos y compositores canadienses que durante más 50 años nos deleitaron con álbumes exquisitos, llenos de clásicos que extrañábamos escuchar en vivo desde el 2015, cuando el 1 de agosto de ese año, en el Forum de Los Angeles, California, Alex Lifeson, Geddy Lee y Neil Peart tocaron juntos por última vez.

Peart decidió retirarse de los escenarios debido al enorme desgaste físico que sufría en su cuerpo tras décadas de complejas ejecuciones, lidiando con problemas crónicos como tendinitis y dolores de hombros. El virtuoso baterista falleció el 7 de enero de 2020 a los 67 años, víctima de un cáncer cerebral que padeció en secreto desde 2016.

Para millones de fans en todo el mundo, aquello marcó el final de una era de máxima alegría. El legado de Rush en la historia del rock es monumental. Considerados auténticos arquitectos definitivos del rock progresivo moderno, sus obras, principalmente sus largas suites, son consideradas una especie de eslabón clave que unió la complejidad de los años 70 con el metal y el rock alternativo de posteriores décadas.

Quienes crecimos escuchando sus discos en orden cronológico (en mi caso, el primero que escuché fue el fabuloso “Fly by Night” de 1975), disfrutamos como enanos con aquella evolución sónica que fusionaba la pesadez de Led Zeppelin con la estructura conceptual de Yes y Genesis, tres bandas que también me encantan.

Me sorprendió saber que toda esa maravilla musical provenía de un trío que demostraba que podían sonar tan potentes y complejos como una banda más numerosa.

Gracias al intercambio de música que acostumbrábamos con amigos roqueros como Rubén González, Jorge y Cuco Cervera, y David “Puf” Carrillo pude escuchar otras obras increíbles como “Caress of Steel” (1975), “2112” (1976), “A Farewell to Kings” (1977), “Hemispheres” (1978) y “Permanent Waves” (1980), que terminaron por conquistar nuestros corazones.

En la década de los ochenta, Geddy, Alex y Neil demostraron otra faceta importante en sus grabaciones: el uso de tecnología, integrando sintetizadores y pedales Taurus, sin perder la base de guitarra, bajo y batería, con aquella maestría técnica que tanto encantaba a miles de músicos. Fue en esos tiempos cuando se aseguró que el 70 por ciento de sus fans a nivel global eran músicos o tocaban al menos algún instrumento.

Con discos como “Moving Pictures” (1981), “Exit… Stage Left” (1981), “Signals” (1982), “Grace Under Pressure” (1984), “Power Windows” (1985), “Hold your Fire” (1987) y “Presto” (1989), Neil Peart redefinió la batería en el rock con sets gigantescos, polirritmias, compases amorfos (como 7/8 o 5/4) y solos que eran composiciones en sí mismas.

Canciones como “Tom Sawyer” y “YYZ” quedaron tatuadas en la memoria colectiva, convirtiéndose en éxitos masivos

Jorge Martín Castillo “el Cahuito” y Rubén González tuvieron el generoso detalle de traerme de los conciertos de Rush efectuados en la Ciudad de México estos obsequios que por supuesto agradezco de corazón. La nobleza de los fans de Rush vive activa en el corazón de estos personajes.

En la década de los 90 seguí escuchando y coleccionando sus álbumes: “Roll the Bones” (1991), “Counterparts” (1993) – mi favorito de los 90s, “Test for Echo” (1996) y “Vapor Trails”.

Reconozco que con el inicio del nuevo milenio perdí mi cercanía con Rush. Continué escuchando sus obras discográficas, siempre encontrando cosas increíbles. Comenzaron a espaciar cada vez los lanzamientos, y para mí había demasiados nuevos grupos con propuestas interesantes. Por ello tardé en conectar con discos como “Vapor Trails” (2002), “Snakes & Arrows” (2007) y “Clockwork Angels” (2012).

En toda esta extensa trayectoria, fue Neil quien redactó las letras de todos los temas, alejándose del cliché de ‘sexo, drogas y rock & roll’, introduciendo temáticas profundas, conceptos de literatura distópica, el existencialismo, el humanismo y e impacto de la tecnología en la sociedad.

La muerte de Peart pareció marcar el final definitivo de Rush, como pasó con Led Zeppelin cuando murió John Bonham. Parecía imposible visualizar al trío con otro percusionista. Después de todo, Geddy, Alex y Neil permanecieron juntos por más de 40 años, sin ceder jamás a las presiones de las disqueras para comercializar su sonido.

Por ello fue una tremenda sorpresa saber que, en 2026, con Anika Nilles (ex-Jeff Beck) en la batería, Alex Lifeson y Geddy Lee decidieron retornar a las giras bajo el nombre de Rush en un tour denominado “Fifty Something”, rindiendo honores a Peart. Lo mejor: confirmaron presentaciones en México.

El 18 y el 20 de junio de este año celebraron en el Palacio de los Deportes de la CDMX dos majestuosos conciertos. Miles de leales seguidores se dieron cita para gozar una vez más con canciones que los hicieron felices por años. Padres acompañados de sus hijos ovacionaron al trío, reconociendo la labor de Anika, que realizó un trabajo sobresaliente.

Varios amigos yucatecos acudieron a esa cita, como David Candila que nos insistió mucho a Jorge Cervera, Héctor Hernández ‘sensei’ y un servidor a acompañarlo. También Jorge Martín Castillo, el famoso “Cahuito”, y Rubén González, baterista de los Green Grocers y de Las Ratas del Sótano, uno de los músicos locales que con mayor precisión toca temas de Rush. Todos hicieron acto de presencia en estos conciertos.

Rush, además de todos los valores aquí señalados, convocan a buenas personas, a gente noble y generosa que siempre cosecha amistades y rinde tributo a la convivencia, como el Cahuito y Rubén, a quienes agradezco de corazón los obsequios que me trajeron, recordando que también soy un fan de Rush. Muchas gracias, amigos, de todo corazón.

RICARDO PAT

riczeppelin@gmail.com

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