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Roger Von Gunten, el navegante

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Acaba de fallecer Roger Von Gunten (Zurich, 1933 – Tepoztlán, 2026), pintor de la Ruptura, el 18 de febrero 2026, en un Miércoles de Cenizas. Quienes lo conocieron saben muy bien que sería imposible concebirlo como un pintor suizo y no mexicano. Fue tal el arraigo de Von Gunten por la exuberancia de la vegetación y de la cultura mexicana que es difícil imaginar un ser más enamorado de esta tierra.

Ese amor tiene mucho que ver con cierta fascinación por la frondosa naturaleza de las tierras tropicales — real o imaginada — cuya alma — ¡oh, sí!, la Naturaleza tiene alma — parece trasparecer en las mujeres que, en la pintura de Von Gunten, se presentan una y otra vez, transmitiendo en diversos grados a quienes están del otro lado de la tela una felicidad sin sombras que sin duda tiene mucho que ver con la plenitud original de la Edad de Oro.

Sin embargo, también es cierto que el enamoramiento por lo mexicano de Roger Von Gunten poco tenía que ver con el nacionalismo prescriptivo del que echan mano los movimientos políticos cuando necesitan afianzarse a través de la propaganda, así sea expresada con la mayor de las pericias artísticas.

El contacto con las fuerzas generativas de la Naturaleza, tan identificadas con la figura femenina en sus telas, provenía de una apertura genuina ante la belleza natural que en otras ocasiones Von Gunten encontró en parajes “lejanos” para nosotros, como Indonesia.

Quizás lo que vivió en el archipiélago asiático — cuando se encontró navegando en el mar a su doble perdido, presunto náufrago en un periplo marítimo anterior, una historia digna de los relatos de Carlos Castaneda (ver Jaime Moreno Villarreal, Roger von Gunten) — podría aplicar a él mismo cuando llegó a México a finales de los años cincuenta: “Me sentí orgulloso de mi doble, acogido en la serenidad de su andar libre y soberano. Mi pintura se enriqueció con nuevos horizontes y piélagos misteriosos.”

Nos dice también Von Gunten: “Si el arte se comparara con un mar, nosotros vivimos en él como sus habitantes y “el que más me gusta de los mares que he visto, conocido y cruzado, es el Mar de Pericos, que se llama así por sus colores y por la estirpe de sus navegantes. Yo soy uno de ellos […]» (Ver Jaime Moreno Villarreal, Roger Von Gunten).

Es en gran parte por su sentido universal y abierto al mundo en su totalidad que su pintura puede ser considerada como perteneciente a una generación de pintores, la Ruptura, que rechazó supeditar el arte a la ilustración de lo social y lo político, que se negó a ver en la exaltación de la “identidad nacional” la única vía posible para la pintura de este país: la conexión con el espíritu de la tierra mexicana de Von Gunten se encuentra a leguas de los ideales de “lo nacional” denunciados en la “Cortina de nopal” (1956) de José Luis Cuevas.

¿Quiere decir esto que Von Gunten creía que el horror en el que se ha sumido a sí mismo el ser humano a través de los siglos y de las culturas tenía que ser ignorado? Al contrario, estaba convencido de que había que combatirlo, quizás más que cualquier otro pintor de su generación. Simplemente tenía mayor fe en que el arte fuera por sí mismo un medio de transformación al abrirnos a la belleza del mundo, al enraizarnos en el ser de las cosas, al mantener viva en nosotros la nostalgia del paraíso perdido cuya recuperación es, al fin y al cabo, la meta de todas las utopías.

Si Von Gunten perteneció al movimiento de la Ruptura es primero porque compartió un momento histórico con artistas como Lilia Carrillo, Vicente Rojo, Manuel Felguérez, Fernando García Ponce, Arnaldo Coen, Francisco Corzas, Alberto Gironella, y el yucateco Gabriel Ramírez, también recientemente fallecido. Todos formaron parte de la Galería Juan Martín en algún momento de su existencia, tal como de ello da testimonio, en Nueve pintores mexicanos, Juan García Ponce, un autor, por lo demás, con el que Von Gunten mantuvo una profunda amistad a lo largo de su vida.

Por supuesto, a todos estos nombres sería imposible no sumar los de José Luis Cuevas, Enrique Echeverria, Héctor Xavier, Vlady, como así se hiciera precisamente en el catálogo Ruptura 1952-1965. Podríamos inclusive estirar las cosas e incluir, además de los ya citados, a los pintores que participaron junto al propio Von Gunten en la elaboración de los murales de Osaka (1969-1970): Brian Nissen, Paco Icaza, Gilberto Aceves Navarro así, como, por qué no ya que estamos en éstas, a Antoni Peyrí.

Quizás al comparar a pintores a la vez tan afines y distintos tanto en personalidad como en estilo, como lo fueron los pintores de la generación de Roger Von Gunten, nacidos grosso modo en los años treinta del siglo XX, que uno entiende claramente que, al igual que los poetas de los Contemporáneos, fueron un “archipiélago de soledades”.

Sin embargo, más que la pertenencia a una generación precisa, es por su persistencia en permanecer siempre fiel a sí mismo, tanto en su personalidad como en su pintura, que Von Gunten forma parte de aquellos pintores celosos de su “soledad”. Arraigados en su individualidad, se reconocieron entre sí a partir de los cincuenta en México, formando su propio archipiélago, precisamente porque sabían que su entrega y vocación por la Pintura no admitiría jamás la injerencia de alguna autoridad, académica, política o financiera que pretendiera encauzar, limitar o enajenar su voluntad creativa.

ESTEBAN GARCÍA BROSSEAU

garciabrosseaue@gmail.com

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