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La importancia de Robert Crumb no radica únicamente en su biografía, sino en la enorme influencia que ejerció sobre varias generaciones de artistas. Fundó y consolidó el movimiento del cómic subterráneo estadounidense (comix) durante la década de 1960, transformando para siempre la historieta en un medio de expresión artística y literaria exclusivo para adultos.
A través de un estilo satírico, visceral y profundamente neurótico, Crumb rompió con las rígidas convenciones de la industria tradicional. Desnudó la psique, las obsesiones, y las contradicciones de la sociedad norteamericana de su tiempo.
Su lugar destacado en la historia del arte contemporáneo surge al ser el creador de la fundación del Cómic Underground, inicia con la publicación del primer número de su fanzine autoeditado Zap Comix en San Francisco (1968), marcando el nacimiento oficial del género. Esto inspiró a toda una generación de artistas a producir material independiente al margen de la censura industrial.
Hay un detalle que me parece interesante en Crumb: mientras algunos críticos se han centrado en las controversias de su obra (por sus representaciones de sexo, raza y violencia), prácticamente nadie que conozca la historia del cómic cuestiona su importancia artística. Es una figura polémica, sí, pero también fundamental.
Una buena manera de entender su trascendencia es a través de opiniones de gente como Art Spiegelman (autor de Maus), probablemente el heredero más importante de Crumb. En diversas entrevistas ha indicado que Crumb demostró que el cómic podía ser una forma de expresión artística completamente personal, no únicamente entretenimiento infantil. En esencia, sostiene que Crumb abrió la puerta al cómic autobiográfico moderno y al cómic de autor. Sin él, obras como Maus difícilmente habrían existido tal como las conocemos.
Dan Nadel (historiador del cómic y biógrafo), en su reciente biografía sobre Crumb resume muy bien su legado: «Crumb tomó un medio considerado menor y lo convirtió en un vehículo para expresar cualquier aspecto de la experiencia humana.» Nadel considera que el mayor aporte de Crumb fue demostrar que un cómic podía hablar de filosofía, neurosis, política, deseo, religión, música o frustraciones personales con absoluta libertad.

Víctor Moscoso, de los grandes cartelistas psicodélicos, recordó la primera vez que vio dibujos de Crumb: «No podía saber si era un viejo dibujando como un joven o un joven dibujando como un viejo.» Lo que admiraba era que Crumb parecía rescatar el lenguaje gráfico de los caricaturistas estadounidenses de principios del siglo XX, llevándolo a un terreno completamente nuevo.
Terry Zwigoff, director del documental Crumb, considera que Crumb era: «Uno de los artistas estadounidenses más honestos«. Su documental de 1994 ayudó a que el mundo del arte dejara de verlo únicamente como un caricaturista underground y comenzara a considerarlo un creador de enorme profundidad psicológica.
Chris Ware, aunque pertenece a otra generación y posee un estilo completamente diferente, ha reconocido la enorme deuda que los historietistas contemporáneos tienen con Crumb. Según Ware, Crumb consiguió algo extraordinario al demostrar que la personalidad del autor podía ser el verdadero protagonista del cómic. Hoy eso parece normal, pero en los años sesenta era revolucionario.
Para Robert Williams (Lowbrow Art), compañero de Crumb en Zap Comix, Crumb cambió para siempre el concepto de ilustración underground. Mientras muchos artistas buscaban impresionar con imágenes psicodélicas, Crumb aportó algo diferente: narrativa, humor ácido, observación social, un dibujo técnicamente impecable, es decir, una combinación inédita para la época.
Diversos historiadores del cómic coinciden en cuatro aportaciones esenciales de Crumb: convirtió el cómic en una expresión profundamente autobiográfica; rescató la estética de los grandes caricaturistas estadounidenses de los años veinte y treinta; llevó el dibujo a un nivel obsesivo de detalle mediante el rayado cruzado (crosshatching); e inspiró prácticamente toda la novela gráfica contemporánea.

Cuando diseñó la portada de Cheap Thrills para Janis Joplin en 1968, Crumb no lo consideró un simple trabajo comercial. Él veía el rock y el cómic underground como expresiones de una misma contracultura: ambos rompían con las normas establecidas y hablaban un lenguaje directo, irreverente y libre. Esa portada terminó convirtiéndose en una de las imágenes más emblemáticas de la historia del rock psicodélico.
Su influencia estética y narrativa ha sido comparada con el impacto que tuvieron otras figuras de la cultura de masas tradicionales, mientras que críticos modernos lo enmarcan dentro de una tradición de cronistas visuales transgresores y grotescos que se remonta a maestros de la pintura clásica.
Robert Crumb es otro maestro que nos impulsó a otros caricaturistas de todo el mundo con su arte adelantado a su tiempo.
RICARDO PAT





























