Revelación de las mareas

By on noviembre 11, 2021

José Juan Cervera

Bienvenido a bordo de la ilusión salobre.

La fría cortesía sirve para impedir anclajes inoportunos. También para soltar amarras y arriar las velas cuando el periplo se prolonga en aguas que adoptan color de desolación.

Quien se hace a la mar para sorprender sirenas, con suerte recogerá escamas de especies anodinas.

Un lobo de mar, nostálgico y desdentado, remoja jirones de luna al vaivén de las aguas.

Desde la lejana molicie de altamar hasta el compulsivo acontecer de los muelles, transita un cardumen de instintiva prestancia, sabia comunidad que ignora demagógicas monsergas.

Batallas navales y naufragios salvajes, prisioneros humillados y abono para el mar.

Mercader de agua turbia, intrepidez soleada, oceánica codicia que al tocar tierra multiplicará su apuesta.

Las corrientes oceánicas revuelven vestigios de corsarios temidos, arrojados navegantes y buques fantasmas. Al fundir su impulso en el lecho marino, siguen los rastros del palacio flotante que depuso su arrogancia sin más gloria que un recuerdo diluido.

Los peces visitan las ruinas de un trasatlántico imponente, náufrago vencido por la ferocidad de un elemento que creyó suyo como un brillo fugaz.

El ágil escualo y el reticente molusco abonan la cuenta de los días submarinos para tributar puntualmente al rey de las aguas, tirano de suntuoso porte y líquida grandeza.

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