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René Iuit Canul, recuerdos de La Sierra (ii)

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Yo nací en el campamento La Sierra el doce de noviembre de 1948, después de la Segunda Guerra Mundial. Mi papá fue Fermín Benedicto Iuit Orozco (el Gordo Orozco), oriundo de Mérida, y mi mamá fue María del Pilar Canul Ortega, nacida en Dzityá, comisaría de Mérida,” recuerda ya encarrilado en su plática René Iuit Canul.

Mis abuelos eran de Campeche, aunque vivieron un tiempo en Mérida. Mi papá es el que vino a vivir acá a La Sierra, a trabajar en el arrastre de madera con su camión. Manejó también un tráiler junto con don Cornelio, Mario Coral, Francisco Lezama (Don Kuuk), diosito Aguilar, don Avelino García; los tráileres eran de la marca Carterpillar, eran muy grandes y podían llevar troncos de hasta seis metros de largo y más de dos metros de diámetro, muy grandes. En aquel tiempo no había la maquinaria para subir la madera, por medio de las ramas de los árboles enganchaban grúas y los subían al camión poco a poco. Tiempo después, empezaron a llegar los tractoristas que traían madera de diferentes lugares cercanos al campamento, como Leona Vicario, en Quintana Roo, y otros lugares. Todo lo que era selva tenía maderas preciosas.

La Sierra fue el primer lugar donde se empezó a maquilar la madera. Aquí, en el cenote que está en el centro de la población, justo al lado donde ahora está la capilla de San José, funcionaba el aserradero donde se maquilaba la madera, y el ‘entongadero’, donde se escoraba las tablas para secar. Después empezaron a fabricar las casas para los trabajadores. Mientras fueron viniendo más personas, se cambió esa labor de aserrar la madera a otro lugar porque el cenote no tenía suficiente agua y se planeaba instalar las calderas que era lo que movía todo. Los empresarios empezaron a investigar y vieron un gran cenote a dos kilómetros de aquí, está en la Colonia y decidieron trasladar todo allá. Aquí en La Sierra se planificó construir la Colonia Yucatán, la fábrica, la escuela, el mercado, el casino, el boliche, todo. También se planeó hacer Zoh Laguna, que se encuentra en el estado de Campeche,” me platica el hermano de José Francisco, que lamentablemente se ahogó en el cenote ‘Uno’, cercano a La Sierra, un día antes de la Navidad, un 23 de diciembre.

Hermano de José Alejandro y María del Pilar en amena, larga e interesante plática una tarde de septiembre del 2025, en la que él es el que más habla, recuerda casi con memoria fotográfica todo lo que ahí vivió y dónde vivían sus vecinos. No lo interrumpo por temor a perder el hilo de la conversación. Ese día que lo visité, la maestra Lourdes Soberanis Díaz organizó un festejo en la Colonia para conmemorar los ochenta y cinco años de la escuela primaria ‘Manuel Alcalá Martín’, de la que es directora.

Al lado de la casa de aquel que le decían Cosa (Emilio se llamaba), a la entrada a La Sierra, vivía don Fabián Tec, el peluquero, papá de Cristina. Había otro peluquero que se llamaba… ¡Chin!, ahora no lo recuerdo,” se justifica después de un breve repaso por su memoria.

Luego estaba la casa de don Américo Diaz, papá de la doctora Lupita, luego nosotros; del otro lado vivía don Sixto Marfil, después Elsy Marfil, don Crescencio Pérez; luego estaba la casa principal, donde estuvo viviendo Geine y el doctor Octavio Ríos, hermano del doctor Daniel.”

“Después seguía la casa de don Luis Canto, años después se pasó don Fito; luego seguía la casa de mi tío Arturo Orozco, papá de Pancho, Arturo y la negra Miriam. Luego estaba la casa de don Villafaña, papá de Chona, Delta, Calandria, Elda, el Pelón –que es mi compadre y se casó con Mechita, hija de don Omar Diaz, papá de mi amigo Jorge–,” me comenta el que entre sus preferencias musicales están los hermanos Dorsey y Neil Diamond. Además, tiene una colección de discos que datan de 1950. “Es que eso es muy buena música,” se justifica René y sigue pasando lista de los vecinos del campamento con extraordinaria memoria.

Luego vivía el doctor Hernán Duarte, que tenía una nana que le decían Motita, se llamaba Amelia Mota Aguilar y era del barrio de San Sebastián de Mérida. Yo me llevaba muy bien con ella, tan bien que fue mi madrina de Primera Comunión. Luego estaba la casa del Mulix Gamboa; seguía la del maestro Miranda, que después fue a la Colonia. Aaah, del otro lado vivía el tocayo de nuestro presidente don Porfirio Díaz, el papá de Adda, Ema, Elamy a quien todos conocimos como Mimí y Eyra Díaz. Don Porfirio era nuestro orgullo, no cualquiera tenía de vecino un tocayo del presidente de la República, sólo que el nuestro era el molinero de La Sierra, ja ja ja ja…

Continuará…

L.C.C.  Vicente Ariel López Tejero

vicentelote63@gmail.com

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