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La naturaleza del fenómeno del “maltrato entre iguales”, también conocido a nivel internacional como bullying, hace referencia al establecimiento y mantenimiento de relaciones desequilibradas de poder entre sujetos que conviven en contextos compartidos del entorno escolar, durante espacios de tiempo prolongados, en las que se establecen dinámicas de dominación y sumisión que desembocan en agresiones de quienes ejercen el poder de forma abusiva hacia quienes son sometidos al papel de blancos o víctimas de esos abusos; en todo acoso hay una víctima, un victimario y los espectadores.
Revisemos dónde se origina esto, la llamada ESCALERA DE LA VIOLENCIA, que es la tesis que ha desarrollado EL MURO A.C. para comprobar y explicar que la violencia empieza en casa, y que siempre se genera en contra de los seres más débiles o que son considerados “inferiores”.
Los mexicanos no somos muy valientes que digamos, y siempre nos vamos contra los más débiles en lugar de ponernos con uno de nuestro tamaño, generando una ESCALERA DE LA VIOLENCIA en la que el adulto hombre se desquita con la mujer, la mujer con los hijos y los hijos contra el animal doméstico, provocando así la agresión hacia los más débiles, siempre de manera descendente.

Lo grave de esto no es que el perrito o gatito siempre sea sujeto de la agresión y crueldad de los humanos, sino que ese niño que lo agrede crece aprendiendo que está bien desquitarse contra los más débiles: crecerá y comenzará a escalar peldaños en la escalera de la violencia, agrediendo así no sólo al animal sino a todo ser vivo que esté debajo de él en la escalera de la violencia, ya que es más débil y, ante sus ojos, inferior.
El fenómeno del bullying ha crecido de manera desmedida, aunado a que los niveles de violencia en la sociedad en general también van en aumento. Abuso y maltrato animal, asesinato animal, tortura animal. ¿Por qué la gente hace lo que hace con los seres más pequeños y débiles?
Crecer en un ambiente en el que se puede atacar a los seres más débiles sólo porque se les considera «inferiores”, porque es “normal” o “común”, provoca en los seres humanos una mala concepción del valor de la vida en cualquiera de sus formas.
Poder, desahogo, impotencia, liberación son detonantes que van de la mano; la imperiosa y casi incomprensible necesidad humana por reflejar y replicar sus males; demostrar que es superior, no ante el pobre animal sino ante otros; cerebros que, por alguna razón, en vez de analizar su propio daño que diera como resultante el cambio en pro de la defensa o cuidado sino que, por el contrario, desarrollan una empatía diferida, una empatía que los hace vincularse con el goce del perpetrador, no con el dolor de la víctima.
Un porcentaje de las víctimas del ahora denominado bullying suelen ser quienes, nutridos por la necesidad de liberar la impotencia, el dolor, la rabia, la desesperación, y por sentir el poder en sus manos, incurren a prácticas reprobables como la tortura.

Personas que posiblemente nunca habrían pensado llegar a causar daño, personas que uno no podría predecir que cambiarían de ese modo por el desgarre interior de su ser – una ruptura mental – ven esas pautas y actitudes como los únicos cursos de acción que pueden tomar para dejar de ser víctimas, para pasar a victimario, a manipulador, al poseedor de algún tipo de poder.
Entonces, ¿es adaptación? ¿Cambia su manera original de comportamiento para poder sobrevivir? Ciertamente el continuo abuso (tanto físico como mental) y sentimiento de soledad, el miedo e impotencia absoluta, todo lo empuja sin remedio a tomar el fatal camino del suicidio o el sometimiento.
Pero lo grave es que el suicidio entre menores de edad – de cinco a 13 años principalmente – se ha incrementado ya que, además del ámbito escolar, los menores son humillados y maltratados en las redes sociales.
México ocupa el primer lugar internacional de casos de bullying en educación básica, y Yucatán el segundo lugar en suicidios. Debemos prestar atención y poner una solución a este gran problema social.
Como podemos ver, el bullying y el maltrato animal están estrechamente relacionados.
Existen inconscientes padre de familia que permiten que su hija tenga una mascota, un perro por mencionar algún tipo, cuando saben perfectamente que la chica no es apta ni está preparada para la responsabilidad, y que además le informan que no la apoyarán o guiarán en la crianza del animal. ¿Qué pasa entonces? Que el perro se convierte en el objeto de desquite de las frustraciones de la niña y en un prisionero, posiblemente amarrado todo el tiempo por no entender con palabras lo que le dicen, golpeado incesantemente por no obedecer instrucciones jamás enseñadas, o por hacer cosas que no debería, aun cuando esas cosas nunca han sido especificadas al perro de la manera debida y apropiada.
Hay que pensar en maneras para cambiar la mentalidad de los niños, de los adolescentes y jóvenes adultos que serán los nuevos y próximos padres, para que eduquen a sus hijos en la filosofía de la no violencia, del amor y respeto y cuidado de la vida, tanto humana como animal.
¿Qué hacer ante los abusados que ahora abusan?
Si estas personas fueron torturadas hasta el grado traumático en que se convirtieron en los verdugos, ¿entonces qué es lo que debemos hacer? No hay soluciones fáciles. No hay apoyo gubernamental para protección animal, mucho menos un plan para evitar que más personas, por el motivo que sea, comiencen a generar violencia sobre algún ser vivo, ni existe método de educación teorizado. Lo que hay son personas tal vez como tú que pueden intentar detener esta violencia, intervenir cuando un animal pasa de mascota a prisionero, que ayuden a esparcir la igualdad más que el amor pues, aunque se pudiera no sentir amor por los animales, sí puede aprenderse a respetar su vida, su existencia.
Por eso en El Muro A.C., con el objetivo de disminuir estos índices, hemos implementado un plan de prevención que concientiza a niños sobre la importancia del respeto hacia todo ser vivo mediante la EDUCACIÓN. Únicamente consiguiendo que cada uno de los que se ubican en los diferentes peldaños comprenda la importancia del respeto hacia aquel que considera “el más débil” de sus subsecuentes lograremos que, en lugar de que actúe de manera violenta contra él, sea cuidadoso y protector del mismo.
La misión principal de padres de familia y maestros debería consistir en formar seres HUMANOS responsables, con valores y principios que vayan encaminados siempre al respeto por la vida en cualquiera de sus formas.
Sabemos que en esta lucha no estamos solos y que juntos podremos lograr un verdadero cambio; la violencia empieza en casa pero ¡la EDUCACIÓN Y LA PAZ también! Así que en nosotros está el hacer de esta sociedad un ambiente armonioso en el que todos los seres vivos gocemos de los mismos derechos.
Dra. Carmen Báez
Presidenta de El Muro Mérida A.C.





























