Visitas: 2
Arte

A pesar de las dificultades por las que pasa nuestro mundo,
nunca perdí en mi interior el amor en el que fui educado,
ni la esperanza del hombre en el amor.
Marc Chagall
HORTENCIA SÁNCHEZ
Cuando escuché que traerían la obra de Marc Chagall al Centro Cultural Olimpo, me programé para asistir a disfrutarla, por lo que este domingo recorrí despacio cada una de las salas donde se encuentra.
Me mueve la entraña ya que, en estos tiempos en que los países continúan en la eterna pelea y los ciudadanos del mundo tomamos partido y damos, o no, la razón a las naciones que viven el conflicto, es un alivio disfrutar en mi ciudad de la obra de tan importante creador, uno que en sus obras comparte su preocupación por la guerra, la paz mundial, la religión, el amor; que utiliza un estilo abstracto, combinando el cubismo, fauvismo y surrealismo.
En una de las salas se encuentran cuadros con temas evangélicos en los que los personajes representan partes de la Biblia. Las personas que asisten a esta exposición encuentran comunicación y lecturas muy particulares de la obra.
La pintura de Marc Chagall me resulta “juguetona”, me imagino al pintor creando, como un niño que explora con las formas, el color, los animales fantásticos, los sentidos. Pero también al joven y hombre pleno que disfruta plasmar, de muy diversas formas, el cuerpo humano, acompañado de animales que danzan y se unifican por medio de las tonalidades azules, amarillas, naranjas, rojas, colores vivos, intensos.
Hubiera querido mirar el cuadro del caballo “Yo y la Aldea” u otros donde los gallos son parte importante y casi los cubren por entero, pero para eso tendría que viajar al extranjero, algo lejano para mí porque no me agrada viajar mucho tiempo en avión, ni pensar en trámites para poder visitar otros países, además, claro está, del recurso económico.
Valoro los esfuerzos que se realizan por traer arte de buen nivel a nuestra calurosa Mérida ya que, aunque no sean los cuadros de gran formato, el estilo está ahí: Marc Chagall, el creador.
En estos tiempos en que de a poco vamos saliendo de la pandemia, disfruté enormemente caminar estos espacios.
Al entrar al Centro Cultural, me recibió la exposición CUATRO ESCULTORES, Greda Gruber, Jesús Peraza Menéndez, Juan Pablo Mier y Terán y Rosario Guillermo. La mampara de presentación nos señala:
“La escultura contemporánea meridana tiene entre sus integrantes grandes y sólidos artistas, inequívocamente yucatecos y meridanos, porque al fin y al cabo Yucatán adopta con sus colores, con sus formas y esencia, con el conocimiento y la cultura de nuestros ancestros mayas. El orgullo es compartido, ellos difunden su arte por el mundo como yucatecos y nosotros decimos que son nuestros.”
Resulta importante que las instituciones arropen la obra de creadores que dan vida y contribuyan a reflejar a una sociedad tan diversa, que vive y se desarrolla en desigualdad de condiciones, ya que por medio de su obra exploran y comparten su particular visión de estas tierras.
He podido estar cerca de la obra y la presencia del maestro Jesús Peraza, por lo que comulgo con su trabajo que da vida a la piedra y la madera, trasformando su uso cotidiano por obra viva y trasportadora de sueños.
La obra de cada escultora y escultor en esta exposición, que definiría como una parte de su obra, me resultaron poderosas.
Al compartir algunas imágenes de la exposición, algunas personas me preguntaban si la obra continuaba en exhibición, por lo que les comparto que estará hasta el mes de mayo.
Pensé que tendría que hacer cola para entrar a disfrutar de estas exposiciones pero, como estará buen tiempo, el recorrido es sin amontonamientos y se tiene la posibilidad de mirar en paz y en calma las esculturas y cuadros.




























