Primer Informe

By on diciembre 5, 2019

Editorial

A quererlo o no, debemos reconocer que los usuales esquemas políticos, la parafernalia oficial del pasado reciente en cuanto a informes anuales de los gobernantes del país, han sido rebasados por los tiempos y las circunstancias.

Este Primer Informe de gobierno del presidente en turno es el punto de ruptura histórico, tanto por el actor principal como por las formas incorporadas en su misión y visión, de lo que es la política nacional.

Apenas el año anterior era el recinto del Congreso de la República el que se engalanaba, emitía invitaciones, cuidaba el protocolo y controlaba, vigilaba, y hasta restringía los accesos a unos centenares de invitados.

En contraste, el primer informe oficial del nuevo gobierno nacional se realizó en un espacio abierto, el corazón popular de la república: la Plaza de la Constitución del Centro Histórico de la Ciudad de México, a la cual largos millares de asistentes tuvieron libre acceso, a pleno sol, para escuchar el contenido del documento leído por el actual presidente de la república, Lic. Andrés Manuel López Obrador.

Frente a frente, gobernante y gobernados compartieron por algo más de una hora el desglose de las acciones, un resumen de resultados carente de una parafernalia engorrosa que impidiera la comunicación política entre el gobernante y sus gobernados.

Grupos disidentes tuvieron facilidades para manifestarse en lugares abiertos de la propia capital del país, con el fin de expresar sus diferentes visiones sobre el evento y documento presentado en él. Su éxito fue limitado.

Para quienes seguimos la transmisión televisiva por un enlace abierto, la asistencia y la atención de los millares de asistentes a ese espacio público fue respetuosa y total, libre, abierta incondicionalmente a quienes deseaban estar ahí en esos momentos.

Frente a frente, sin más personajes en el escenario principal más que una bandera de México y la esposa del mandatario, los gobernados escucharon la totalidad del informe expresado de viva voz, sin apoyos tecnológicos o visuales de imágenes impactantes, leído por el presidente de la República quien, al culminar su mensaje, descendió y caminó para saludar a los millares de manos extendidas para felicitarlo o entregarle peticiones escritas, solicitarle alguna dedicatoria especial en su reciente libro, o estrechar su mano en señal de comunión con el servidor público más visto, comentado y/o criticado en el período del 1° de diciembre 2018 al día equivalente de 2019.

El mensaje quedó ahí, en su detallado análisis, flotando libre en la plaza, en lo que se ha venido calificando como la 4T, la Cuarta Transformación del país, continuación de las tres primeras: Independencia, Reforma y Revolución, todas ellas un sacudimiento de las conciencias y los sistemas de gobierno.

Nuestro comentario editorial de hoy va en el sentido de que debe valorarse el texto expresado y realizar cada quien, en lo individual como ciudadano, una reflexión serena sin apasionamientos ni ligereza en la expresión de criterios. Las tres anteriores transformaciones se realizaron cuando nuestro país estaba inmerso en diferentes contextos geopolíticos mundiales.

La Independencia nos trajo autonomía. La Reforma aportó filosofía e ideas evolucionadas. La Revolución constituyó la ruptura con los viejos vicios de un sistema de gobierno clasista.

Actualmente, lo que está en construcción es un sistema de gobierno que satisfaga las angustias y necesidades de las grandes mayorías, y establezca formas de avance social sostenido y equilibrado entre las fuerzas económicas y políticas, desterrando la corrupción.

Un año no es suficiente para corregir deficiencias heredadas de un siglo precedente.

Es apenas iniciar los primeros pasos hacia el destino equilibrado que merecemos todos los mexicanos en libertad y justicia social.

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