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¿Por mi trampa hablará el espíritu?

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Con ánimo de modernizarse, la UNAM decidió que los exámenes de admisión este 2026 se harían en línea en vez de la tradicional forma que requería la presencia del interesado en la fecha, lugar y hora establecidas.

Al publicarse los resultados, resultó que los puntajes obtenidos por muchos de los que presentaron el examen no solo resultaron perfectos, cuando históricamente nunca lo habían sido, sino que presentaban anomalías estadísticas que no son fáciles de explicar, todos mostrando mejorías históricas. La sospecha de que se había hecho trampa rápidamente creció.

En consecuencia, ante el creciente escándalo y escrutinio a que se ha visto sometido el proceso, la UNAM se ha visto obligada a iniciar una investigación formal del proceso, nombrando comités internos, cubriendo el procedimiento, los exámenes y los resultados.

Al mismo tiempo, presentó una denuncia penal contra cualquiera que haya obtenido beneficios por la venta fraudulenta de “ayudas” para pasar el examen. O sea, la UNAM ya entendió que alguien “pasó el fusil” (como llamábamos a pasar las respuestas del examen a alguien en nuestros años de estudiantes), y por eso pasaron tantos y con tan excelentes calificaciones.

No es la intención de este comentario hablar de la UNAM, otrora institución de excelencia con reconocimiento mundial, que ha venido cada vez más a menos desde los tiempos del Mosh, la aceptación y nula cancelación de la plagiada tesis de una magistrada del Tribunal Superior, y las dudosas licenciaturas de otros infames personajes que ahora son adalides de la “política de transformación” que tiene postrado al país. En realidad, este es tan solo un nuevo ejemplo de la torcida mentalidad del “haiga sido como haiga sido” que abunda en nuestro país, tan en boga y en hombros de la ignorancia del «pueblo».

Históricamente, los mexicanos hemos impulsado las vivezas, las trampas, impulsándolas con frases como “Ponte vivo” (“Ponte xux” es nuestra versión yucateca), “Es un vivillo”, “El que no transa, no avanza”, y otras linduras, alentando a aprovecharse de cualquier oportunidad que se presente, por las buenas o por las malas.

Ejemplos de “vivales” los tenemos a la vista, convivimos con ellos: son aquellos que amedrentan y amenazan para obtener beneficios; aquellos que se pasan los semáforos en rojo: aquellos que no pagan impuestos; aquellos que piden dinero para “engrasar la maquinaria y se agilicen los trámites”; aquellos que, sin estar preparados, aceptan posiciones importantes en la administración pública, los vuelven legisladores, y luego los vuelven prominentes políticos, ¡y hasta presidentes!

Todos estos jóvenes tramposos aspirantes para ingresar a la UNAM, por si fuera poco, con sus acciones demuestran su admiración por la piara que conforman los personajes del párrafo anterior. Esos vivillos desean que se respeten los resultados, que no se repita el examen. De lograr sus propósitos, México y la UNAM habrá abierto la puerta a más “vivales” que a aspirantes a profesionales éticos y preparados.

Sin duda, hubo algunos aspirantes que no participaron en esta viveza, que se prepararon a conciencia y dieron su mejor esfuerzo para obtener una matrícula que les permita aspirar, con los estudios adecuados, a una profesión honesta y un mejor futuro.

En estos días de pretendida transformación para el bienestar, vemos cómo se está abaratando la educación como nunca. Por ejemplo, cancelar exámenes finales, otorgando pases automáticos, no genera mejores estudiantes sino aumenta su mediocridad, que a su vez impide desarrollar ciudadanos responsables y con adecuada preparación que puedan contribuir al crecimiento del país.

La nación necesita de los mejores egresados de la UNAM para salir de la miasma en que nos tienen sumidos, no de los mediocres que conforman la caquistocracia política que padecemos.

¿Ha platicado usted recientemente, amable lector, con un profesor de Primaria, Secundaria, Peparatoria, o Profesional? ¿Los ha escuchado decir que sus alumnos están cada vez más preparados académicamente o, por el contrario, que la regresión académica está empeorando?

Como en todo, la solución está en nuestras manos.

Cambiar para mejorar debiera ser la consigna que guíe siempre todas nuestras acciones y, entre ellas, la intención de nuestro voto.

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