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José Juan Cervera
Una sonrisa entre la muchedumbre transforma la soledad en campo de labranza y abona con sus promesas la incierta cosecha del porvenir.
Cuando la sombra empaña miradas ansiosas, la languidez de los guiños corteja de soslayo los desvelos que colman la oscuridad circundante.
El lenguaje corporal dosifica signos de vida cuando la sobriedad busca nuevos caminos de expresión.
Los presentimientos ruedan ligeros sobre la piel que recrea, en minutos contados, la placidez de la conciencia.
La sabiduría del cuerpo sugiere rutas discretas para llegar sin apremio a la comunidad de espíritu.
Las campanas del regocijo sumergen sus ecos en las gotas de vino de un cáliz que nutre promesas de ventura en atmósferas viciadas.
Una mirada risueña pasea su plenitud, ligera y satisfecha de hallarse en territorio de afinidades nutricias.
Quien la ve internarse en campo de fertilidad renacida comparte el deleite de los frutos concebidos en la calidez de encuentros azarosos.
Los dones que florecen a la sombra de formas visibles traen una mezcla de acentos cálidos y fuerzas silentes que animan la fase inicial de un ciclo prometido.
La savia que procura la placidez de los cuerpos fluye en surcos que proveen frescura de mutuo entendimiento.




























