Pibil Contra el Devorador

By on febrero 9, 2017

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Pibil Contra el Devorador

La desaparición de personas en Abalá atrajo la atención de todos. Medios nacionales corrieron la noticia que pronto, a través de las redes de internet, se volvió viral, planteando diversas hipótesis: un asesino serial, secuestradores, etcétera.

Siendo originario de este municipio, decidí visitar a mis parientes, preocupado por su seguridad. Un domingo muy temprano, salí de Mérida, donde radico desde hace más de 30 años, ‘devorando’ con mi volchito los 118 kilómetros de distancia.

Fui recibido con gran afecto por mis tíos y primos, quienes me prodigaron un almuerzo digno de un sultán. Tras el postre ellos me explicaron que hacía 3 semanas que iniciaron las desapariciones; hasta entonces las víctimas habían sido tres adultos, dos niños y varios animales. Pasé con ellos varias horas, y por la noche me despedí, dirigiéndome a la gasolinera para recargar combustible (gasolina para el carro y botanas y chescos para mí).

Eran cerca de las 10 de la noche cuando inicié el retorno a la capital yucateca.

Tan solo había recorrido 4 kilómetros cuando una mujer me detuvo pidiéndome auxilio. Me dijo que su padre salió en persecución de un ladrón que se había robado un cerdo y no había regresado.

Le dije que se quedara en mi auto y me dirigí rumbo al monte, para tratar de hallar al anciano. Como a cien metros, escuché gritos de terror y decidí adoptar mi alter ego: aquella era una misión para Pibil.

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Corrí para descubrir que aquel no era un ladrón, sino un ser enorme, amorfo, con un penetrante olor a yerba. Sujetaba con sus ‘tentaculosos’ brazos al señor. Traté de auxiliarlo, pero el ente se lo tragó entero, lanzando un grosero eructo antes de avanzar a mi dirección. Como el Correcaminos, yo ya huía raudo y veloz.

Me siguió, arrastrándose, emitiendo un sonido indescriptible. Mi error fue voltear para ubicar su posición, tropezando y permitiendo que me alcanzara. Me atrapó y engulló de inmediato, sin darme tiempo de gritar.

Y en ese momento desperté…

Ya no vuelvo a cenar tantos panuchos antes de dormir.

RICARDO PAT

riczeppelin@gmail.com

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