Perspectiva: El Cambio de Horario

By on abril 3, 2015

“Los cambios no son permanentes, pero el Cambio sí lo es…”

Tom Sawyer, Rush

El próximo domingo de Resurrección, el día 5 de abril, a las 2 de la mañana el horario de “verano” entrará en vigor, y durará hasta el último día de octubre de este año.

Los expertos nuevamente nos dirán que nos tomará aproximadamente una semana para que nuestros organismos se adapten a los cambios, pero todos los que recordamos cuando no existían estos ajustes de horarios disentiremos de su opinión.

Cuando se tomó esta decisión, se festinó bajo diferentes rubros: que estábamos siendo “ecológicos” al ahorrarse combustóleo y aprovechar mejor la luz natural, que la nación – y nosotros – estaba ahorrando dinero en CFE al utilizar menos recursos para atender la demanda, que era una decisión de primer mundo, que así nos alinearíamos a los horarios del turismo internacional, y una larga fila de etcéteras con tal de que aceptáramos de buen agrado los cambios.

Sin embargo, a casi veinte años de distancia, aún no vemos los ahorros en donde verdaderamente importa: en nuestros bolsillos. Porque, en serio, ¿en realidad está siendo más eficiente en sus gastos el gobierno, o la CFE? Decisiones de este tipo serían entendibles si se administrara la nación como una empresa privada, pero cuando se trata de gastarse todo el presupuesto e incluso más de él para poder pedir más el próximo año (así se “justifican” los aumentos) esto viene a ser una monumental broma de mal gusto.

Nuestros jóvenes de la tercera edad son particularmente expresivos cuando se les pregunta sobre estos cambios: “son vaciladas”, “no me cambien el horario, así estoy bien”, “nunca lo necesitamos antes, ¿por qué ahora piensan que sí?”. Comparto su manera de pensar: no le veo el sentido a hacer estos cambios. Si a eso agregamos los que el ranchero-presidente-cocacolero Fox hizo en cuanto a mover los días de nuestras principales efemérides nacionales al lunes o viernes más próximo a su cumplimiento, también escudado en eso de “fomentar la actividad turística”, pues el agravio y la inconformidad es mayor.

Lo que no entienden los políticos es que no nos interesa que beneficien lo que ellos llaman “sectores” sino que los esfuerzos deben dirigirse a la mayoría de la población, y ahí es donde se les apaga el pobre foco que les ilumina el cerebro. Acciones que benefician a todos son reducciones en impuestos, reducciones en gastos, mayor cantidad de fuentes de trabajos, reactivaciones económicas a través de acciones que afecten directamente la nuestra, no la de ellos ni la de sus obras de oropel en las cuales se benefician ellos y su cuadrilla en contubernio (Tekax, Ticul, son ejemplos cercanos de lo que aquí se escribe).

No me parece que los tiempos sean de seguir creciendo por “sectores”, no solo por la notoria incapacidad de los que detentan el poder en pensar cómo beneficiarnos (buenísimos son, eso sí, para “beneficiarse”) a la mayoría, sino porque estamos cansados de lo mismo: palabras huecas, dispendio en acciones que de ninguna manera son perecederas, impunidad, enriquecimiento de la clase política de siempre. Ese cansancio está siendo cada vez más evidente y parece que no se entiende el riesgo social que acarrea esta situación.

Albert Einstein nos da un garbanzo de a libra con este inmortal concepto: “si queremos que los resultados sean diferentes, debemos hacer las cosas de diferente manera”.

Desde esta perspectiva, tal parece que nuestra iletrada clase política espera que las cosas cambien con las mismas prácticas de antaño. Pierden de vista que todos nosotros hemos sufrido cambios, nos hemos adaptado y hemos sobrevivido, pero que nuestra paciencia – su capital político – está en números rojos, y que más les vale que despierten, porque el Cambio ya está aquí…

Gerardo Saviola

gerardo.saviola@gmail.com

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