Perseguir el Mito II

By on julio 10, 2015

PERSEGUIR EL MITO II

PERSEGUIR EL MITO

Habrá que perseguir el mito dentro de nosotros,

el mito que nos hará despedazarnos.

 

HAN DERRAMADO SU FRONDA LOS ÁRBOLES ETERNOS

Este jardín inmenso contempló la fuga

del odio simulado en que pernoctan a la intemperie

Ellos              Cualesquiera     Esos otros

los que no han podido deformarse.

El despiadado buitre les escarba

una vela extinta y silenciosa.

Una madera dura ya de muerto

detiene el cauce del Estigio

el iracundo camino del Leteo.

Ellos o nosotros                               los de siempre

siguen buscándose en los pantanos del silencio,

como una voz tejiendo nuestros nombres en los árboles

o el espinazo colmando sus avispas.

Todo viene a redimirlos

todo   como sustancia informe   quebrando los tatuajes,

piedras luminiscentes en cada rododendro,

los muslos y su gangrena de fuego

ante el sol que nunca se detiene: hojarasca hojarasca

y un trébol deshojado.

 

ELLOS SE BUSCARÁN HASTA COMPLEMENTARSE

Esos dos              Aquellos              Esos otros

que han tirado los ojos a la vida,

ante la muerte son espada de gemidos,

un tañir lastimoso en que se cierran las campanas

comulgando en la alegría del fuego

Nosotros             Ellos       Cualesquiera

bajo el sonido amargo de los campanarios

que nos reinventan,

como unos ojos una espalda o las cejas,

sobre la costra en que todo se consume

para perder la voz e imaginarse desnudos

clavándose los garfios.

 

EN LA AGONÍA DE PERTENECERNOS

Somos así,

orquídea y aguijón de muerte,

inesperados y hambrientos.

Una mentira de dientes filosos,

la vela   el grillete del odio

Uno más             Único    Indivisible demonio

devorando las noches calurosas.

 

En tus lamentaciones me invocas,

como el mismo Jeremías desnudo en las murallas,

y te regalas intacta a cada Nombre,

a cada religión o historia que me ha dado forma

como una lengua mítica ya olvidada

Era yo Nemrod y tú:

mi devastada Babilonia

 

ERES TÚ DETRÁS DE LA COLINA

tras el inabordable grito de infantes perseguidos por Herodes,

dentro de las alcantarillas de la Casa de la Muerte

en que Sinuhé aprendió la necrofilia.

enredada con las sombras sobre contraluces,

en las costuras de vidrio,

o las puntas desplegadas del diamante,

junto a la tienda abierta de Amunenshi que todo lo abarca,

extiendes el ojo buscándote en cada rostro marcado por la arena del desierto

en que me has desperdigado…

 

Adán Echeverría

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