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Perder la libertad o perder la realidad

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Opinión

Jorge Pacheco Zavala

El FOMO, que por sus siglas significa fear of missing out (miedo a perderse de algo), específicamente se refiere a la necesidad que desarrollamos por permanecer constantemente conectados a las diferentes redes sociales, asociado a un tipo de ansiedad producida por el uso desmedido y adictivo a las mismas.

En el año 1997 apareció la primera red social, Six Degrees, pensada con la finalidad de conectar a conocidos y a familiares distanciados. Luego de que Six cerrara en 2001, aparecieron casi al mismo tiempo Linkedln y My Space, en el 2003. Fue hasta el 2004, como una herramienta universitaria en Harvard, que nacería la que hasta hoy permanece. Su expansión a un número considerable de universidades en el primer año le hizo ganar adeptos para llegar en la actualidad (2024) a tener más de 2500 millones de usuarios activos cada mes. Por supuesto, me refiero a Facebook.

Sin embargo, hoy, como nunca, nuestras libertades personales, emocionales, mentales, han sido secuestradas con nuestra anuencia. Porque ¿quién más sino nosotros somos los responsables de entregar nuestra libertad? Esta ansiedad asociada al uso de las redes nos impide concentrarnos, relacionarnos empáticamente, y hasta desarrollar un sentido reflexivo en algún momento de nuestros días.

El sonido del celular es un llamado a la acción; al mismo tiempo, también es un llamado a pausar lo que quiera que estemos haciendo. ¿Se ha fijado usted que una gran mayoría de comensales que van a un restaurante, tengan enfrente un acompañante o no, colocan estratégicamente su aparato celular a un costado, por si acaso…? Interactuamos siempre y cuando no llegue alguna notificación o entre alguna llamada. Nuestro interlocutor es importante, siempre y cuando no suene o vibre el aparato.

No falla en mis talleres de creación literaria que alguien deje el aparato sin silenciar, o quien en una clase mía o de cualquiera, en un acto de menosprecio, se va de la clase para contestar o llamar.

El uso del celular amerita cierta clase de respeto y educación que hoy para la mayoría carecen de importancia. ¿Recuerda usted que hasta antes de la década de los 90 uno salía de casa y la única forma de conexión telefónica posible era hacer una llamada a un teléfono fijo? Observe la diferencia: ahora para hacer una llamada primero mandamos un WhatsApp para preguntar: “¿Te puedo llamar?”. Increíble, ¿no le parece?, cuando antes sólo llamábamos: “Hola, ¿se encuentra Juan…?”

Así que no todo ha cambiado para bien. Es un hecho innegable que nos hemos ido despersonalizando cada vez más…

Estas son mis recomendaciones si va a estar pendiente del celular…

  • No lea un buen libro
  • No cocine
  • No converse con alguien
  • No vea una buena película
  • No haga el amor
  • No medite
  • No ore
  • Y, por supuesto, no tome clases conmigo…

La expresión en latín Quod facis (Haz lo que haces) debiera ser directriz para cambiar la forma en que nos relacionamos con la tecnología. Por supuesto, no debemos satanizar a las redes o el uso de tecnologías, herramientas muy importantes en la actualidad, a pesar de que aún carecemos de sabiduría y dominio para tener una vida en control en vez de una vida controlada.

Con las tecnologías y la virtualidad no solo corremos el riesgo de perder la libertad, sino también de perder o confundir la realidad. En la actualidad, es fácil perderse entre estos dos mundos: lo real y la ficción. Cuando vemos en las redes un rostro o un cuerpo de una mujer alterado con Photoshop estamos siendo testigos de una imagen virtual, no se trata de la realidad capturada, sino de la realidad alterada.

Cuántas veces lo que vimos en una imagen dista mucho de ser lo que ahora vemos en vivo y a todo color. Alguien tal vez dirá que la realidad es subjetiva. Sin embargo, cuando la realidad ha sido manipulada en aras de otra realidad, se le conoce como realidad adulterada.

Sé que incluso nosotros llegamos a tener percepciones propias alteradas, pero eso es debido a una falla en nuestra identidad o en la manera en que nos vemos, no debido a la manipulación externa de esa realidad.

Entre la libertad y la realidad existe un puente que todavía hoy parece invisible…

1 COMENTARIO

  1. Excelente reflexión acerca de la «plaga» de este siglo.
    Una visión asertiva con relación a la despersonalización a la que nos ha llevado la tecnología digital.
    ¡Enhorabuena al maestro Jorge Pacheco!

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