¿Nuevos paradigmas en 2020?

By on enero 17, 2020

Editorial

A quererlo o no, deberemos reconocer que se están dando cambios sustanciales en las sociedades del mundo. ¿Cómo se originan? ¿Cómo surgen? La coexistencia cotidiana que nos ofrecen los medios de comunicación con la publicación de sucesos, unos gratos y otros desagradables, nos dan la percepción de lo que ocurre en otras latitudes y núcleos humanos.

Así nos enteramos de hechos, acciones, sucesos, y contingencias mundiales emergentes de las cuales nos llegan influencias que afectan de manera sustancial a nuestros países y entornos sociales, dado que en todos ellos ya se tienen modos y maneras históricas de vivir y convivir.

Los medios de comunicación tenemos en ese proceso informativo una gran responsabilidad, porque para nosotros no existen casos de excepción cuando honestamente cumplimos con la función de informar verazmente y con oportunidad a nuestros lectores y seguidores.

Los medios de comunicación somos testigos obligados de la historia. Por ello la honestidad y la franqueza deben ser características de nuestra cotidiana tarea informativa.

Lo anterior viene como sustento de una apreciación editorial sobre cambios sociales que se van dando por influencia de campañas periodísticas constantes, hechas para influir en los lectores y/o audiencias. En veces pasan en invisibilidad, y eventualmente se dan de manera visible.

Por ejemplo, la imagen de la publicitada mujer moderna ya no incluye su tarea reproductiva como integradora de familias, sino se enfatizan los maquillajes, las apariencias, y los cuerpos, plenos de redondeces, envueltos en ropajes provocativos y escasos. No escapan en tales campañas los varones, a quienes se exalta por su apariencia física o belleza masculina, no por sus valores, su calidad humana, su capacidad de trabajo.

Los publicistas de hoy parecen olvidar intencionalmente que, sin los ejes familiares, ninguna sociedad puede aspirar a un futuro histórico viable.

La maternidad y la paternidad, con su alta carga de responsabilidades, deben rescatarse y enaltecerse como ejes firmes y constantes de cualquier sociedad.

La publicidad puede fascinarnos temporalmente con un mundo de apariencias, pero no debe hacernos olvidar ni hacer a un lado nuestra escala de valores adquiridos. Hay que revalorar siempre las responsabilidades. Consideremos que la simple exaltación de la belleza temporal siempre será pasajera, ya que declina con la edad en los seres humanos.

La publicidad fascina con imágenes, la realidad impacta con hechos.

Reflexionemos antes de optar por un cambio de paradigmas. Recordemos que nuestra presencia en el mundo civilizado ha superado prototipos agotados.

Meditemos sobre el contexto familiar o social en que aspiramos a vivir los próximos años y comencemos, desde ahora, a fortalecerlo sobre la base de los paradigmas que heredamos y nos enaltecen como seres humanos merecedores de un mejor destino.

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Diario del Sureste