Ninguno de los dos existía

By on diciembre 5, 2019

                                                             Jesús Fuentes

Ninguno de los dos existía.

Como sombras caminamos, más allá

de toda muerte

lo sepamos o no

necesitando el laberinto

de nuestras propias manos.

No hace falta decir

lo que nada se dijo.

¿Cuántos días no hemos tú y yo

horadado al corazón y el cráneo?

Suma de tantas miserias,

de un final y un comienzo.

No pidamos lo posible imposible.

Hemos sido desmenuzados

por el viento, derrotados

por el golpe de absurdas discusiones

en lo que no puede continuar,

y no comienza.

Tú eres joven,

ninfa del atardecer,

habitante del Olimpo.

Yo el viejo, amante,

hacedor de caminos,

de cielos vastos como lienzos.

Sé que nunca lo comprendiste.

¿Qué hicimos? ¿Qué fuimos?

Así nosotros, floreando nuestra esquela.

¿Acaso tú no eres tú?

¡Yo no soy yo!

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