¡Ni perdón ni olvido!

By on enero 31, 2019

Editorial

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Los antiguos cánticos triunfantes del pasado reciente, la exaltación de las falsas virtudes en programas oficiales de los gobernantes de sexenios anteriores, caen por tierra y se despedazan ante las indiscutibles verdades que van asomando en el escenario nacional.

Aquellos clamores triunfalistas y grandilocuentes son ecos de un pasado que, por lo visto, solo sirvió para crear falsos escenarios y enmascarar tristes realidades.

Viene a la mente ese juego perverso de un gobierno previo al socialismo soviético, en la época de los zares, cuando en la ruta que iba a recorrer el gobernante ruso, en el trayecto y su recorrido, se creaban escenarios y se simulaban alegrías, aplausos, se entregaban incluso flores para ser arrojadas al paso del gobernante real de esos tiempos: el Zar.

¿No nos recuerda esto a las grandes multitudes transportadas previamente a sitios que iba a recorrer algún gobernante o líder nacional?

En tanto la parafernalia cundía, los intereses oscuros se aliaban y creaban formas, o adoptaban acuerdos y decisiones con el fin de favorecer sus intereses oscuros y fortalecer sus espacios de poder.

Una apariencia falsa, llamativa, encubría negocios turbios, los manejos corruptos de las alianzas mafiosas. Y un manto de silencio cubría los espacios privilegiados de los cotos de poder…

Por más de treinta años –que incluyeron alianzas, asesinatos y tolerancias mutuas–, una casta de saqueadores se apropió de inconmensurables riquezas públicas, mintió al pueblo mexicano y tomó cuerpo fingiendo éxitos falsos que cubrían, a través de grandes campañas publicitarias, las manchas indelebles de su neófita actuación.

Poco se sabía entonces del alcance del daño que causaban al país. El empoderamiento de la delincuencia abierta y encubierta llegó a niveles intolerables.

Fue entonces cuando un pueblo dolorido, un país agotado, una sociedad hastiada, se volvió solido frente, un ariete indestructible de treinta millones de votos que dio solidariamente el grito electoral de “hasta aquí” al anti-México.

Es ahora cuando comenzamos a ser enterados de la magnitud del saqueo, de los retorcidos caminos construidos por la corrupción para que un país y sus recursos físicos y humanos sirvieran a una oligarquía hambrienta e insaciable.

Ante estos hechos, los asombrados y engañados mexicanos decimos con firmeza a todos quienes incurrieron en estas prácticas viciosas, afortunadamente detectadas ahora a través de algunos hechos que no nos dan la magnitud, todavía, de la sangría a los recursos nacionales de todos los mexicanos, que nuestro mensaje a los corruptos y a sus acciones nefastas solo puede ser uno: para ustedes, ¡NI PERDÓN, NI OLVIDO!

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