Mitsu e Hiraku (XXII)

By on noviembre 29, 2018

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‘Los Shinobi-no-mono que fueron capaces de descifrar el acertijo de nuestra existencia lograron las hazañas más memorables, y con ellas el lujo, el placer, el poder. Esa clave solo se encuentra a través de una profunda introspección, por medio de la meditación.’ – AYUMI KOIZUMI, Cronista

Chieko terminó de saborear su helado, sentada frente a aquella hermosa catedral que ocupa un importante sector de la plaza principal de la capital de Yucatán. Sentada en una banca, protegida por la sombra de un árbol, frente a aquella monumental construcción trataba de imaginar cuántos hombres habían participado en su construcción que se prolongó por 36 años. Cerró el libro escrito por el antropólogo Carlos Villanueva, experto en cultura maya, donde detallaba aspectos importantes en la historia de aquella zona.

Protegida con lentes oscuros, pasaba como una turista asiática solitaria que deleitaba sus pupilas con aquella construcción. Pero, de manera muy discreta, era protegida por dos guerreros que pasaban prácticamente desapercibidos.

Aquella sería la última noche que pasarían en aquella hermosa ciudad. Lamentaba tener que hacerlo pues, de todos los lugares que debió recorrer en la constante huida de los últimos meses, esta era la que más había atesorado. Algo había en esa tierra que la hacía sentir confortable. Sin embargo, aceptaba el hecho de que era inevitable dejarla: debían seguir en constante movimiento. Realizó un recorrido rápido para conocer un poco más de la ciudad.

Por la tarde, llegó a la casona que les servía de refugio, en la zona oriente detrás del límite de la zona urbana demarcada por la vía llamada Anillo Periférico, que rodeaba por completo la ciudad.

Hiroshi la saludó al entrar y se acercó para preguntarle, como hacía todos los días, si necesitaba algo. Ella le dijo que no, se acercó para darle un beso en la mejilla y un abrazo muy afectivo, que al ninja le supo a poco.

La diva se encerró en su habitación. Necesitaba meditar.

Los demás comenzaron a terminar de empacar lo básico, Eran 8 personas y se distribuirían para la salida en dos camionetas Ranger. Faltaban varias horas para el anochecer, así que todos volvieron a su entrenamiento y labores de vigilancia.

Hiroshi practicó con la espada como venía haciéndolo desde niño. Su destreza con esa arma fue la que lo llevó a convertirse en el líder que era. Era necesario no solamente repetir con ella las estrategias de ataque y defensa sino, sobre todo, era imperante reconectarse con su arma de manera completa.

Sabía que Chieko estaba realizando viajes astrales, que su capacidad de concentración, su enfoque natural y disciplina férrea, seguramente le permitían realizar aquellas incursiones en otros planos, e incluso interactuar con otros humanos ‘conectados’ de esta manera. Hiroshi también había logrado eso, pero se mantuvo más concentrado en sus actividades terrenales, en las funciones que le permitían seguir vivo en este plano y no soñando en otro o, peor, vulnerables a un ataque mientras sus mentes estaban fuera.

Pese a ello, llevaba varias semanas realizando sus viajes interiores, aunque hasta ahora no había tratado de contactar a Chieko por esa vía. Si ella lo estaba manteniendo lejos en la vida real, ¿qué pasaría en aquel limbo? No importaba. Lo que sí importaba era mantenerse alertas, porque sabía muy bien que Kadashi no se detendría. Su clan le había hecho llegar información importantísima donde se daba por un hecho que el ‘Asesino de Negro’ estaba tras su pista.

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Chieko había logrado en sus viajes mentales una importante conexión que le suministró el conocimiento para ir ordenando sus incursiones, para hacerlas cada vez más concretas. Cada vez que salía de su cuerpo ingresaba a una especie de enorme recinto lleno de espejos. Eran kilómetros de terreno plano con espejos de todo tipo, en diferentes posiciones y niveles, aunque la mayoría reposaban en el piso, bellamente enmarcados, había otros suspendidos en el aire. Chieko podía caminar si le apetecía, podía flotar, incluso volar; las leyes de la Física no aplicaban en ese lugar.

Comprendió que para elegir el espejo apropiado debía dejarse llevar por sus sentimientos más puros, pues solamente así lograba encontrar los accesos precisos.

La primera vez que entró a uno fue a su pasado: pudo observar su evolución desde que fue concebida, pasando por su estancia dentro del útero de su madre, su nacimiento, niñez, juventud, todo lo que hasta entonces había vivido.

La segunda fue a su futuro, o al menos a un posible futuro, donde vivía con su amado en un gigantesco castillo. Por más que recorrió habitaciones buscando a su esposo, le resultó imposible. Al llegar a la parte más elevada de aquel refugio debió abrigarse para salir al exterior, pues un frío espantoso cubría todo el entorno. Lo que vio la espantó: alrededor solamente había hielo. Su hogar estaba en medio de la nada, rodado de una masa inacabable de nieve.

La tercera vez llegó a otra época, a una muy antigua, quizá en algún espacio entre los siglos XIII y XV en el Japón. Notó que estaba vestida con un kimono realmente hermoso, caminando por un prado cautivador que le recordó aquel que rodeaba la tumba de sus tatarabuelos Mitsu e Hiraku, en aquella isla que había sido invisible durante siglos. La zona parecía próspera y la gente que la recorría le sonreía cuando caminaban cerca. Todos le parecieron conocidos, pero ninguno trató de acercarse, como dejando que ella fuera la que llegara al lugar preciso.

Fue entonces que notó la presencia de una mujer que trabajaba en algún tipo de escultura que reposaba sobre una extraña mesa. Se acercó tímidamente hacia aquella dama que inspeccionaba cada detalle de su obra.

Chieko no pudo reprimir un gemido de sorpresa cuando observó aquella escultura: era una réplica exacta a perfecta escala de la catedral de Mérida.

<<¿Te gusta?>> le preguntó la mujer que parecía ser una anciana muy dulce.

<<Es hermoso, no puedo creer lo increíble que está. Es exactamente igual, bueno, en pequeño. ¿lo esculpió con sus manos?>> respondió Chieko, fascinada.

Entonces comprendió que era la primera vez que se comunicaba con otro ser humano en aquel nivel de experiencia.

La mujer le sonrió y le dijo: <<No, hermosa, lo hice con la mente. Aquí todo se hace con la mente, porque la mente es la esencia de nuestro espíritu. Por ello me llena de orgullo comprobar que realmente tú eres la elegida.>>

<<¿La elegida? ¿La elegida para qué?>>

<<La elegida para pasar al siguiente plano, mi amor. Al siguiente nivel.>> respondió de manera amable y elegante la dama. Vestía una especie de kimono más sofisticado en un hermoso color verde oscuro.

Chieko no salía aún de su asombro cuando la anciana flotó para quedar cerca de ella.

<<Sabes quién soy corazón, ¿verdad?>>

Chieko no pudo reprimir las lágrimas cuando a su mente acudió la respuesta de manera inmediata.

<<Tú eres mi abuelita, Mitsu.>>

La dama la tomó en sus brazos y la cobijó diciéndole al oído: <<Así es, mi amor. Finalmente lograste llegar a mí.>>

Continuará…

RICARDO PAT

riczeppelin@gmail.com

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