Mitsu e Hiraku (XIII)

By on septiembre 27, 2018

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XIII

‘¿Cual versión de las hazañas de los Shinobi-no-mono deben contarse? ¿Aquella que narra las ocurridas en este plano existencial? ¿Acaso aquellas que salen de la comprensión de quienes aún no han despertado? Las primeras sorprenden, las segundas platean nuevas preguntas.’ – AYUMI KOIZUMI, Cronista

Chieko se sorprendió al llegar al dojo donde entrenaba desde hacía semanas: la aguardaba Hiroshi, vestido elegantemente con el tradicional uniforme azul oscuro, y armado con la shinobiganata, aquel sable letal. Él la miro con cariño y la invitó a acompañarlo a la parte posterior del sitio.

<<“Desde que iniciaste tu entrenamiento no has vuelto a cruzar palabras conmigo, Chieko. Eso fue hace 4 meses, ¿no crees que ya es tiempo que te vaya rebelando mayores detalles sobre la dinastía de la cual provienes?”>> preguntó el guerrero mientras le señalaba el norte.

<<“Sabía que cuando llegara el momento que tuvieras algo importante que decirme vendrías a hacerlo, justo como sucede ahora”>> respondió ella mientras salía del patio para comenzar caminar al rumbo señalado.

Hiroshi la miraba de reojo mientras avanzaban por aquella hermosa pradera donde la vegetación era sorprendente: mariposas, aves, abejas, y varios tipos de insectos coloridos revoloteaban en derredor, sin importunar a los humanos.

El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte cuando llegaron a una pequeña pagoda semioculta entre un conjunto de árboles frondosos. Subieron los escalones hasta llegar a la entrada del recinto. La puerta estaba abierta. Al ingresar, Chieko quedó sorprendida al divisar al centro del recinto unas tumbas talladas en piedra, de alguna clase desconocida porque su color era intenso.

Hiroshi sonrió al ver cómo su amada entendía que en ellas reposaban las cenizas de Mitsu e Hiraku.

Chieko, enmudecida, avanzó hasta alcanzar el borde del piso. Dos metros antes de llegar a los sarcófagos había un foso cuya profundidad era imposible de calcular al estar oculta en la oscuridad. El diseño de aquel sitio garantizaba su descanso eterno. Era evidente que en cientos de años nadie había tocado la superficie de aquella última morada.

<<“Sus restos han estado aquí desde hace centurias, ¿no es verdad?”>>

<<“No tenemos la fecha exacta, pero son al menos 500 años los que han pasado desde que fueron traídos aquí. Para todos los miembros del clan, a través de los siglos, este es quizá el lugar más sagrado después del refugio donde comenzó a conformarse nuestra dinastía, allá en las montañas de Tokio.”>>

Hiroshi tenía muchas cosas que decirle a su amada, pero le costaba trabajo iniciar el intercambio.

<<“Como sabes, mi verdadero nombre es Hibiki Matsumoto, descendiente directo del fundador de nuestro clan; tú eres descendiente directa de Mitsu e Hiraku, quienes aquí reposan. Nunca creí que el hecho de que nuestras vidas se unieran fuera una casualidad. Sé desde lo más profundo de mi corazón que mi destino estaba entrelazado al tuyo, y que no es casualidad que todo lo que ha ocurrido nos condujera finalmente a este momento. Te amo tanto que daré mi vida por ti si es necesario, no porque sea un mandado sagrado para mantener viva nuestra estirpe, sino porque para mí tu eres lo más valioso de este plano…”>>

La voz de Hiroshi se rompió de pronto. Gruesas lágrimas resbalaron por sus mejillas sorprendiendo a Chieko. Conmovida, se refugió en aquellos fuertes brazos. Levantó la vista para secar su rostro con tiernos besos. Sus labios se unieron en un prolongado intercambio que pareció ser celebrado por las golondrinas que generosas compartieron sus trinos.

Su entrega fue diferente a cuando fueron novios, en aquellos él interpretaba un rol específico; en esta ocasión el amor que sus corazones compartían los unió. Compartieron un emocionante vaivén de sensaciones, rodeados por la naturaleza. El entorno se fue tiñendo de gris y una llovizna fresca comenzó a bañar el paisaje, mientras los amantes permanecían entrelazados.

Aquella noche los enamorados decidieron unir sus vidas para enfrentar juntos lo que fuera que el destino tuviera preparado para ambos.

Hiroshi la llevó a una pieza que era a la vez una especia de biblioteca y mini museo.

<<“¿Sabías que Mitsu vivió hasta los 120 años y que Hiraku murió a los 132?”>>

<<“¿Cómo pudo ser eso posible?”>>

“<<Desde niños sobresalieron al sobrevivir a las pruebas más duras. De jóvenes ya eran letales. Cuando la pubertad apreció en ambos, sus conocimientos eran amplísimos; se convirtieron en estrategas de élite. Sus cuerpos fueron esculpidos a base de un entrenamiento inhumano, pero efectivo, y el estudio de alimentación milenaria les permitió absorber energía de la naturaleza, comiendo sano, meditando, estudiando… Ambos realizaron decenas de misiones imposibles y fueron los generales de la defensa del territorio Shinobi durante la guerra con los Shogunes. Pero además fueron embajadores de nuestra dinastía en otros continentes, no solamente los conocidos, sino también aquellos otros que siguen estando oculto para el grueso de la población de la tierra.”>>

<<“¿Otros continentes? Hiroshi, me estás confundiendo. No existe ningún otro continente en nuestro planeta, todos ya han sido descubiertos.”>>

<<“No, amada mía. Hay mucho aún por conocer de la segunda etapa de la vida de Mitsu e Hiraku. Es necesario comenzar por el principio.”>>

<<“¿En serio? ¿Me dices que existen otros continentes desconocidos y me harás esperar para decirme?”>>

<<“Así es. No desperdicies tu entrenamiento. Recuerda que la paciencia es una de nuestras máximas virtudes.”>>

<<“Es verdad. Adelante, prosigue con el relato.”>>

<<“Gracias. El secreto de la longevidad de ambos se explica con el nivel de entrenamiento que siempre llevaron a lo largo de su existencia, comían solamente lo que su organismo requería, jamás lo hacían de manera golosa, sino en perfecta armonía, respetando sus cuerpos como templos de vida, como los recipientes de sus inquietas almas que los impulsaban a realizar una tras otra proeza. Además, descubrieron propiedades secretas de ciertas raíces que tomaban en forma de té, incluso se dice que usaban ciertos venenos que, usados en cantidades exactas, eliminaban enfermedades ocultas parecidas al cáncer. Destacaron en casi todos los campos en los que incursionaron; sabían de Arquitectura, de Física, de Química, de artes alquimistas. Leyeron magia negra y luego, para purificarse, leyeron magia blanca. Sus poderes humanos fueron potencializados por toda esta serie de conocimientos. Sus servicios fueron requeridos en otros países a los que llegaron por el mar porque, además, eran excelentes navegantes.”>>

Hiroshi caminó hacia un mueble y sacó un casco vikingo que entregó a Chieko. Ella se percató de un tajo que sin duda había roto su superficie. La mancha oscura que cubría aquella zona sin duda alguna era la sangre emanada de la cabeza de aquel guerrero.

<<“Un poderoso rey europeo pagó una verdadera fortuna por eliminar a este temible enemigo, un líder que ganaba fuerza invadiendo costas ajenas. Hiraku viajó hasta esa zona para eliminarlo, acompañado de su amada Mitsu, quien se encargó de acabar con sus dos escoltas, dos enormes soldados casi del doble de tamaño. Lo planearon todo con tal meticulosidad que los enemigos se tragaron la trampa, atacando un poblado aparentemente desprotegido. Conociendo su sistema, esperaron que el primer embate ingresara, que era comandado por la presa. El enemigo siempre esperaba en el barco, mientras una veintena de sus hombres atacaba de frente y su flota se acercaba a la costa. Nunca esperó que 12 fantasmas vestidos de negro surgieran del mar para exterminar a toda su escolta. Cayó muerto antes de salir de su sorpresa, recibiendo tres tajos de aquel demonio oriental. Los rivales fueron repelidos con flechas incendiarias que causaron grandes estragos, obligándolos a escapar. La cabeza de ese vikingo terminó en la repisa de aquel rey, pero este casco lo conservaron nuestros antecesores, como testimonio de esa hazaña. Los detalles están aquí, en este pergamino. De hecho, toda la historia de las hazañas de tus parientes está aquí reunida y te pertenece, amada mía. Tú eres la única heredera que puede reclamarla.”>>

Continuará…

RICARDO PAT

riczeppelin@gmail.com

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