Microdistópica

By on enero 7, 2021

Primeras Letras

MICRODISTÓPICA

I

Del otro lado del espejo me encontré con el 2021. Pude ver y constatar con mis sentidos el silbido del viento y un aroma rancio revoloteando en la copa de los árboles, secando los troncos, encorvando las ramas para mirar al suelo, mientras se hacían grises hasta las raíces; apagando inclusive los pulmones del planeta y quizá de nuestra existencia.

Traté de hallar el horizonte con la mirada, de izquierda a derecha, hacia lo profundo del mundo, sin tocar fondo; una densa niebla apareció acercándose lentamente, mientras devoraba a su paso la bóveda, el mar, la esperanza…

Toqué mi rostro para esconder el miedo entre las manos y sentí diluirse la piel como el agua, el aire y el alma.

FLOR JANET VALDEZ ESQUIVEL

MICRODISTÓPICA

II

Del otro lado del espejo me encontré con el 2021. Pude ver y constatar con mis propios sentidos el engaño en el que habíamos vivido. Lo que conocía como humanidad, no existía. Éramos un híbrido entre vegetales y animales. En cuanto entré al espejo, la luz cambió. El cielo se convirtió en una mezcla de grises y en el fondo, lenguas de fuego cortaban la oscuridad. Caminé entre aquellos seres intentando entender de qué se trataba. Con los primeros pasos, el hedor me provocó arcadas.

Estábamos divididos en tres sectores: Los vegeto-animales rastreros eran seres capaces de reptar paredes o arrastrarse por la tierra, sumergiendo sus brazos y cabezas en ella; el sonido que hacían al arrastrarse era como el de millones de langostas devorando todo un bosque. Llevé mis manos a los oídos, en un esfuerzo por acallarlo.

La sección de los vegeto-animales erguidos no resultó mejor. Estos seres podían desplazarse caminando. Al hacerlo, dejaban un surco en la tierra que llenaban con un líquido fétido y pegajoso. Su mirada era fría y sin vida.

Y estaba el tercer sector, el de los vegeto-animales voladores. En cuanto entré, la oscuridad se hizo densa. El cielo se cubrió de estos seres. Los chillidos emanados de sus gargantas hacían que se me erizara la piel.

Corrí hasta encontrar lo que pensé era la salida. En medio de amplios campos verdes, miles de jaulas se encontraban alineadas. Bajo mis pies, la hierba crujía al acercarme para distinguir lo que había dentro de ellas. Apiñados, cientos de humanos se empujaban unos a otros tratando de encontrar un espacio. Recorrí algunas y con horror comprendí que servían de alimento de los vegeto-animales.

Entre llantos, gritos, y el hedor que desprendían los cuerpos sucios, me arrimé con repugnancia y temor a una jaula. Desde el fondo, alguien me miró. Me paralicé al reconocerme en esos ojos que me miraron fijamente en una mezcla de terror y desconfianza.

                                                  MARÍA MAGDALENA BALCÁZAR

MICRODISTÓPICA

III

Del otro lado del espejo me encontré con el 2021. Pude ver y constatar con mis propios sentidos como nada había cambiado. El consumismo seguía en aumento, arrasaba con los recursos del planeta, contaminaba los mares, deforestaba las selvas y destruía los hábitats de los animales. La sociedad se mantenía, como siempre, injusta, la mayoría de las personas en la pobreza, pasaban hambre y dificultades, mientras tanto, unos pocos controlaban el poder y el dinero, usando al gobierno como un títere para robar al pueblo.

Y a pesar de todas las lecciones que la historia y la vida habían puesto frente a nuestros ojos, seguimos culpando a otros de nuestros errores. Esta es nuestra última carrera, pero me temo que corremos frenéticamente a nuestra propia destrucción.

ANA CRISTINA PACHECO ESCOBEDO

MICRODISTÓPICA

IV

Del otro lado del espejo me encontré con el 2021. Pude ver y constatar con mis propios sentidos el mundo en ruinas.

Al salir del espejo, observé mi habitación: su tamaño era el mismo, así como los muebles; sin embargo, las paredes grisáceas, cubiertas de moho que se extendía como una sombra hambrienta y el polvo que formaba una costra sobre la cama, me advirtieron que hacía mucho tiempo que no las usaban.

Con mucho cuidado salí del cuarto, la puerta aulló al ser abierta por primera vez en mucho tiempo.

Recorrí la casa. Estaba completamente desierta, tan callada como nunca la había escuchado, tan solitaria como mi silueta explorándola. Salí al patio. Me encontré cubierta por un firmamento escarlata. Un aroma a azufre me envolvió por completo. No había una sola persona, ni un perro ni un gato, las calles estaban completamente desalmadas.

Acorralada por la inmensa soledad, escuché el silencio retumbar sin descanso mientras recorría la ciudad devastada.

ALINE PÉREZ

One Comment

  1. Sanry Marrufo

    enero 8, 2021 at 11:26 am

    Felicidades, mi imaginación voló con cada relato.

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