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Memorias de Colonia Yucatán (iii)

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(De) lo que no se olvida.

“Cuando me tocaba patrullar en las calles de la isla, a dos o tres paisanos les disculpé las sanciones por no respetar el alto o por cometer faltas leves como no respetar el límite de velocidad. Apenas los detenía y me acercaba a pedirles los papeles, licencia, etcétera, para levantarles la multa, me preguntaban con cierto nerviosismo como para mitigar la tensión: ‘Tú eres de la Colonia, ¿verdad?’ ‘Sí,’ les respondía un poco sacado de onda. Los miraba de cerca porque no los reconocía y les preguntaba: ‘¿quién eres?’ Me decían su nombre y agregaban: ‘Soy de la Colonia.’ ‘¡Ahhh! Claro que sí, no hay problema, continúe su camino.’ Ellos me reconocían aún con mi uniforme, pero como que no daban crédito al verme de policía y con mi patrulla, porque en Colonia me conocieron como un desmadroso.”

“Acá en Cozumel,” me dice hablando despacio, como buscando las mejores palabras para quedar claro en sus afirmaciones, “cuando en la corporación me pidieron mi cartilla militar, no la tenía. No marché en Colonia. Entonces me mandaron a Valladolid cuando ya tenía algún tiempo en la policía, me dieron chance de tramitarla en Valladolid.”

“Acá cerca, donde vivo ahora, tengo de vecino a don Anselmo Pat, el hermano de Chepa (José) Tello. Casi diario nos vemos. También veo con frecuencia a Severiano Núñez (Cebi), los Ceballos, hijos de don argolla (Leocadio Ceballos), a Chuchi Arjona, Gaspar (Gapo) Braga, a Ponsi Tello (Alfonso Soberanis Tello), a Felipe Balam y a José Euán, el hermano del difunto Chupeta. Siempre los veo y los saludo.

“En 1991 salí de Colonia para ir a Cozumel, y allá me quedé. Ahí formé mi familia. Mi esposa desde hace 25 años es Yolanda Concepción Alcalá, oriunda de Motul. La conocí cuando empecé a ir a las sesiones de A.A., en un parque que estaba cerca de ese local y nos hicimos novios. Nunca he dejado de ir a A.A. De hecho, cuando llegué a la isla seguí tomando los tragos. En mi trabajo me arrestaban y ni así me calmaba. Me dio trabajo dejarlo, hasta que fui a A.A. Hace más de 30 años que deje de tomar.

“En la familia Osorio Alcalá tenemos cuatro hijos: Eduardo, María, Alejandra y Francisco Antonio, todos Cozumeleños. Mis hermanos son Roberto, que vive en Cancún, Antonio (+) en Cozumel, Anastasio vive en Mérida, Luis vive igual acá en Cozumel, Isela y Vidal ya también fallecieron.

“Ahora estoy jubilado de la Dirección de Seguridad Pública y Tránsito del Municipio de Cozumel en la que, desde que llegué a la isla, trabajé de policía. Alcancé el grado de suboficial. Luego de 25 años de servicio me jubilé. Ahora tengo 67 años. Si me hubiera quedado en la Sierra o en Colonia, quién sabe que hubiera sido de mí ya que de muchacho tomaba mucho.

«No le daba dinero a mi mamá y de castigo no me mandaba lunch ni comida a la fábrica cuando estaba de turno. Creo que era el único que no llevaba comida. Varias veces pedía de fiado mi comida en la lonchería de doña Marbella Massa, la mamá de Cary y Rosy, pero también le dejé de pagar y me canceló. Así que a la hora del lunch o a la hora que pitaban para comer, como no tenía comida ni dinero, me iba a sentar bajo el árbol de zapote que está en el parque a esperar que pite de nuevo para regresar a mi trabajo. Todo ese tiempo que nos daban para la comida me iba a sentar bajo del zapote a esperar. Ese era mi lunch: sentado en la sombra, sin comida, sin dinero y sin esperanzas de ahorrar ya que era yo muy irresponsable, tomaba mucho y no hay dinero que alcance.

“En ese entonces ya se vendía licor en Colonia, no como antes que estaba muy reglamentado. Recuerda que te estoy hablando después de 1975, cuando fue la primera huelga y se derrumbó todo aquel modelo de orden y control que había, que fomentaba y controlaba la empresa Medval se esfumó.

“Mucha gente emigró a otros lugares en busca de trabajo y los que nos quedamos, que como yo ya teníamos la edad reglamentaria para trabajar por ser mayor de edad, nos empleamos en la nueva empresa, la misma fábrica con otro nombre: EMSA, que compraron los hermanos Perló.

“En el ensamble trabajé de operador los tres turnos. Cada semana cambiaba el rol de entrada y me ponían de ayudantes a puro eventual, no tenía yo un ayudante fijo. Los jefes de turno eran don Ramón Salas y Omar Espinosa.

“Todo el dinero que ganaba lo gastaba en tragos. A pesar de los constantes consejos y regaños de mis papás, no les hacía caso y por eso me castigaban con la comida. Pero ni así les hacía caso, seguía tomando. Ni novia tenía por la misma razón: tomaba yo mucho y así pues nadie me hacía caso. Aunque me gustaban algunas muchachas muy bonitas, nunca me atreví a decirles nada por temor a que me cortaran.

“Muchas veces cuando estaba tomando los tragos, me sentaba bajo la mata de zapote con mi amigo Efraín Arjona Espinosa. ¡Qué bonito cantaba el canijo, además de tocar muy bien la guitarra! Pobre Efraín, muy joven murió, recuerda con nostalgia el ahora abuelo de Dylam Alonso, Dafne Aracely, Eylin Yanet e Iván Francisco.

Cuando había baile iba, aunque no precisamente a bailar (además en chancletas) sino a tomar. Como te digo, yo tomaba mucho y pensaba que ninguna chica me haría caso, hasta que vine a la isla y conocí a Yolanda. Nos hicimos novios y nos casamos. Mis padrinos fueron don Leonardo Medina, de Izamal, y su esposa, que ahora no recuerdo cómo se llamaba. Yoli y yo llevamos más de 25 años de casados. Al principio vivimos en unión libre como quince años, y ya después nos casamos, aunque solamente por lo civil.

“A mi edad, ahora tengo 67 años, ya estoy más tranquilo, vivo bien. Aunque me dan muchas ganas de regresar a Colonia, ya no tenemos casa: la vendió mi papá a uno de los socios ejidatarios de Teapa.

“Últimamente, cuando he ido, voy hasta cuatro veces al año, me da hospedaje Moye. Blas Julio Cesar Santoyo Berzunza, le corrijo. “¿Así se llama Moye?” me pregunta un tanto sorprendido cuando le digo el nombre real del hijo de don Litos. “Desde que lo conozco le digo Moye, no sabía su nombre real,” me dice, continuando con sus recuerdos.

Pues él me da posada porque vive sólo. Cuando voy a pasear a Colonia, solamente yo voy, hago unos días nomás porque mi esposa todavía está trabajando y no puede ir. Yo ya me jubilé pero ella no. Es más chica que yo, le llevo quince años y todavía le falta para jubilarse.”

De esta manera, después de una larga llamada por celular que casi agotó la pila, se despide mi amigo, vecino y compañero oferente de dulces y fritangas de nuestra gloriosa niñez y juventud en Colonia Yucatán.

Ahora me lo imagino sonriendo, jugando y disfrutando muchos momentos felices con sus nietos, preparando la comida de la familia en tanto su esposa sale de su trabajo y llega a casa.

ARIEL LÓPEZ TEJERO

vicentelote63@gmail.com

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