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Maximino “Simo” Espadas Arceo Kumul

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“Yo tenía como nueve o diez años cuando vine a vivir al campamento La Sierra. Hace setenta años eso, pero me acuerdo muy bien. En ese tiempo solo había La Sierra, aquí en Colonia Yucatán (Col.Yuc.) -donde se desarrolló la plática- no había nada, en La Sierra comenzó todo esto,” me platica en amena charla Maximino Espadas Arceo, mejor conocido como Simo, en referencia a la fábrica, la escuela y la nevería.

“En la Sierra se trabajaba la madera en bruto, se hacían las tablas, allá donde está el maquech (Jorge Berzunza) estaba el taller; ahí estaba toda la maquinaria y los vehículos. Reparaban de todo. Entonces Medina Vidiella vio esa gran selva de cedro y caoba y comenzó todo esto.”

“Nosotros somos de Valladolid. Mis hermanos son: Guadalupe, que vive en Mérida, heredó una casa, allá vive, aunque se separó de nosotros, ya tiene ochenta y cinco años, es la más grande; luego sigo yo, Maximino; después sigue Avelino (+) que se fue a vivir a Quintana Roo, en el ejido Tres Garantías, él y otros ejidatarios fundaron ese lugar y ahí murió; luego están mis hermanas Teresa, Obdulia, y luego sigue Luis Espadas Kumul (Lichi), que nació en La Sierra por medio de partera. Los otros hermanos son hijos de mi padrastro, son de apellido Cano. Mi mamá se casó en La Sierra con Felipe Cano Ugarte, que tampoco nos trataba bien que digamos. Tenemos medios hermanos, pero me llevo bien con todos.”

“Mi abuelita había sido cocinera en los montes chicleros. Era de un pueblo que se llama Chacmul, que no sé dónde queda. Se llamaba Claudia Kumul, ella y mi tío Julio Kumul (Cuxita) llegaron al campamento La Sierra; ella era cocinera cuando La Sierra era un campamento, apenas se iniciaba. Mi mamá se llamaba Juana María Kumul, oriunda de Valladolid; mi papá igual era de allá. Avelino Espadas Arceo se llamaba, era muy tomador, trataba muy mal a mi mamá, le pegaba mucho. Un día se le pasó la mano y por poco sucede una desgracia; mi mamá se fue a refugiar como una semana en casa de su comadre y después lo abandonó. Ella vino sola a vivir a la Sierra,” me dice Simo calmado, serio, aunque con el semblante sereno.

“En casa de mi tío Cuxita llegó, yo la alcancé como a los tres meses porque me quedé solo viviendo con mi papá que era de oficio soldador; reparaba ollas, cubos, hacia calderos aquellos de tres patas; también hacia pailas, fabricaba y reparaba globos de pan. ¿Te acuerdas o llegaste a ver a los panaderos con sus globos? Aplaudían muy recio para anunciar su producto.”

“En ese tiempo era yo un niño, tenía como nueve o diez años. Nos íbamos caminando a los pueblos ‘cercanos’ como Nah Balam, Tahcabó, Pocoboch, Calotmul, Chichimilá, Chankóm. Cuando eso no había carretera, era camino para carretas. Mi papá me trataba muy mal. Desde antes de que amanezca me levantaba; a una lata le abría los costados, le ponía una vela y eso nos servía como lámpara. Así, caminando en las calles oscuras, nos íbamos; llevaba él todo su material para trabajar: su rollo de lámina, ácido muriático, estaño. Eran muchos kilómetros que caminando nos íbamos.

Don Maximino Espadas Arceo y su esposa Socorro Elidé Rodríguez Cruz.

“Cuando no tenían dinero, le pagaban con gallinas, huevos, maíz, con lo que tengan, y luego seguíamos a otro pueblo, siempre caminando. Yo iba llorando. A veces se rompía mi alpargata y así seguía. ‘¡Apúrate, cabrón!,’ me gritaba molesto; si me caía, igual, me levantaba y a seguir.

“Mi papá murió como a los tres meses que mi mamá lo dejó. Una madrugada, en la casa de Valladolid, estaba yo durmiendo cuando oí que salió corriendo, desesperado. Solamente escuché que se aporreó la puerta, ya estaba amaneciendo. Cuando me levanté, lo fui a ver y lo encontré acurrucado bajo una mata de ramón (Brosinum Alicastrum). No se movía, solamente estaba en calzoncillos, no tenía camisa ni alpargatas. Yo estaba asustado, llorando le decía: ‘Papá, levántate, entra,’ le repetía. No sabía que había fallecido, como te digo, era yo un niño. Unos vecinos que lo oyeron vinieron a verme, me llevaron a su casa, me dieron mi desayuno y fue entonces cuando supe que mi papá estaba muerto.

“Una tía, hermana de él, me dijo qué quería yo hacer: ir con ella o con mi mamá. ‘Pues con mi mamá,’ le dije. Cuando me dejó en el parque de Valladolid, ya que ahí se paraba el camión, no había terminal en ese tiempo, me dijo cuando me dejó en el camión: ‘Te vas a bajar hasta que llegues a La Sierra; díselo al camionero. Te paras y te agarras en el tubo que está junto al chofer y a cada rato le preguntas si ya mero llegas. Y así fue, hasta después de varias horas llegué a La Sierra.

“La entrada era donde está ahora la casa de Mario López (+). Ahí estaban antes las oficinas de la empresa. Luis Canto y Alejandro Gamboa eran los jefes en La Sierra. Bueno, pues nos encomendamos en casa de mi tío Cuxita, él nos dio posada. Mi papá tomaba mucho y eso le costó la vida.”

[Continuará]

L.C.C. Vicente Ariel López Tejero

vicentelote63@gmail.com

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