Inicio Cultura Maximino “Simo” Espadas Arceo Kumul (v)

Maximino “Simo” Espadas Arceo Kumul (v)

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“Era una cosa grandísima lo que había en el aserradero. Yo pasaba como a diez metros de la orilla de la carretera y veía puras trozas. Diario se cortaban entre diez y quince rolos, venía la grulla y se lo llevaba a la fábrica. Américo Díaz era el que manejaba la cinta con dos poleas, se manejaba a base de winches de acero con unas cuchillas, el rolo lo pegaban a la pared y lo iban cortando hasta dejarlas tablas. Mi tío Cuxita le daba las medidas y, como eran muy grandes, las orillas se juntaban para llevarlas por las bagaceras, o sea los trucks, que se llevaban a la fábrica. El viejo zacatero (Manuel Pérez) lo recibía y con esas puntas alimentaban las calderas. El operador tenía que mirar a cada rato los relojes. El mago, Galdino Salazar, y el viejo Argáez eran los fogoneros. Arriba estaban don Mas Cupul, papá de Neques, Florencio Alcocer, el papá de Basilio, y don Antonio Santoyo, papá de doña Rita, eran los operadores de las calderas.”

“Había en La Sierra un tal Silverio Manzanilla, hijo de un señor que reparaba las vías de las bagaceras, hace muchos años ya. Tu papá lo llegó a saber. La fábrica de Lignum solo se alimentaba de madera dura: chechén (Metopium brownei), Puc té (Terminalia buceras), Bojón (Cordia alliadora), Mora (Morus nigra), pura madera dura para el Lambrin.”

“¿Conociste la prensa de Triplay?” ‘No,’ le respondo.

“Yo trabajé de eventual en Lignum; pues ahí se hacía el Lambrin,” me responde. “En ese departamento estaban Alfredo Rodríguez, Santa María, aquél que le decían gerente (Felipe Pérez Poot), Pedro Perera. Eran como diecisiete los que estaban ahí; también en ese departamento se hacían puertas, hacían más de cien puertas de tambor diario.”

“Había tres máquinas moledoras en Lignum que se abrían como una boca grande y ahí se metían las maderas como de veinte centímetros; una sierra-cinta los cortaba, giraba a gran velocidad, y luego en una banda ancha, como de un metro cincuenta centímetros, se transportaba las astillas. Esas máquinas las operaban Cirilo Uc, Rubén Berzunza –el Saborin-, y Juan Silva.”

“Cuando esa sierra-cinta, que era como de una pulgada de ancho, se rompía, se la mandaban a tu papá, Ariel para que la repare: juntaba las dos puntas y con electricidad los soldaba, luego las limaba muy bien y quedaban como si nada les hubiera pasado. Después, con una tinta azul marcaba el primer diente y uno por uno los iba afilando a mano, eran como cuatro metros de cinta y como cuatrocientos dientes. Cuando terminaba, lo ponía en un gancho de la pared para continuar con otra y así seguía.”

“Por cierto, tu papá me admiraba porque yo boxeaba: ‘Debes de medirte,’ me recomendaba. ‘Debes ser cauteloso, no quieras comerte a tu rival,’ me decía porque yo peleaba, no boxeaba.”

‘No sabía que boxeabas,’ le comento. Ignoraba esa faceta de Simo.

“Sí, varias veces lo hice porque nos pagaban bien: por round nos pagaban diez pesos. Cuatro rounds pues era una buena lana en esa época. A veces sacaba un poco más que mi salario, pero a mi mamá no le gustaba y lo dejé. Recuerdo que boxeé con aquel Miranda, con Jacinto Grifaldo, aquel Abuch Pisté, Neto Arce. A veces boxeaba hasta seis rounds; las peleas eran los jueves. ¿Sabes qué nos poníamos de protector bucal?,” y responde sin esperar mi respuesta: “¡Media naranja de china!,” recuerda entre risas el que todas las mañanas sale a hacer sus compras al mercado.

“Lo organizaba aquél que le decían Cables. El gimnasio estaba dentro de la fábrica, detrás del cine. ¿Te acuerdas de Nas Chan? Ahí cerca amarraba su caballo y un día creo tenía sed el animal y rompió la soga, entró al gimnasio y empezó a tomar agua del inodoro. Cuando se vio en el espejo grande que nos servía para ‘hacer sombra’, se asustó y rompió todo. A Nas Chan se lo cobraron.”

Continuará…

L.C.C.  Vicente Ariel López Tejero

vicentelote63@gmail.com

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