Mariano Marín, cineasta de honorable y destacada trayectoria

By on marzo 29, 2024

Cine – Desde Nicaragua

Rafael Quintana

Mariano Marín, 1951. Nicaragua.  El maestro Mariano Marín es un personaje que se ha catapultado ampliamente en la esfera cultural de Nicaragua, desarrollándose mayormente en el área del cine como director, asistente de producción, actor y guionista, además de ser escritor y dramaturgo.

El mundo del cine ha sido la pieza clave que ha disfrutado toda su vida, una vocación exigente y extraordinaria. Desde muy pequeño, su papá fue un personaje crucial en su camino al éxito debido a que, asegura, le dio la oportunidad de rodearse de grandes actores mexicanos que se encontraban filmando en aquel entonces en Nicaragua.

Un punto importante de su etapa de formación fue cuando recibió una beca por parte de la UNESCO para estudiar cine en Francia, en la Université de Paris. También hizo cursos y talleres de cine argumental, lenguaje cinematográfico y técnicas de producción, especializándose en Cinéma Verité o “cine de la realidad”.

Luego regresó a Nicaragua donde, a través de Canal 6, produjo por corto tiempo el programa, Cine, Cultural y Sociedad, en colaboración con otros colegas.

En septiembre de 2008, fue merecedor de la mayor distinción cultural que un artista puede recibir en Nicaragua, la Orden de la Independencia Cultural “Rubén Darío”, de manos del presidente Daniel Ortega en una ceremonia oficial.

En 2009, la Cinemateca de Nicaragua le entregó un diploma por su labor como cineasta en ocasión de las celebraciones del treinta aniversario de la Cinemateca y el Instituto Nicaragüense de Cultura le dio un reconocimiento especial. Además, otros premios y menciones lo catalogan como uno de los grandes referentes críticos y culturales de Nicaragua.

Durante los años ochenta, el maestro Mariano Marín viajó a Cuba, donde recibió cursos con Gabriel García Márquez en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños.

Entremos en detalle en esta entrevista para el Diario del Sureste de México.

Maestro, en México, el mundo del espectáculo, principalmente el Cine, tiene un auge sorprendente. ¿Cómo lo aprecia usted?

El cine mexicano fue una de mis primeras influencias. Desde niño acompañaba a mi papá, a él le encantaba el cine mexicano. Había en Granada un cine donde pasaban sólo películas mexicanas.

También conocí, aunque parezca mentira, el cine de Buñuel, es decir, toda la etapa melodramática del cine fue Luis Buñuel, porque Buñuel había venido de España, huyendo de Franco y de la Revolución Española. Entonces desarrolló una forma de cine con el melodrama.

El origen de la telenovela fue ahí en México, con características totalmente melodramáticas, relaciones aparentemente de la vida cotidiana, pero todo está relativamente estructurado, siempre la misma clase de historia: la joven pobre que se enamora del rico, o viceversa. En términos actuales, ahí nace la Paquita la del Barrio.

Sin embargo, hay una parte del cine mexicano que a mí me gusta mucho. Fue cuando se hizo el cine serio: las del Indio Fernández, las de Delgado, que son directores que crearon un cine fuera de lo dramático, fueron al drama en sí, mezclando la cultura original de México con el drama popular y mundial.

Pero hay un tipo de cine mexicano que aquí es muy poco conocido y ha cambiado bastante, incluso hay jóvenes que se han postulado a los premios Oscar. Estudié con un grupo de amigos bajo el cine real, todo se hacía en plano secuencia, no se hacían cortes como en el cine de Hollywood. Plano secuencia quiere decir que la cámara va detrás. A nosotros nos decían que podríamos hacer una película con tres personas.

Cuando regresé a Nicaragua, me encontré con un cine en el cual había grandes equipos, técnicos, sonidistas; el otro era cámara en mano, aprendíamos a caminar con la cámara sin que brincara y filmaba con fluidez.

Mi estilo de cine es una mezcla de ese cine con el neorrealismo italiano, que es la escuela que se formó a raíz de Roberto Rossellini, un cine que le llamaron Cine de la Calle, porque no tenían personajes principales, hacían un recorrido por los barrios y allí escogían los personajes. Es una forma nueva de expresar la vida cotidiana como que fuera verdadera, porque en realidad es verdadera. El cine italiano en los años sesenta triunfó en forma exuberante.

Maestro, bríndenos su opinión sobre la diferencia entre hacer cine con celular a como se hace tradicionalmente.

La producción es ésa, siempre tiene que haber un presupuesto, sin dinero no se puede hacer cine. ¡Que no me vengan a decir que Robert Rodríguez hizo con cuatro mil dólares “El Mariachi”! Eso es mentira, menos en México, que es caro. Hay que pagar estudio, sonido, mezcla, una primera copia, etc., que cuesta un montón de dinero.

Ahora se hace cine digital, pero a la hora que van a pasarlo en el cine no se hace con un celular, se hace con un proyector de cine, lo cual quiere decir que, aunque George Lucas haya filmado La Guerra de las Galaxias con una cámara digital, la transformó a celuloide para poder pasarla en los cines porque si no se pierde algo importantísimo que en el cine hace la diferencia con el vídeo: la profundidad en el campo, es decir, el distanciamiento que hay de aquí donde estamos a la puerta, se tiene que ver en la película, no puede estar montado como se ve en el vídeo. En el vídeo, tú ves qué va hacia arriba, pero no se ve la profundidad. Me cuesta aceptar todavía filmar en video porque me cuesta aceptar que no hay ese proceso del Distanciamiento Brechtiano, hay una distancia entre el personaje, el objetivo y lo que está detrás del objeto. Eso es la distancia de campo. Quien me diga lo contrario, que se dedique a otra cosa.

Gracias por compartirnos esos detalles importantes en cuanto a la forma de hacer cine. Ahora, maestro, nos gustaría saber qué significó “La Llamada de la Muerte” en sus inicios.

Esta fue una película a la que yo fui cuando la estaban filmando. Mi papá me llevó, él era amigo de Víctor y Tito Junco, actores. Ahí nació mi inquietud por el cine, se filmó una parte en Granada, con varias secuencias, y una mayor parte en Managua. Al final, quedó entrecortada, porque se perdieron algunas secuencias.

Estimado Mariano Marín, háblenos sobre Cuba, sobre su convivencia con Gabriel García Márquez.

Con Cuba tengo una relación muy especial, primero porque iba a editar todo lo que filmaba, porque aquí no había mesas de edición. En la medida que me fui involucrando con el cine y en la enseñanza, conocí a Gabriel García Márquez, me invitó a participar en la Escuela Internacional de Cine. Era como el director de la escuela, pero el director de la escuela era Fernando Birri, quien vino a Nicaragua y filmó con nosotros.

También por allá estuve en talleres de guiones y de realización que permitieron a la gente humilde recibir una enseñanza de calidad y de cómo se tiene que realizar el cine.

¿Cuál considera que ha sido su mayor legado en el ámbito cinematográfico para Nicaragua?

Yo he tratado de retratar mi país en distintas formas; buscando contar el momento de la lucha en los noventa, ya fuera de una manera social o sociocultural, y de antropología social. La mayor de mis producciones está ligada a eso. Por ejemplo, la última película que filmé en la Isla de Ometepe, en el año 2015, está relacionada con la migración del nicaragüense. Mucha gente piensa así: que saliendo del país van a vivir mejor, pero quizás no es así. Temas como ése me mueven a dejar un rescate social bien documentado.

¿Considera que es indispensable crear conciencia de que en Nicaragua se puede crear cine?

Es una obligación ayudar a formar a los jóvenes que quieran estudiar cinematografía, dar conferencias o charlas sobre cine, para formar una nueva generación. Lo que he visto, no le veo calidad. Están más preocupados por hacer efectismos, que quieren utilizar dramáticamente, pero no lo logran. Me llevan a una imagen empobrecida en historia. Hay que superarse, buscar mejor imagen, mejor sonido, mejor historia, en fin, un mejor guión.

Para finalizar esta cátedra cinematográfica, díganos un mensaje para el público mexicano y nicaragüense.

A nivel internacional, somos una cultura parecida pero distinta, es decir, creo que nosotros los nicaragüenses, como dice el poema de Rafael Pérez Estrada: “Somos Nahuas, venimos de México, procedemos de aquella cultura tolteca que eran como los sabios”. Nos entendemos en muchísimas cosas, sobre todo en el lenguaje, el vocabulario se asemeja. Nos une la cultura mexica en la gastronomía, en las formas de expresión comercial. Me parece que es importante tomarlo en cuenta. 

rafa3007quinta@gmail.com

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