Marat’hon Mérida 2019

By on enero 10, 2019

Perspectiva

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En alguna aportación anterior les platiqué de mi participación habitual, durante el último trimestre del año, en varias carreras, muchas de ellas porque las causas que abanderan me son cercanas al corazón, y otra porque es la oficialmente patrocinada por la empresa con la que colaboro. La distancia más larga para la que me he preparado (con desveladas, cuidando alimentación, y tratando de ser constante) ha sido la de 10 kilómetros.

Pues bien, la tanda de carreras de 10 Km en las que participo concluyó en el tercer fin de semana de noviembre del año pasado. Sin embargo, donde laboro hay un entusiasta grupo de jóvenes deportistas que también corre regularmente. Yo los he adoptado –sus edades coinciden con las de mis hijos mayores– y al parecer ellos me han adoptado a mí. Por otro lado, una querida amiga mía regiomontana vendría con su marido (viejo, muy viejo, amigo mío de la escuela) y su familia a pasar las festividades de fin de año a nuestra tierra; ella acababa de completar su primer maratón en tierras regias, ante mi admiración, y me dijo que se había inscrito para la carrera de 10 kilómetros del 6 de enero del 2019 en Mérida, que me animara y corriera con ella, que correríamos a un ritmo suave, lo cual seguramente me lo dijo en consideración a mi edad y condición, pues ella es bastante más joven que su marido y yo, que somos de la misma edad.

De repente, ya estaba enrolado por primera vez con mis jóvenes amigos y mi querida amiga regia en la carrera de 10 kilómetros, como parte de las actividades del Marat’hon de Mérida 2019, y era necesario seguir entrenando. Mis jóvenes amigos, además, me convencieron de participar en la Carrera de San Silvestre del 31 de diciembre, de 5 kilómetros, con la que la Asociación Yucateca de Atletismo bajó la cortina de sus actividades del 2018, con lo que estaba más que comprometido a seguir corriendo.

¿Y saben qué? Celebro haber continuado con la rutina del entrenamiento. Confieso que no he sido todo lo constante que he querido, en parte porque las actividades laborales han sido abundantes y graneadas, dejándome agotado; otra parte (la mayor) porque libro una batalla contra mi calientita cama cada vez que suena mi despertador (a las 4:45 a.m.), para ponerme los tenis y correr por las desiertas calles de nuestra ciudad: me invita a quedarme acostado y a despreocuparme, mientras mi yo deportista me susurra que hay que conservar el ritmo y mejorar cada vez más mis tiempos, y mi rendimiento.

Toda la semana previa al evento del 6 de enero estuvo llena de actividades. La carrera de 10 kilómetros arrancaría a las 6:30 a.m. de ese domingo, y los problemas de logística para arribar lo más cerca posible al punto de salida (el Monumento a la Patria) ocupaban mi mente, mientras otros problemas de salud de personas cercanas a mí se acrecentaban. El sábado 5, después de salir del trabajo, fui por mi kit de corredor al Siglo XXI, y desde ahí me comenzó a sorprender muy agradablemente el grado de organización de la carrera.

Los corredores más serios y dedicados recomiendan que la víspera a una carrera durmamos desde temprano, sin recargar el estómago ni probar alimentos nuevos. Mi cena del sábado fue un hot dog del Drive Inn, como a las 10:30 de la noche, y pude asentar la cabeza en mi almohada cerca de la medianoche; mi despertador estaba puesto para las 5:00 a.m., o sea que ese período para dormir calificaba más como una siesta que como una verdadera sesión de descanso.

Todos los que somos aprehensivos y tenemos algo qué hacer en las primeras horas de la mañana sabemos que no se duerme bien la noche anterior, que nos despertamos al menos 35 veces antes de que suene el despertador, y que muchas veces apagamos la alarma cuando nos damos cuenta de que es imposible dormir ya.

Por recomendaciones de nuestra gurú de carreras en el trabajo, Alondra, sabía que debía desayunar algo ligero, y beber algo de líquido. Mi hot dog aún estaba en proceso de digestión, pero me forcé a comer un dulce y beber un poco de refresco antes de subirme al coche y cruzar los dedos, esperando poder estacionarme cerca del Estadio Salvador Alvarado.

¡Lo logré! Me estacioné relativamente cerca y comencé a caminar hacia el Monumento a la Patria. En mi mente estaba localizar a mi amiga regia para que corriéramos juntos. No pude acordar con ella dónde vernos porque no pudimos asistir a un evento con ellos la noche del jueves. Al llegar al punto de salida me di cuenta de que mi novatez  en la consideración de los detalles me lo impediría: la cantidad de corredores de las cuatro diferentes categorías (Maratón, 21 Km, 10 Km y 3 Km) que colmaba el Paseo de Montejo era la mayor que he visto hasta ahora. Era un mar de gente. Jamás la localizaría…

Y así fue…

Sobre la carrera, hay algo de magia para los que corremos cuando la ruta que eliges es nueva y la desconoces: todo el panorama te llena la pupila, y vas registrando en la mente detalles que me asaltarán cuando menos me lo imagine, estoy seguro. Lo único que no me gustó fue correr sobre los adoquines en los alrededores de la Ermita de Santa Isabel, y sobre la superficie de concreto hidráulico de la calle 60, porque ponen innecesario estrés en las pantorrillas y tobillos. Sorprendentemente, corrí los 10 kilómetros registrando el mejor tiempo que he hecho en los últimos seis meses, estableciendo la nueva meta personal a superar.

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El arribo terminó de sorprenderme por su impecable organización: nos dirigieron a la zona de hidratación, nos entregaron una colación y, finalmente, nos entregaron nuestra medalla participativa, que orgullosamente conservo. Entre tanta gente, imposible localizar a mis compañeros de trabajo ni a mi regia amistad. ¡Maldición!

Desde esta perspectiva, y en resumen, los seres humanos debemos siempre intentar superarnos, fijarnos nuevas metas. Al observar lo que mis jóvenes amigos y mi admirada amiga regia han conseguido gracias a su esfuerzo, me queda claro –a juzgar por sus caras de satisfacción y estado general de salud– que debo ponerme nuevas metas.

Intentaré, pues, correr 21 kilómetros en la carrera por el Aniversario de Mérida en el 2020. Espero que nos veamos por acá para contarles cómo me fue.

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

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