Visitas: 257
La nostalgia de los buenos tiempos

“Yo soy de Espita. La casa de nosotros estaba frente al Palacio Municipal. Tenía cuatro años cuando me quité de allá. Lo recuerdo muy bien, estudiaba en la escuela que está junto al Palacio Municipal. Mi casa estaba cerca de la estación del tren, antes era una calle ancha, ahora es avenida; las ventanas de mi casa tenían el doble de éstas,” dice al tiempo que señala las de su casa de la isla de Cozumel, donde radica desde hace muchos años. “Esas eran casas coloniales, grandes, espaciosas, bien ventiladas. ¿Sabes tú por qué les dicen chivos a los de Espita? Que porque cuando toman no invitan, se maman solos, jajaja… festeja el dicho que alguna vez me dijera Luis Basulto, paisano de nuestro anfitrión, quien desde la mañana de aquel sábado de marzo ya nos esperaba para platicar de su vida en Colonia Yucatán.
Con voz pausada pero aún fuerte, me platica Manuel Diego Bates López en la sala de su casa de la Colonia “10 de abril”, de la isla de Cozumel: “Tu papá, Ariel,” me dice de entrada, “Ubaldo, Beto, Dolores, Layda, Mario, José e Irma son mis primos y somos paisanos,” me comenta sonriendo. “Así que te voy a decir primo,” me dice ya entrando en confianza el hijo de Raymunda López Segura y Manuel Bates Perera.
“Cuando nos quitamos de Espita yo era apenas un niño. Nos fuimos a vivir un tiempo a Panabá, luego nos fuimos al Ideal, que pertenece a Kantunilkin en Quintana Roo, y de allá nos fuimos a Valladolid. Mi papá estaba trabajando con los Rivero. Cuando me fui al campamento maderero La Sierra, tenía yo doce años, en el autobús aquél que tenia su escalera de madera atrás, las bancas igual de madera estaban a los costados, y en el centro iba la carga. Llevaba de todo: desde las maletas hasta animales, sacos de maíz, etc. El camino era de terracería. Creo que si te bajabas a caminar, llegabas primero tú que el camión. El viaje de Tizimín a Colonia Yucatán (Col.Yuc.) fue de más de cuatro horas. En aquél tiempo se estaba haciendo la carretera de Valladolid a Tizimín. Fui solito, era un adolescente. Mi hermano Javier vivía en Valladolid, así que yo fui sólo porque mi papá y mis otros hermanos vivían en el campamento La Sierra, ellos se dedicaban al arrastre de madera,” comenta mi primo Manuel.
“Ya estaba yo un poco más grandecito cuando acompañaba a mi papá a buscar madera a los tumbos que estaban cerca de Cenote Azul. Una vez me accidenté, no fue grave, pero por poco se vuelve algo más serio. Un rolo se me iba a caer encima, el tronco estaba girando, vi que venía hacia mí y a tiempo me quité, pero el tronco cayó sobre mi pie. Me lesioné, me llevaron al hospital y me ingresaron unos días. Eso lo recuerdo muy bien porque en la primera cama estaba recuperándose el que sería mi suegro: don Miguel Marín, lo acababan de operar de almorranas.»
«Ahí conocí a la que sería mi esposa, su hija Socorro (Coki), que lo estaba cuidando. Era muy amiga de Addy e Hilda Corona. Yo tenía diecisiete años en ese entonces. Un año después, cumplidos los dieciocho, entré a la fábrica a trabajar y es cuándo empecé a enamorar a mi novia Socorro. Ella también trabajó en la fábrica, fue una de las muchas jóvenes en una foto que tengo donde están Hilda Corona y ella trabajando en la secadora de la fábrica. Coky y yo nos casamos el 20 de diciembre de 1959, el padre Petrucci nos casó a las ocho de la mañana en la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, patrona de la Colonia Yucatán. Mis padrinos fueron los ingenieros Emilio Zamudio y Felipe Rodríguez, con sus respectivas esposas. Recuerdo que conmigo hubo un cambio en la ceremonia religiosa a la hora de la boda, que creo hasta ahora se sigue haciendo: me pusieron a esperar la entrada de mi novia de pie junto al altar. Ahí permanecí unos minutos a que entrara ella para recibirla. Creo que nadie se fijó en mi ese día, ya que todos los asistentes estaban pendientes de la que momentos después sería mi esposa, junto al altar me la entregó mi suegro.
Mi esposa Socorro (Coki) tenía 25 años y yo 20 cuando nos casamos. Me llevaba cinco años y no quería casarse conmigo porque ella era más grande que yo. ‘¿Y eso qué tiene que ver?’ le decía, ‘yo te quiero y quiero casarme contigo,’ le insistía. En la fábrica, el operador de la máquina que trabajaba con ella le decía: ‘Coki, ese rapazuelo viene por ti.’ Ella me lo comentó después de que nos casamos. Varias muchachas muy bonitas trabajaban en la fábrica y el operador que en esos días trabajaba con ella le hacía esa observación. Pero, como te digo, ella al principio no quería porque estaba más grande que yo; quién sabe qué tanto le dije, pero la convencí,” me dice mi primo en la sala de su casa de la colonia “10 de abril” de la isla del amor, la isla bella, como dice Felipe Balam en la radio ‘Sol Stereo, la Onda Musical del Caribe’ cuando se refiere a la isla de Cozumel.
Continuará…
L.C.C. ARIEL LÓPEZ TEJERO





























