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Maggie Espinosa (iii)

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La nostalgia de los buenos tiempos

Como te comenté al principio, yo estudié en Colonia hasta el segundo grado de secundaria. Éramos varios hermanos y los libros había que comprarlos; en ese tiempo, si la mujer estudia, ya cuando te casas lo dejas… Le dieron preferencia a mi hermano Felipe, porque es varón; se lo llevaron a Mérida mis tíos y allá terminó de estudiar. Yo acá en Cozumel, cuando trabajaba en Protección Civil, terminé de estudiar mi secundaria. Tengo certificados de Primeros Auxilios de varios cursos que he tomado acá; soy bombero segundo de la primera base de Bomberos “Luis Pavía”, la segunda lleva el nombra de su hermano Ángel Pavía. Constantemente nos daban cursos, venían bomberos de los Estados Unidos a darnos instrucción, nos enseñaban a hacer rescate, cursos de mecánica, de electricidad, de todo nos daban. Eso me sirve ahora aquí en la casa, cambio mi tanque de gas, reparo mi plancha, cosas aparentemente sencillas. Quince años hice en el cuartel de Bomberos.

Hace más de 50 años que vivimos acá, Ariel,” me dice. “Esta es la colonia 10 de abril. Wilo Núñez vive en la Emiliano Zapata; Gapo, Chuchi Arjona y Delta, que son mis compadres, viven en la ‘Flores Magón’. Teníamos un grupo de la Colonia y nos reuníamos a tomar café cuando podíamos, porque algunas trabajábamos. Con Aidé Bates jugaba softbol. Cuando vivía en la Colonia Yucatán nos entrenaba el güero Jaime Durán en la esquina de mi casa; cerca vivía él, igual Cary y Rosi Braga, las hermanas Salas, Deysi y Yoli. Luego entraron Socorro Lugo, Minelia Chay, Bertha Aurora y su mamá Tachi, que formamos el equipo de softbol femenil de Colonia; luego don Ramón Vidal formó el de la Sierra, eran nuestras rivales. Jugábamos de noche en el campo que estaba frente a la fábrica, y en la esquina de mi casa entrenábamos en las tardes, cerca de casa de don Roo, que también era pitcher de softbol y era albañil. Lanchi Rodríguez, Vich Espadas eran también nuestros vecinos, pues ahí entrenábamos en las tardes y en las noches íbamos a casa del Güero, después de bañarnos, y en un pizarrón nos explicaba los secretos del juego.

Perdón, Ariel,” interrumpe abruptamente su plática “¿Ya desayunaste?” me pregunta muy amable esa mañana. “Ahhh, bueno, si no ahora mismo te preparo algo,” me dice la hermana de la difunta Lupita.

Sí,” recalca, “el Güero Duran nos enseñaba a jugar, explicándonos en la pizarra los secretos del juego. Aparte de la práctica, aprendíamos la teoría. Yo era el quinto bat, aunque a veces nos rotaba el orden y la posición, y me mandaba a cubrir el Field. Cuando vine a vivir acá, Aidé me invitó a jugar con su equipo. Doña Elsy Solís era la que veía el equipo. De la Colonia Yucatán solo éramos Aidé y yo; ya después empezaron a jugar con nosotras la esposa de Wilo Núñez y Alicia Dzib. Aidé y yo jugamos muchos años. Fíjate que al principio Rebolledo,” así se refiere a Jorge, su difunto marido, “no me dejaba jugar, no quería que yo juegue. ‘Ya ves cuántas cosas nos dicen a nosotros cuando jugamos,’ me decía. No, no, nooo…Hasta que lo convencí. También cuando venía Gapo a visitarnos platicaba con él, hasta que se convenció. ‘Deja que se distraiga,’ le decía. Pues en el ’79, a los pocos años de haber llegado acá, empecé a jugar y hasta los sesenta y cinco años lo dejé. Gracias a Dios, nunca me lesioné, solamente dejé de jugar un año porque la señora que patrocinaba el equipo, por cierto: siempre éramos campeonas, murió. Lo dejé hasta que me habló un comandante que era muy amigo y compañero de Rebolledo en la policía, porque su hija y su esposa querían jugar softbol y me dijo que ya tenía varias chicas que jugaban. Regresé y empecé a entrenar a su equipo. Muchas de esas chicas ahora están seleccionadas, hasta ahora siguen jugando. Todavía me habla el comandante para dirigir el equipo.

«Casualmente, esta semana estaba limpiando el cuarto donde estaba Rebolledo y me encontré como treinta gorras de mis equipos y el guante que me regaló Gapo Braga. Aquí lo tengo,” me dice y me lo enseña. Unos minutos lo calzó mientras platicaba conmigo. “También tenía uno que me regaló mi esposo. Este que me regaló Braga mucho tiempo me tardó, varias temporadas jugué con este guante; luego compré este otro, hace como siete años, con el que jugaba últimamente. Pero éste,” dice en referencia al regalo de Gapo, “todavía está bueno, lo conservo. Tenía también mis diplomas. Yo jugaba primera base, tercera o short; la tercera base lo dominé, don Jorge Lizama me entrenó fuerte, no creas que porque soy mujer me la puso fácil, nooo… Pero lo dominé, años jugué tercera base, tenía yo mis fans. Muchos señores y señoras iban a ver que juguemos, hasta porra teníamos, es más, hasta mi cerveza me invitaban, ¡jajaja…! ¡¡Vamos, doña Magui!!… me decían.”

“Pero no solamente era softbol; también jugué con mis hijas voleibol. Mi hija Rosy juega voleibol, mis nietas Azalea y Rossana están seleccionadas, han ido varias veces a los nacionales de Voli; segundo lugar han traído. Ahora, mis nietos varones futbol juegan, béisbol no, porque decían que su papá los regañaba.”

“A mí ya me invitaron de nuevo a jugar softbol, pero no quieren mis hijos porque me puedo lesionar, ya estoy grande.” Aunque no los aparenta tiene sesenta y nueve años.

Las que iniciamos el equipo me invitaron. Hace como quince días vinieron a invitarme, pero no me animo, es un riesgo ahora por mi edad… Ya jugué, disfruté mi vida porque me encantaba jugar. Nos íbamos con la selección de Cozumel a jugar a Chetumal, Isla Mujeres, Holbox, Mérida, Cancún, Playa del Carmen. Ahí vi a Leny Braga y a Ruth Tello, las invitamos a venir y vinieron un tiempo a jugar acá.”

Continuará…

L.C.C. Ariel López Tejero

Vicentelote63@gmail.com

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