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Descubrí a Luis Spota en 1982 con “La Plaza”, obra lanzada en 1971 que llegó a mis manos varios años después. No sabía que aquella fue probablemente su obra más valiente desde el punto de vista político. Amigos de izquierda me comentaron que fue escrita pocos años después de los acontecimientos de 1968, abordando las heridas que dejó el movimiento estudiantil y la relación entre el poder y la sociedad.
Para entonces ya había leído “La Noche de Tlatelolco”, de Elena Poniatowska, y buscaba más libros sobre el atroz crimen de estado del gobierno priista encabezado por Gustavo Díaz Ordaz. Mi hermano Enrique me recomendó leer “La Plaza”, que era una novela incómoda precisamente por su cercanía con hechos que el país aún no terminaba de procesar.
En aquellos años, Luis Spota aparecía en un programa de televisión llamado “La Hora 25”, que veía cuando tenía oportunidad. Así me enteré de que era un periodista y escritor autodidacta, con más de 30 libros, varios traducido a más de 10 idiomas. Como escritor, durante décadas fue leído por miles de personas, pero estuvo un tanto relegado por la crítica académica. Hoy cada vez es más reconocido como uno de los grandes cronistas novelistas del México del siglo XX. Sus novelas vuelven a editarse y han encontrado nuevos lectores porque muchas de las realidades que retrató siguen vigentes.
Spota escribía con mentalidad de periodista, sin usar prosa barroca o incursionando en el universo poético; él quería contar historias que atraparan al lector y, al mismo tiempo, desnudaran los mecanismos del poder, la corrupción, la ambición y la hipocresía social. Esta determinación lo llevó a crear un legado con cuatro aportaciones: convirtió la política mexicana en literatura, retrató a la clase alta sin idealizarla, acercó la literatura a un público enorme y fusionó periodismo con narrativa.
Spota fue el primero en escribir novelas sobre presidentes, gobernadores, empresarios y grupos de poder. Su famosa serie La costumbre del poder retrata un país ficticio que cualquiera identifica con el México del PRI dominante. Lo notable de estas obras es que muchas situaciones parecen escritas para la actualidad.
Spota mostró el mundo de los millonarios, los políticos, los nuevos ricos y las élites, exhibiendo sus contradicciones, su superficialidad y la facilidad con la que el dinero compra prestigio. Varias de sus novelas alcanzaron tirajes extraordinarios para la época, superiores a los cien mil ejemplares, algo excepcional en la literatura mexicana, siendo llevadas al cine o la televisión. Fue un auténtico fenómeno editorial.

Su experiencia periodística dio a sus narraciones un ritmo cinematográfico, con capítulos ágiles, diálogos breves y acción que nunca se detiene. Esa capacidad narrativa explica por qué también fue un exitoso guionista, obteniendo el premio Ariel por el argumento de “En la palma de tu mano”.
Si tuviera que recomendar únicamente tres novelas de Luis Spota, elegiría “Casi el Paraíso”, su obra maestra, crítica brillante de la alta sociedad mexicana en la que el protagonista, Hugo Conti, es un impostor elegante que logra infiltrarse entre la aristocracia gracias a su carisma y habilidad para manipular. La novela demuestra que muchas veces las élites desean ser engañadas porque necesitan creer en sus propios mitos. La sátira sigue siendo sorprendentemente vigente.
No es casualidad que haya sido adaptada al cine, lo que despertó un renovado interés por la novela.
También recomiendo “Las grandes aguas”, novela que representa al mejor Spota de su primera etapa, utilizando el proyecto de construcción de una presa para hablar de corrupción, intereses económicos, cacicazgos y transformación social. Con un notable equilibrio entre drama humano y crítica política, ganó el Premio Ciudad de México y es considerada una de las novelas fundamentales del autor. Por supuesto, no puede quedar fuera “Retrato hablado”, novela donde debes comenzar si quieres entender por qué Luis Spota fue considerado el gran novelista del poder político mexicano. Es la puerta de entrada a la serie La costumbre del poder, donde construyó un universo completo de empresarios, funcionarios, presidentes y operadores políticos.
No puedo dejar “La plaza”, que ya mencioné al inicio, libro que te vuela la cabeza. Quienes hemos adoptado el oficio periodístico, debemos recomendar también la saga de La costumbre del poder, donde sorprendentemente encontré paralelismos muy interesantes con muchas de las historias políticas que cubrí durante más de cuatro décadas.
La mirada de Luis Spota expresaba que conocía el funcionamiento interno del poder, decidiendo convertir esa experiencia en literatura, más que en denuncia.
Además, hay un aspecto que sinceramente aprecio: Spota nunca escribió para impresionar a los críticos; escribió para que el lector no pudiera soltar el libro. Su capacidad narrativa es inspiradora, siendo sin duda una de las virtudes más difíciles de alcanzar.
RICARDO PAT





























