Los Sonidos

By on junio 30, 2023

Letras

XXXVIII

Recuerdo haber visto, cuando pequeña, cierta película en blanco y negro cuyo título he olvidado, pero no una de sus escenas: un bebé en su cuna mueve las manos y sonríe. La mamá camina alrededor, se detiene y da palmaditas junto a una y otra oreja del niño en espera de alguna reacción, pero no obtiene respuesta y su rostro revela ansiedad. En un segundo intento, realizado con más fuerza, el bebé se sobresalta y comienza a llorar. Satisfecha, la protagonista comprueba que su hijo no padece de carencia auditiva, como es el caso de ella.

Tan importante como los otros cuatro sentidos, el de la audición nos permite percibir las vibraciones sonoras a través del oído. Así logramos apreciar timbre, tono, volumen y dirección de donde provienen. De esta forma aprendemos a hablar y comunicarnos. Al hablar o cantar, el timbre puede resultar verdaderamente agradable como en las voces de Arturo de Córdova o de Oscar Chávez. Pero en una conversación, aún cuando el timbre resulta grato, si el tono es áspero y la intención despectiva, las condiciones cambian, todavía más si el volumen aumenta de intensidad. Existe un ejercicio sicológico aplicado a las mascotas caninas en el que se les dirigen expresiones duras con tono amable y viceversa, palabras cariñosas con tono endurecido: la criatura reacciona ante la intención del tono.

La amplitud del sonido y su tiempo transcurrido indican la distancia a las personas invidentes. El sonar animal es la serie de señales que emiten los murciélagos y los cetáceos para su orientación. Las ondas sonoras nos traen toda clase de sonidos y de ruidos y, hasta los más simples, pueden convertirse en fuente de emociones o de evocaciones nostálgicas:

Matinal. Hay languidez en los primeros sonidos del día; una exhalación de tristeza sostenida hace el llamado de las fábricas; va declinando conforme crece la melancolía de otro silbato: del ferrocarril que pasa con desdén telúrico, estremeciendo la vía férrea, ausencias, recuerdos. Un tañer metálico entabla juegos de graves y de agudos. Así se entretienen, divertidas, las campanas de la iglesia mientras invitan a misa. El auténtico himno de gratitud a la vida lo dispersa el viento a través de las aves, cuando sus trinos se mezclan con el parloteo de los niños que van a la escuela.

La ciudad palpita en decibeles: ronroneo de automóviles enfilados en los puentes; prepotentes claxonazos de los tráileres; sirenas de ambulancias; pick–ups con sus cumbias en privado reventón; bocinas difundiendo la lucha libre: pregones de vendimia de alimentos; motociclistas con prisa y mentadas de madre a sus espaldas…

Vespertina. En la playa, el rumor del mar describe la transfiguración de la ola al momento en que se aleja e, instalada en su límite del aire, estalla majestuosa en su encuentro con la arena. La efervescencia de la espuma, murmullo repetido, es débil génesis de una nueva ola.

Tormenta, truenos, violencia del viento, chirrido de rejas, ladrido de perros, pisadas que se acercan, crujir de maderas, repentino timbre del teléfono, golpes en la puerta, un grito aislado, motor que se aleja, alarma activada, un silencio inexplicable… son motivos que, en la noche, causan expectación.

Nocturnal. Reunión clandestina con ánimos caldeados: el canto de los grillos. Latido del tiempo: tic tac del reloj. Zureo de palomas: ternura entrecortada. El roce de unas sábanas, los ecos de un suspiro: polifonía íntima. Una gota de agua que persiste: compás del corazón.

La risa, la música, todo sonido capaz de ser registrado por el primero de los cinco sentidos, va determinando nuestro crecimiento emocional, afectivo. La totalidad de percepciones vibratorias ligadas a las bondades de la Naturaleza nos obsequian un mundo que sería incompleto sin la sonoridad, aunque a veces, tocada por la poesía, pueda transformarse en queja, como ésta de Rubén Bonifaz Nuño:

 

Alguna vez te alcanzará el sonido

de mi apagado nombre, y nuevamente

algo en tu ser me sentirá presente:

mas no tu corazón, sólo tu oído.

 

Paloma Bello

Continuará la próxima semana…

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