Los Mayas Eternos

By on julio 8, 2021

Editorial

Los peninsulares yucatecos somos herederos ad vitam de la grandeza de una gran civilización, de una cultura milenaria.

Nuestras raíces mayas están firmemente arraigadas en esta roca calcárea que es Yucatán. Están adheridas con firmeza y profundidad, además de estar presentes en nuestra sangre heredada, mestiza sí, sin desdeñar las raíces de otro continente, el europeo. Prevalecen genéticamente en cientos de miles de personas que, hoy por hoy, se hallan desperdigados, vigentes y aprobados por su calidad, trabajo y pensamiento, en los cinco continentes.

Los mayas, hoy yucatecos, a varios siglos de una supuesta declinación, siguen presentes y activos en la descendencia mestiza que ha tenido acceso a cuanto lugar del mundo habitado existe.

Ese avance no ha sido por la prevalencia de sus riquezas o supuestas ascendencias de privilegios de otrora, sino por la calidad de su trabajo actual, su honradez y voluntad de ser útiles que les heredaron los ancestros.

Esa voluntad de sumarse en trabajos colectivos tiene siglos de presencia física y reconocimientos, cual los perdurables sacbés que enlazaron las relaciones peninsulares desde hace más de dos milenios y condujeron a sus admiradas construcciones monumentales, multivisitadas desde hace varios siglos.

Otra característica reconocible en la presencia mundial de los yucatecos es la vocación laboral que poseen, la lealtad con que se conducen, su entrega física a las condiciones que el tipo y calidad del trabajo reclama.

Somos un gran pueblo, lo hemos sido antes, continuamos siéndolo ahora.

Por ello, la contingencia actual se acepta con desagrado, pero se respeta, se recomienda, se acata.

Lo hacemos a conciencia, sabedores que, después de estos tiempos de oscuridad y enfermedades -que en lo colectivo aceptamos y respetamos en cuanto a cuidados sanitarios-, nuestra voluntad triunfará de nuevo y la fortaleza de la nación yucateca resurgirá y continuará presente en los siglos por venir.

Los yucatecos peninsulares somos fuertes, mucho más fuertes que las vicisitudes que entorpezcan transitoriamente nuestro camino hacia un mejor porvenir.

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