Los ecos de la prensa en Tabasco

By on agosto 30, 2018

portadas 035

José Juan Cervera

Con más resultados de los que arroja una exclusiva destreza técnica, la confección de catálogos alumbra designios superiores. Los que se ocupan de publicaciones periódicas brindan información básica que puede transformarse en conocimiento preciso de algún aspecto de la cultura, reflejando las particularidades de su desarrollo, e Implican un esfuerzo taxonómico que facilitan los instrumentos derivados de la tecnología actual; sin embargo, cuando aún no se disponía de ella, hubo personas que hicieron una labor encomiable para ordenar datos y explicarlos en beneficio de las generaciones venideras.

Los catálogos comentados revisten mayor interés que los de carácter simplemente descriptivo, por aportar nociones de valor histórico y social que favorecen la interpretación de los hechos de hoy a la luz de una más clara conciencia del pasado. Por este motivo, se convierten en fuentes indispensables para la investigación y el estudio sistemático del mundo que los envuelve.

Francisco J. Santamaría (1886-1963) se propuso preservar el patrimonio histórico a través del registro escrito de sus contenidos lexicográficos, folclóricos y literarios. Tanto en su natal Tabasco como fuera de él, tuvo una intensa actividad política que logró equilibrar con las virtudes de pensamiento que lo hicieron formar parte de la Academia Mexicana de la Lengua y a forjar un prestigio académico de alcance internacional. Obras suyas como el Diccionario general de americanismos y el Diccionario de mejicanismos tienen un valor perdurable en el estudio de la cultura hablada.

En 1936 publicó El periodismo en Tabasco, texto en el que amplió los datos hasta entonces disponibles sobre los materiales impresos en dicho estado desde principios de la vida independiente hasta 1892, como lo exponen Felipe J. Serra y Andrés Sánchez en una relación alusiva al tema. También recurrió a trabajos semejantes de Manuel Gil y Sáenz, Manuel Mestre Ghigliazza y Luis Lanz Margalli, así como a su archivo personal.

La variedad de publicaciones que registra este libro es representativa de los valores que enarbolaron los grupos más activos de su sociedad y de los acontecimientos que definieron su historia. En ella figuran periódicos estudiantiles, obreros, feministas, magisteriales, espiritistas y masónicos, órganos de propaganda política e incluso medios de publicidad comercial, como El Siglo XX, que en 1894 promovía la Botica Nueva de Elías Díaz, o de otros servicios como los del hotel La Galatea, que en 1892 puso a circular un impreso designado de la misma manera. La nomenclatura de algunos de ellos es curiosa y llamativa, lleva el sello inconfundible de su tiempo, de sus actividades cotidianas y de sus hábitos de consumo, como lo atestiguan La Emulsión de Scott (1889) y Argolla de Reata y Cincho (1900).

Santamaría, que fue gobernador de su estado, escribió esta obra en 1930 durante un destierro al que lo forzaron las circunstancias de ese entonces; muchas notas aluden a la filiación política de los periódicos, y refieren cómo unos optaron por la lisonja mientras otros lo hicieron por la injuria y la diatriba, según su cercanía con las figuras de poder; a lo largo de la obra, Santamaría se expresó con dureza de Tomás Garrido Canabal, presencia que rigió las decisiones públicas en el solar tabasqueño durante muchos años.

El autor exalta la buena factura de varias revistas literarias que se editaron en Tabasco. Así fue el caso de La Bohemia Tabasqueña (1898), de gran renombre; Tabasco Nuevo (1925-1927) acogió las lozanas plumas de Andrés Iduarte, Noé de la Flor Casanova y Gregorio Merino, entre otros. Reproduce algunas muestras de hermosas piezas líricas, como los sonetos “La Garza”, del campechano Manuel García Jurado (Alfa, 1908) y “Al Grijalva” de Emiliano Pérez Rosas (El Quetzal Tabasqueño, 1925).

Los vínculos culturales de Yucatán con Tabasco se observan en numerosas anotaciones del libro, como la que evoca el periódico literario Pimienta y Mostaza (1901), que alienta por sí mismo un admirado homenaje a su homónimo peninsular. El Demócrata fue el primer periódico hecho con linotipo en tierras tabasqueñas, con maquinaria que el general Salvador Alvarado envió desde la entidad hermana en 1915, donde era gobernante preconstitucional. Al estado de feraces tierras también llegaron ciudadanos yucatecos para ocuparse de labores periodísticas, entre ellos Manuel Crescencio Rejón, Benito Ruz Quijano, José Moreno Irabién y el humorista conocido como Chato Duarte.

Con su labor intelectual, Santamaría robusteció el conocimiento de la identidad nacional y de la historia turbulenta y vibrante de la región en que nació.

Francisco J. Santamaría, El periodismo en Tabasco. Un balance político-social. De la independencia al garridismo. México, Ediciones Botas, 1936, 314 pp.

 

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