Inicio Nuestras Raíces Los curanderos

Los curanderos

18
0

Visitas: 12

Del tiempo viejo

Ermilo Abreu Gómez

¡Válgame Dios, las cosas que entonces servían para curar a la gente! Y lo cierto es que de veras la gente se curaba y casi sin gasto alguno. Los curanderos eran unos viejos que conocían poca medicina, pero sabían mucho de la naturaleza del hombre y, por tradición y experiencia, de las plantas. Con esta ciencia iban por el mundo haciendo curaciones. Es claro que no siempre acertaban y hasta solían provocar mayores dolencias. La ignorancia de la gente y también su pobreza eran la causa de que todos acudieran a sus consejos. Ya para estos tiempos, los curanderos apenas sí existen. Acaso sólo en los pueblos pueden ejercer su profesión, siempre bajo la amenaza de las autoridades que los persiguen con razón y, en ocasiones, con saña.

Pero en aquel entonces un curandero era algo así como un mago, como un sacerdote a quien todos oían con respeto y de quien se recibían consejos y medicinas.

Unas veces ejercían en los mercados, otras en los atrios de la iglesia y otras en el portal de sus casas. Yo recuerdo a uno que tenía fama en mi pueblo y que era mezcla de brujo, de sacristán y de filósofo. Creo que se llamaba Adorálido.

Daba consulta tras la ventana de su casa. Por la mañana y por la tarde, aproximaba su sillón a las rejas y los clientes acudían a él en busca de alivio. Oía con calma la consulta, daba consejos, recomendaba tal o cual cosa y proporcionaba la medicina. Por todo esto cobraba media, chica o un real. En ocasiones se contentaba con que le dieran como pago una naranja, un hato de cigarrillos de hoja, o simplemente las gracias más cumplidas.

–¿Dices que te duelen los ojos?

–Mucho, apenas sí los puedo abrir.

–Pues mira, vas a tu casa, tomas una papa fresca, la pelas, la raspas y te pones unas rajitas en los ojos antes de acostarte, y al levantarte ya verás. En cosa de dos días estarás bueno.

–¿Y tú qué tienes?

–Pues dicen que tengo mucha sangre y eso me pone colorado.

–Eso se llama presión alta. Es término de los médicos. Es cosa fácil. Toma en infusión unas tacitas de alpiste, de ese que comen los pajaritos. Mira, como por milagro, te pondrás bueno.

–Don Adorálido, no se me quita la tos; la llevo más de ocho días; estoy tose y tose sin parar.

–¡Qué cosas me dices! Un poco de gordolobo y como con la mano. Aquí tienes la yerba, para tres días.

–No se me quita el dolor de cabeza.

–Ponte estos chiquiadores en la sien. Los renuevas dos veces al día y te los dejas toda la noche.

–¿Y para esta herida?

–Toma polvo de puerta y lo dejas caer en la herida. Cicatrizará en dos horas. No lo dejes de hacer.

–Se me cae el pelo.

–Vaya, para qué me lo dices ahora. Todo tiene remedio con tiempo. Ponte aceite de toronjil que empape bien la raíz. Eso es todo.

–Todos los días me da calentura.

–Ni hablar. Un caldito de borraja, y sanseacabó.

–Mi chico está pálido, sin ganas de jugar; el médico dice que tiene anemia.

–¿Anemia? Es falta de comida y de humor de sangre. Yo sé que es eso. Tres tazas de infusión de nogal por ocho días y, si puedes, su jugo de carne y sus zanahorias ralladas. En ocho días no lo vas a reconocer.

–Al niño de la Pilar le dan unos cólicos que no le paran ni de día ni de noche.

–Su tacita de manzanilla. ¿Qué edad tiene?

–Tres meses.

–Entonces en una cucharita dos o tres gotas de la infusión cada vez que tome la teta de su madre.

Y todavía había otras medicinas, como la ruda, la zarzaparrilla, la yerbabuena, la mostaza, el orégano, la mejorana, el yantén, el té del monte, la orina de gata parida, la baba de la perra en celo, la pelusa del gato y la caquita del murciélago.

Tal era la santa y mortal medicina de entonces que curaba a los que no estaban enfermos y, de vez en vez, mataba como con la mano.

 

Diario del Sureste. Mérida, año XXXIII, tomo CXXXI, 8 de julio de 1964, pp. 3, 7.

[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.