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Llama Viva, institución musical con más de medio siglo de éxito

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Rafael Quintana

Hablar de la música centroamericana sin mencionar a Llama Viva es dejar fuera un pilar fundamental de la industria musical de la región. Con más de 55 años de trayectoria ininterrumpida, esta agrupación nicaragüense rompió los esquemas tradicionales de las bandas de su época al pasar de una reunión de amigos a una verdadera empresa de entretenimiento musical.

En esta conversación exclusiva con Carlos Rosales, representante y Director Gerencial de Llama Viva, para Diario del Sureste, recorremos su historia, su disciplina administrativa, su visión sobre la cultura musical mexicana y el legado de una banda que se convirtió en la gran escuela de los mejores músicos de Nicaragua.

¿Cómo nace Llama Viva y quiénes fueron los visionarios detrás de este proyecto?

El grupo nace del sentimiento musical de mi padre, Alfredo Rosales. Él conoce a Mario Mena «Pulmón», un timbalero de los años 60 y 70. En esa época, Mario le propone a mi papá hacer una banda de música en inglés, aprovechando que la música disco y moderna —con figuras como Gloria Gaynor— estaba entrando con mucha fuerza.

Mi padre aceptó y comenzaron a buscar a los músicos indicados. Ahí se sumaron Augusto Gallegos, Julio Cansino, Johnny McDonald, el trombonista Randall Watson y Chava Fernández en la percusión. Al poco tiempo, con apenas 15 años, pero con un talento extraordinario en el bajo, se incorpora José «Chepe Telcor» González, quien se convirtió en la base del grupo.

Tengo entendido que el nombre original no era Llama Viva. ¿Cómo ocurrió ese cambio de identidad?

Así es, entre 1971 y 1972 el grupo se funda bajo el nombre de Agua Viva. Mi padre los lleva a El Salvador a grabar su primer disco LP, que incluía temas como Samba y Fiesta. Estando allá, la disquera nos advierte que ya existía una agrupación española de música cristiana llamada Agua Viva, por lo que debíamos cambiar de nombre.

De regreso, en el microbús que mi padre ponía para los músicos, comenzaron a debatir opciones. Chepe «Telcor» cuenta que por mera fonética y como una idea colectiva de todos en el bus surgió la palabra «Llama Viva» por su similitud con Agua Viva. Y así nació oficialmente el grupo.

¿Cómo definen el género y la propuesta musical de Llama Viva?

Llama Viva se define como una empresa de entretenimiento, con un concepto comercial y bailable de altísima calidad. No nacimos para ser una banda de rock puro o de temas exclusivamente originales, sino para ofrecer entretenimiento con estándares de excelencia. Abordamos principalmente rock, funk y disco, y en su momento muy poca música en español. En los 70 y 80 interpretábamos repertorio de bandas exigentes como Chicago, The Eagles, Tower of Power, Malo, Bee Gees y Carlos Santana.

Un aspecto poco común en los años 70 fue la estructura organizacional del grupo. ¿Qué diferenciaba a Llama Viva de otras agrupaciones?

Lo que lanzó a Llama Viva al estrellato fue el carácter administrativo que le imprimió mi padre. En lugar de ver a la banda como tan solo un grupo de amigos, institucionalizó una empresa musical. El grupo contaba con un inversionista y dueño que proveía los mejores instrumentos y la más alta calidad técnica. Teníamos una «casa madre» para ensayar en jornadas de 8:00 a.m. a 5:00 p.m., como un trabajo formal. Formalizamos el estándar de la gerencia musical en la región.

Con esa exigencia, Llama Viva terminó convirtiéndose en una institución en Nicaragua. ¿Cómo influyó esto en la formación de músicos?

El complejo estilo musical de Llama Viva no permitía que cualquiera entrara. Quien ingresaba debía tener una gran calidad técnica, la experiencia dentro de la banda terminaba de pulirlos. Por aquí pasaron grandes talentos de la música nicaragüense como Marbelly Blandón, Mario Sacasa, Marta Vaughan, Ricardo Palma o Ronald Hernández. Llama Viva ha sido, sin duda, la gran escuela de música de Nicaragua.

En cuanto a la proyección internacional, la banda realizó giras importantes a Estados Unidos. ¿Cómo fue esa etapa?

Tuvimos tres giras espectaculares en Estados Unidos: una en los años 80 y dos en los 90, visitando Miami, San Francisco y Los Ángeles. Llenamos recintos a su máxima capacidad. Lamentablemente, la relación con ese mercado se interrumpió porque el promotor de allá falleció, pero mantenemos intacto el deseo de volver a salir.

Esta entrevista se publica en México, un país con una vasta riqueza cultural. ¿Qué representa la música mexicana para Llama Viva y para Nicaragua?

México es un gigante cultural y un caldero de experiencias musicales. Desde el rock and roll de Los Teen Tops y Enrique Guzmán, hasta la huella universal de Carlos Santana —donde también brilló el percusionista nicaragüense Chepito Áreas—, México absorbió lo mejor del mercado anglosajón y lo transformó con su propia identidad. Para Nicaragua y para toda Latinoamérica, México es una de las principales influencias musicales. Le tenemos un profundo respeto y amor a la música mexicana.

Si tuvieran la oportunidad de realizar una colaboración con un artista mexicano, ¿a quién elegirían?

¡Imagínate colaborar con una leyenda como Alex Lora de El Tri! Sería algo verdaderamente maravilloso. Los grupos latinoamericanos debemos dejar de mirar solo hacia el Norte y conectar más entre nosotros. México debería incursionar aún más en Centroamérica para hermanarnos a través de la música.

En más de 55 años de historia, ¿cuál consideran que es el mayor legado de Llama Viva?

El legado de Llama Viva es la disciplina, la perseverancia y el respeto absoluto al trabajo. En 55 años de trayectoria, Llama Viva jamás ha cancelado un solo contrato. Hemos cumplido con responsabilidad, amor y seriedad cada compromiso. Demostramos que la música, además de arte, es una profesión seria.

¿Cuáles son los planes a futuro para la agrupación?

Queremos consolidarnos nuevamente bajo los más altos estándares de calidad. Nuestro proyecto más próximo es volver a conectar con nuestros hermanos centroamericanos y realizar una gira por la región, donde el nombre de Llama Viva siempre ha dejado huella.

Para cerrar, ¿qué mensaje le envían a los lectores del Diario del Sureste y al público en general?

Amen y respeten la música. Demos un espacio a los grandes clásicos, al buen gusto musical y apoyemos a nuestros artistas locales. Seamos conscientes del enorme sacrificio económico y humano que implica poner a una banda en escenario y paguemos nuestra entrada con gusto. Valoremos el arte local.

Gracias por esta entrevista exclusiva. Felicidades por sus cincuenta y más….

Otras referencias:

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