Libros pequeños

By on marzo 21, 2019

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José Juan Cervera

Los libros más pequeños caben en el dedo meñique de una mano de pintura aplicada con severidad de asceta. Los críticos juiciosos impedirán su crecimiento, para no marear su agudeza en la cima de tratados inabarcables. En gracia de esta contención, piadosa y sensata, sus empeños acabarán por alojarse en la gloria de un aforismo.

Los ciclos de la vida literaria envuelven el anhelo de un capullo que al brotar eche raíces hasta seducir con sus frutos la atención de lectores sagaces, resueltos a comprimir con su mirada una lección breve o un delirio fugaz, acogiendo los encantos del jardín de las páginas impresas, colindante con la selva de especies insidiosas que regurgitan pensamientos en la ferocidad de su escritura.

Los colegas solidarios, al sospechar un nuevo alumbramiento en el portal contiguo, extenderán buenas venturas y una plácida edición, sin torcedura tipográfica ni escurrimiento de tinta, con poder para elevar la energía creadora, llevarla a sus destinatarios y proclamar la santidad de la malicia montada en el lomo de una letra.

Los adversarios emboscados en la maledicencia fingirán prendas de aliento y frescuras cantarinas cuanto más agobiada de tropiezos vuele su imaginación hacia el cercado ajeno, exuberante en su suelo provisto de abono y promisoria atmósfera, poblado de figuras sólidas y conceptos fragantes.

Libros niños, libros menudos y libros miniatura, cada cual encamina sus pasos hacia imprevistas estancias de la vida, cada uno en tránsito a la fase que su estrella ilumine en los caminos de papel, de párrafos risueños y capítulos concentrados, arriesgando caídas para descubrir secretos y admirarse en la contemplación del mundo que lanza pétalos y amarguras.

El artífice bulle en la entraña de universos compactos y relucientes para infundir aliento y guiar los enunciados que retozan en su espacio minúsculo, y con sonrisa inadvertida engarza la senda de los forjadores, custodios de la comunidad que en símbolo y efecto instruye su acento.

Hijos florecidos en el brillo de su esencia, deudores de luces y savias deleitosas, dueños del sol que asienta sus reflejos en gotas iridiscentes del exordio matinal. Apenas sabrán de existencias vicarias en la hora de reclutar prófugos de la grisura, favorecidos en la pequeñez que crece más allá de las sombras.

josejuan.cerverafernandez@gmail.com

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