Las serpientes de coral o coralillo y falsos coralillos

By on diciembre 3, 2020

En México existen aproximadamente 580 especies de serpientes, 77 de ellas venenosas. Se suele hablar de picaduras de serpiente, pero en realidad son mordeduras ya que clavan sus colmillos y no un aguijón. Unos agujeros especiales en sus colmillos inyectan el veneno en la sangre una vez que han mordido. En México ocurren más de 27 mil mordeduras de serpiente al año.

Los coralillos, o corales, son serpientes venenosas muy conocidas y temidas en México y en otros países de América Latina. El lugar de origen de los coralillos son las regiones tropicales de Centro y Sudamérica, de donde procede la mayor parte de las 65 especies conocidas. En México hay 14 especies, la mayoría en Guerrero, Oaxaca, Veracruz y Chiapas.

Este reptil es muy hábil para adaptarse a diferentes tipos de hábitat, por lo que puede encontrarse tanto en zonas tropicales como en áridas o semidesérticas, en lugares que van desde el nivel del mar hasta en montañas que alcanzan más de 2 mil metros de altura. En las cercanías del mar hay coralillos, al igual que en los montes. En las extensas regiones desérticas del norte de México y del suroeste de Estados Unidos habitan solamente dos especies. Sólo algunas han logrado sobrevivir en zonas muy secas. En Baja California no se halla ninguna.

Miden entre 50 y 80 centímetros, son esbeltas y tienen una cabeza pequeña, lo que le es útil al momento de ser atacadas por algún depredador, ya que el primer movimiento que hace es esconder la cabeza bajo su cuerpo y levantar la cola mientras la serpentea (simulando que es su cabeza) buscando el momento oportuno para atacar.

Se distinguen por sus notables bandas anchas rojas y negras, y por los estrechos anillos amarillos (que pueden ser reemplazados por blancos) que rodean su cuerpo. Su veneno neurotóxico (similar al de la cobra) causa parálisis e insuficiencia respiratoria en la presa; pero, al contrario de otras serpientes que atacan y sueltan de inmediato, la coralillo muerde y permanece aferrada a la víctima mientras suministra y hace efecto el veneno. Al carecer de una mandíbula dúctil, solo puede alimentarse de presas de tamaño reducido como otras víboras, peces, lagartijas e incluso practican el canibalismo. Habitan en huecos, nidos de hormigas, bajo piedras o entre raíces de árboles.

Existen igual en estos países diversas serpientes que se parecen a los coralillos. En náhuatl se utiliza el mismo nombre para ambos coralillos. Uno de sus nombres es cuicuicóatl, que significa “serpiente de diferentes colores” (de cuicuiltic, “colores diferentes”, y cóatl, “serpiente”); tlapapalcóatl quiere decir “serpiente multicolor” (de tlapapalli, “muchos colores”), sin embargo, la población autóctona mexicana sí sabía diferenciar a la mayoría de los falsos coralillos de los auténticos.

Estas serpientes son hermosas e inofensivas, constantemente son confundidas con los coralillos (del género micrurus) que son muy venenosos, pues tienen sus mismos colores e iguales movimientos nerviosos, pero suele ser de mayor longitud y grosor que los coralillos. En realidad, se trata de culebras no peligrosas, conocidas como falsos coralillos o falsos corales. Algunos de estos falsos coralillos son sorprendentemente semejantes a los auténticos, al grado de que apenas pueden ser diferenciados por los propios expertos. Casi todos poseen una o varias docenas de anillos de color rojo-amarillo-negro o rojo-blanco-negro a lo largo de su cuerpo. Las especies se distinguen gracias a la ordenación y anchura relativa de los anillos.

Los herpetólogos creen tener una explicación sencilla. Afirman que los diversos coralillos se imitan recíprocamente, es decir, cada especie es modelo e imitador, simultáneamente. A través de su idéntico colorido, afirman los expertos, se fortalece el efecto de poner sobre advertencia a los depredadores potenciales. Los coralillos no son sólo imitados por sus semejantes, sino también por gran número de serpientes completamente inofensivas que aprovechan el efecto intimidatorio que provocan tales coralillos.

En México viven muchos de estos falsos coralillos. Entre ellos hay imitadores perfectos, pero también algunos que se les parecen sólo superficialmente. A este grupo pertenecen sólo los que tienen un color rojo, pero no anillos transversales, y otros que sí tienen bandas, pero no rojas, sino amarillas. Un dato interesante de los falsos coralillos son sus hábitos alimenticios. Podemos decir que devora ratones, lagartijas, pájaros, etc., pero son ofiófagos principalmente, es decir, se alimentan de otras víboras. Pueden comer víboras de cascabel, ya que las lampropeltis pertenecen a un grupo pequeño de serpientes inmunes al veneno de algunas víboras ponzoñosas.

Como la mayoría de las serpientes, los falsos coralillos copulan durante la primavera y son ovíparos. Los huevos son puestos en la primavera, verano y otoño; si se controlan las condiciones en cautiverio, pueden poner huevos en otra época del año.

La confusión entre los falsos coralillos y los coralillos, la expansión de la población humana, la destrucción de su hábitat y la depredación por la gratificación económica, han disminuido la población de estos reptiles.

El contacto con los humanos es raro: el coralillo rehúye al ataque y es principalmente nocturna, por lo que existen pocos casos de mordeduras en personas, pues el ataque es su último recurso. En caso de que nos encontremos con una serpiente multicolor, hay que tener mucho cuidado. Intentar atrapar un coralillo es siempre una imprudencia. Aunque los coralillos no son tan irritables como las víboras de cascabel o las nauyacas, su veneno es uno de los más potentes entre los ofidios y muchas de sus mordidas son mortales.

La neurotoxina no produce efectos en la zona de la mordedura, como la hinchazón y el dolor que causan otras especies, pero la víctima debe ser atendida de inmediato con el antídoto, pues de no ser así en pocas horas aparecerían los primeros fallos respiratorios.

Dra. Carmen Báez Ruiz

drabaez1@hotmail.es

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