Las Redes Sociales

By on febrero 6, 2020

Editorial

Desde los lejanos tiempos en los que la Humanidad halló en la convivencia organizada su evolución y desarrollo, la voz humana fue el eje de la comunicación en el largo y complicado tránsito de la evolución social y política de la raza humana.

El grito o el sonido de instrumentos primitivos sirvió a los fines de vincular a grupos humanos, dar paso a la creación de lenguajes, y estimular la organización de los grupos con miras a su autoprotección y defensa.

Los variados idiomas son fruto de la diversidad humana y sus ansias de agruparse para vivir y paulatinamente convivir en su territorio ancestral o en los nuevos espacios en los que con las migraciones descubrían más facilidades para hacerlo y, eventualmente, sobrevivir.

Larga fue la caminata histórica y duros los prolegómenos de la civilización.

Primero fue el dibujo, la captación y reproducción de imágenes. De ahí los testimonios en las cuevas.

Los idiomas tribales crecieron y tomaron forma en tales circunstancias iniciales de la civilización que a partir de ahí inició una lenta evolución.

En cuanto a sus cinco sentidos, las experiencias de vista, olfato, tacto, gusto y oído fueron acumulándose.

La comunicación permitió a grupos, clanes, tribus, capitalizar experiencias ajenas en beneficio propio.

Durante estos miles de años transcurridos, la civilización evolucionó en forma crecientemente acelerada.

La observación y pruebas fueron génesis de las ciencias actuales, así como de la creatividad humana llevada a la excelsitud actual, cuando ciencia y tecnología sorprenden por sus avances indetenibles, demostrativos todos ellos de la capacidad humana para superarse, como también de otra capacidad negativa, maligna: destruirse.

Los avances científicos han prolongado la vida promedio del ser humano, pero también han abierto las puertas a la destrucción, a partir de los conocimientos sobre la fisión nuclear, a países que se ostentan como los más avanzados en las últimas dos centurias y lo que ha transcurrido de la nueva.

La raza humana tiene ahora el dilema de aprender a convivir o autodestruirse.

Esto ocurre en los momentos en que la comunicación y los acuerdos pueden ser decisivos para los países, pero más para la humanidad.

Los platillos de la balanza deben equilibrarse más y mejor. En los cinco continentes, hombres y mujeres ejemplifican en sus países que vivir y convivir sí es posible, no sin contratiempos, pero en convivencia.

La aparición hace algunos años de los teléfonos celulares, con su tecnología en constante evolución, muestran que una comunicación permanente es perfectamente posible.

Estamos ante un fenómeno poco analizado, aunque jocosamente ridiculizado, sobre los extremos a que puede llevar el teléfono celular a los usuarios que lo aceptan voluntariamente como su jefe, amo o superior jerárquico. Los equipos electrónicos deben ser considerados como auxiliares en nuestros modos de vida. No de otra manera.

Una cosa es el uso y otra el abuso. No soltar el teléfono celular y crear dependencia hacia él es actuar tal como los pequeños infantes que, aun a los seis años de edad, viven con un chupón en la boca en nostalgia por el pecho materno, es aceptar al celular como el amo y al portador o propietario como el esclavo.

Las redes sociales existentes en la actualidad son un auxiliar de primer orden en cuanto a una actualización informativa cotidiana, emergencias o vías de comunicación abiertas y disponibles para el usuario de teléfonos celulares.

Es por eso que los medios de información, agencias de noticias, empresas industriales o comerciantes, políticos, servicios públicos, periódicos, ya sean del ámbito local o internacionales, ocupan las redes sociales: para mantener canales informativos útiles a las comunidades, permanentemente abiertos a los usuarios.

De ahí nuestro exhorto editorial hacia los usuarios de las redes sociales: El uso comedido de sus equipos e informaciones mantendrá nuestras comunicaciones, abiertas al conocimiento de los mensajes, pero también con acceso a la disponibilidad de los equipos ante posibles contingencias que, a falta de información oportuna, podrían derivar en conocimiento tardío de sucesos lamentables.

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