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Fernando Muñoz Castillo
Disyuntivas paralelas, pero retóricas y cuajadas, amontonadas de veredas. Esa era la razón por la que ambos se perdían largo tiempo uno del otro, y, cuando se encontraban en sus líneas paralelas, era para agredirse verbalmente. No conjugaban lo positivo, simplemente se dejaban regalar lo más sucio y abyecto de sus sentimientos.
Eso es lo que le sucede a ese par de moscas, llevan más de seis meses haciendo lo mismo. Volando una sobre otra, de pronto se encuentran, coinciden. Y lo único que hacen es pelearse, y una sube y otra baja, y vuelta a girar alrededor de la lámpara.
Este juego lo vienen repitiendo desde hace seis meses o más… Enloquezco… ¿No será brujería?… Sí, dije brujería, que me estén trabajando. Por si las moscas, yo ya prendí siete velas de sebo.
–No seas mensa, échales raid y asunto arreglado. ¿No?
El Juglar núm. 353. Suplemento del Diario del Sureste. Mérida, 28 de febrero de 1998, p. 5.
[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]





























