Las antiguas estaciones de los Ferrocarriles de Yucatán

By on octubre 8, 2020

Antigua Estación central de Mérida de los Ferrocarriles Unidos de Yucatán. De estilo Neocolonial Mexicano, fue inaugurada el 15 de septiembre de 1920.

César Ramón González Rosado

Venturosamente, en un tiempo de sueños mágicos, como algo que siempre hubiera existido, tomé consciencia de ruidos de máquinas y silbatos de trenes que dos veces al día pasaban por el pueblo de Calkiní, en la ruta del “camino real” entre Mérida y la ciudad de Campeche.

Eran los convoyes de pasajeros y de carga de los Ferrocarriles Unidos de Yucatán, los primeros que tuvo el estado.

Nací entre trenes y mis primeros pasos fueron, digamos, saltando durmientes de rieles. Conocí los férreos caminos viajando con la familia por las estaciones de otros pueblos, vestigios de un ayer ferrocarrilero.

Antes de continuar refiriéndome a esas antiguas estaciones, es necesario, en apretada síntesis, recordar el origen y el desarrollo de esa importante empresa ferrocarrilera que tanto significó en su tiempo para el desarrollo económico, social y político de la entidad.

Seis años después de que se inaugurara los primeros trece kilómetros de la primera vía de ferrocarril en el centro de México, el 16 de septiembre de 1850, don Santiago Méndez –Gobernador y Comandante Militar de Yucatán– presentó el primer proyecto de ferrocarril, de Mérida a Progreso, fechado en Campeche el 15 de mayo de 1857 bajo el rubro “Presupuesto del costo de construcción y habilitación de un ferrocarril de una sola vía entre Mérida y Progreso”.

A partir de entonces fueron numerosos los proyectos y concesiones para la construcción de esta vía y de otras que se quedaron en el papel, pues los diferentes conflictos políticos y militares de la época, incluyendo el tiempo del imperio de Maximiliano de Habsburgo, impidieron su realización.

Algunos de estos proyectos fueron los siguientes:

  • Los contratos con Edwin Robinson para construir una vía de Mérida a Progreso tres años más tarde, en 1860.
  • Otros yucatecos como don Rodulfo G. Cantón se interesaron en la construcción de ferrocarriles; así, en el año de 1860 presentó al gobierno del estado un “Proyecto para concesión de un privilegio general, para construir líneas de ferrocarril y telegráficas en el interior del estado de Yucatán
  • En 1861, don Rafael Pedrera imprimió un folleto de 66 páginas con el título de “Documentos relativos al proyecto de un ferrocarril entre Mérida y Progreso”, y también otro el 6 de abril de ese mismo año: “Borrador de un oficio al Ministerio de Fomento y Colonización en el que se mencionan las circunstancias favorables y las no favorables para el establecimiento de un ferrocarril entre Mérida y los tres puertos de Celestún, Sisal y Progreso
  • Durante el imperio de Maximiliano, empresarios yucatecos se dirigieron al Comisario Imperial Ing. José Salazar Ilarregui, solicitando la ratificación de las concesiones anteriores ratificándose algunas de ellas pero, como se ha dicho, todo quedó en el papel, sin que se iniciara obra alguna

Restablecida la República, por decreto del 19 de agosto de 1871 se concedieron varias franquicias para la empresa que obtuviese del Gobierno Federal el privilegio de construir el ferrocarril, entre otras una subvención de $60,000.

Es cuando aparece la figura de D. José Rendón Peniche, que había sido Presidente Municipal de Mérida en 1873. Se interesó en los proyectos ferrocarrileros y dedicó todos sus esfuerzos a esta empresa, hasta su muerte. Fue el pionero de los ferrocarriles en Yucatán con la construcción de la línea Mérida-Progreso, y también la de Sotuta, que vendió después, junto con el ferrocarril a Progreso por razones de salud, a D. Olegario Molina y otras personas.

En compañía de D. Pedro Contreras Elizalde, Rendón Peniche celebró contrato con el Gobierno Federal el 10 de abril de 1874, que fue aprobado por el Congreso de la Unión y publicado en Yucatán y, después de arduos trámites legales y administrativos, el 1° de abril de 1875 se colocó con gran solemnidad el primer riel de ferrocarril clavado en Yucatán, de la línea Mérida-Progreso que fue inaugurada 6 años después, el 15 de septiembre de 1881.

El pionero de los ferrocarrileros yucatecos, Rendón Peniche.

Antigua iglesia y convento de Mejorada en la Calle 59 y Calle 50, en el Barrio de la Mejorada. En este sitio existió la primera estación de ferrocarril en Yucatán de la ruta Mérida – Progreso.

LA ESTACIÓN DEL PUERTO DE PROGRESO – Obsérvese del lado izquierdo la rotonda en donde era colocada la locomotora para darle media vuelta, en posición de regreso a Mérida. Era todo un espectáculo observar la pintoresca maniobra con tracción humana empujando con las palancas. Conocí muy de cerca esta bella e histórica estación, pues mi padre, don Efraín González Domínguez, ferrocarrilero, fue durante un tiempo de temporada veraniega el jefe de estación, y una parte de ella se improvisaba como casa habitación para los empleados del ferrocarril, de tal modo que en ese tiempo nos instalábamos los fines de semana para pasar las vacaciones a unos 150 metros de la playa.

Durante los 38 años siguientes a la inauguración del ferrocarril de Mérida a Progreso, continuaron desarrollándose en el estado con la participación de aguerridos empresarios y capitales yucatecos que hicieron posible a construcción de otras líneas como la de Mérida a Campeche, la del Oriente a Tizimín y Valladolid, a Hunucmá, las líneas del sur hasta Tekax y Peto, y otras que facilitaron en forma importante el desarrollo económico, social y político del estado.

Una cronología de la construcción y operación de estas líneas es la siguiente:

  • El 2 de abril de 1883 se inauguró la línea a Umán y el 2 de agosto del siguiente año a Chocholá, que de tramo en tramo llegó hasta la ciudad de Campeche, antes pasando por otros poblados del camino real: Maxcanú, Halachó, Bécal, Calkiní, Pocboc, Hecelchacán, Tenabo, Dzitbalché, Pomuch, Hampolol, Campeche.

Estación de Umán. La fotografía es relativamente reciente (2007). La estación es la misma, aunque la vía ancha no corresponde a la de principios del siglo XX, que era de vía angosta.

Estación típica y locomotora de leña y vapor.

Las estaciones eran muy similares en su arquitectura. Una construcción sencilla rectangular, con techos de lámina unas y de tejas otras, abarcaba un espacio de oficinas con ventanilla para la venta de boletos, escritorio para el jefe de estación, una prensa para imprimir copias de escritura con lápiz tinta y paños húmedos, teléfono de manigueta con auricular pendiente de una línea y una larga bocina receptora de voz, y el indispensable telégrafo para enviar mensajes en clave Morse o internacional.

Contaba también con amplia sala de espera y bodega para pacas de henequén, otros cargamentos y, algunas, casa anexa para la familia del jefe de estación.

Un largo andén era lugar de presencia de lugareños que iban a ver la pasada del tren y en donde numerosas vendedoras o “venteras”, como se les llamaba por costumbre, ataviadas con el típico hipil de mestiza ofrecían antojitos o frutas de la región.

La estación contaba con veleta para bombear agua de un pozo y con un enorme tanque de agua, como se puede observar en las fotografías anteriores, que llenaba los depósitos de las locomotoras de leña y vapor de esos viejos tiempos.

Con ligeras variantes, casi todas las estaciones eran del mismo estilo. Las más grandes, y mejor configuradas en lo estético, eran las de las poblaciones de mayor importancia.

Lamentablemente en la actualidad en su mayoría se encuentran abandonadas, en ruinas o han sido demolidas. Tan sólo algunas pocas han sido rescatadas del olvido.

En Umán vivimos en la casa anexa destinada para el uso del jefe de estación y familia. Durante varios años permanecimos en el pueblo y recuerdos de esos tiempos del ferrocarril de entonces se agolpan en mi memoria, ya narrados en mi libro Testimonios, relatos, cuentos y otros temas (diciembre 2008)

Bibliografía

https://www.scribd.com/document/424515271/Ferrocarril-en-Yucatan

Enciclopedia Yucatanense. Tomo lll. Historia de las comunicaciones. Lic. Gabriel Ferrer de Mendiolea.

 

Continuará…

One Comment

  1. Carolina González

    octubre 11, 2020 at 7:04 pm

    Muy interesante. Muchas Gracias

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