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A solas
Rita Cetina Gutiérrez
¿Por qué pretendes perturbar la calma
que mitiga algún tanto el dolor mío?
¿No ves que tengo destrozada el alma
al cruel rigor del desengaño frío?
¿Qué me importan a mí las ilusiones
que forja el mundo en su delirio loco,
si al embate de amargas decepciones
mi existencia se extingue poco a poco?
Yo no quiero placer, no quiero gloria,
no quiero lauros para ornar mi frente;
sólo quiero guardar en mi memoria
puro el recuerdo de mi amor ardiente.
Déjame, por piedad, que un solo instante
mi amargura cruel triste devore.
Aléjate de mí, visión flotante…
¿Por qué no has de dejar que sola llore?
¡Ay, de qué sirve que de perlas y oro
vistas tus blancas y nevadas alas!
¿Acaso bastan a enjugar mi lloro
tu mágico esplendor, tus ricas galas?
¿De qué sirve que espléndida en grandeza
me brindes vanidad, incienso, honores…?
Quiero siempre vivir con mi tristeza
y el recuerdo evocar de días mejores.
Por eso siempre para ahogar mis penas
busco la soledad, el aislamiento.
Allí en mis horas de amargura llenas
halla consuelo mi mortal tormento.
Y cuando el alma de sufrir cansada
devora sus dolores intranquila,
allí puede enjugar mi mano helada
las lágrimas que empañan mi pupila.
¡Bendita seas, soledad, mil veces,
que puede el alma en su tormento ansiosa
apurar en tu seno hasta las heces
el cáliz del dolor que ya rebosa!
Biblioteca de Señoritas. Lecturas del Hogar. Mérida, tercera serie, entrega 3, 22 de mayo de 1869, pp. 21-22.
[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]





























