Inicio Nuestras Raíces La visión

La visión

30
0

Visitas: 18

A solas

Rita Cetina Gutiérrez

¿Por qué pretendes perturbar la calma

que mitiga algún tanto el dolor mío?

¿No ves que tengo destrozada el alma

al cruel rigor del desengaño frío?

 

¿Qué me importan a mí las ilusiones

que forja el mundo en su delirio loco,

si al embate de amargas decepciones

mi existencia se extingue poco a poco?

 

Yo no quiero placer, no quiero gloria,

no quiero lauros para ornar mi frente;

sólo quiero guardar en mi memoria

puro el recuerdo de mi amor ardiente.

 

Déjame, por piedad, que un solo instante

mi amargura cruel triste devore.

Aléjate de mí, visión flotante…

¿Por qué no has de dejar que sola llore?

 

¡Ay, de qué sirve que de perlas y oro

vistas tus blancas y nevadas alas!

¿Acaso bastan a enjugar mi lloro

tu mágico esplendor, tus ricas galas?

 

¿De qué sirve que espléndida en grandeza

me brindes vanidad, incienso, honores…?

Quiero siempre vivir con mi tristeza

y el recuerdo evocar de días mejores.

 

Por eso siempre para ahogar mis penas

busco la soledad, el aislamiento.

Allí en mis horas de amargura llenas

halla consuelo mi mortal tormento.

 

Y cuando el alma de sufrir cansada

devora sus dolores intranquila,

allí puede enjugar mi mano helada

las lágrimas que empañan mi pupila.

 

¡Bendita seas, soledad, mil veces,

que puede el alma en su tormento ansiosa

apurar en tu seno hasta las heces

el cáliz del dolor que ya rebosa!

 

Biblioteca de Señoritas. Lecturas del Hogar. Mérida, tercera serie, entrega 3, 22 de mayo de 1869, pp. 21-22.

[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.